Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Creo que en algún momento de nuestras vidas todos somos desafiados con la ansiedad que genera el enfrentar nuevas etapas de nuestras vidas.

Personalmente, admiro mucho a aquellos que tienen la fortaleza mental para mantenerse tranquilos y seguros frente a los retos que vienen con las nuevas etapas de la vida, aun cuando no tienen la certeza de encontrar éxito en el camino.

He reflexionado mucho sobre esto en el último mes debido a que me encuentro cursando el año de internado de mi carrera de medicina, que corresponde a la última etapa de mi formación académica antes de graduarme. Ha sido todo un desafío personal ya que este año se tienen muchas más responsabilidades en los escenarios de práctica. En general siempre hay expectativa y presión por parte de los profesionales que supervisan el desempeño que debemos tener en nuestro ejercicio diario.

Antes de iniciar esta etapa, no era lo suficientemente consciente del reto que representaba. Manejar la ansiedad en ese contexto ha sido toda una prueba para mi grupo de internado, y al inicio nos generaba muchos sentimientos de inseguridad, agotamiento y frustración cuando nos señalaban por no ser lo suficientemente eficientes.

Este tipo de situación se presenta en diferentes contextos, tanto en otras carreras universitarias como en el trabajo, en ámbitos sociales, e incluso en la familia. La cuestión es que la vida se compone de esos momentos en los que nos enfrentamos a nuevas etapas que nos ponen a prueba y, a veces, pueden generar malestar y desánimo. La pregunta que me hice después de analizar esto: ¿cómo puede alguien que siente inseguridad sobre sí mismo, o que batalla con la ansiedad, vivir estas experiencias disfrutando del proceso con tranquilidad?

Dentro de los principios bahá’ís encontré una respuesta que sin duda no es ajena al pensamiento de cualquier persona que cree en un ser superior, pero que puede subestimarse con facilidad:

“Si el corazón se aparta de las bendiciones que Dios ofrece, ¿cómo puede esperar la felicidad? Si no deposita su esperanza y su confianza en la Misericordia de Dios, ¿dónde podrá encontrar descanso? ¡Oh, confiad en Dios, pues Su Munificencia es eterna, y en Sus Bendiciones, porque son espléndidas! ¡Oh, depositad vuestra fe en el Todopoderoso, pues Él nunca os abandona y Sus bondades perduran eternamente! Su Sol brinda Luz continuamente, y las Nubes de Su Misericordia están colmadas con las aguas de la compasión, con las que refresca los corazones de todos aquellos que confían en Él. Su refrescante brisa siempre lleva en sus alas la curación para las abrasadas almas de los seres humanos. […]”. – ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, pág. 141-142.

Sería incorrecto pensar que nunca vamos a cometer errores, ya que tal vez aún no somos lo suficientemente capaces en algún área o tarea en la que nos desempeñemos; debemos entender que somos seres humanos imperfectos, y estamos todo el tiempo en un proceso continuo de aprendizaje. Sin embargo, cuando pensamos que un ser superior que sí está dotado de perfección y poder ilimitado puede brindarnos su ayuda y que sólo debemos confiar en Él, entonces el panorama cambia.

Acercarse a tal estado nos da paz y felicidad que no dependen de las circunstancias, pero el desarrollar una genuina confianza en Dios no es sencillo. Es fácil expresar con palabras que sabemos que Dios nos ayudará; sin embargo, es mucho más complicado sentirlo en el corazón al punto de saber que, independientemente de los resultados que obtengamos, al final todo estará bien.

Una pregunta que puede surgir con estas ideas es ¿cómo aumentamos esa confianza en Dios para obtener aquella felicidad y tranquilidad, a pesar de que las cosas no vayan como esperábamos? Los escritos bahá’ís nos dan este consejo:

“[…] las pruebas que nos surgen a cada paso, todos nuestros sufrimientos, penas, vergüenzas y dolores, nacen del mundo de la materia; mientras que el Reino Espiritual nunca nos causa tristeza. El individuo que vive con sus pensamientos puestos en ese Reino conoce la felicidad perpetua. Los males que toda carne hereda también pasan por él, pero sólo tocan la superficie de su vida; en lo más profundo de su ser está en calma y sereno”. – ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, pág. 145.

Entonces, en la medida en que fijamos más nuestros pensamientos en aquello que concierne al espíritu, podemos encontrar esa “felicidad perpetua” que nos menciona el anterior extracto. Esto a su vez fortalece nuestra confianza en Dios. Ahora, si pensamos en alguna forma práctica de lograr esto, seguramente muchos pensaremos en una práctica concreta: la oración.

Lo que he intentado el mes pasado para lograr afrontar mejor esta nueva etapa de mi vida ha sido esforzarme por fortalecer conscientemente mi hábito diario de orar. Esto me ayuda a fijar la mente en el “Reino Espiritual”, lo cual brinda beneficios para el alma y el cuerpo, así como también lo hace la meditación:

“Si el sufrimiento y la adversidad nos visitan, dirijamos nuestros rostros hacia el Reino, y el consuelo celestial nos será otorgado.

Si estamos enfermos o en desgracia, imploremos la curación de Dios, y Él responderá a nuestra súplica.

¡Cuando nuestros pensamientos estén ocupados con las amarguras de este mundo, dirijamos nuestra mirada hacia la dulzura de la compasión de Dios, y Él nos concederá calma celestial! ¡Si estamos encarcelados en el mundo material, nuestro espíritu podrá ascender a los Cielos, y seremos verdaderamente libres!”.- ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, pág. 146.

Algo interesante es observar lo que la ciencia dice al respecto de prácticas como la oración y la meditación. Una cantidad considerable de estudios científicos que han evaluado objetivamente los efectos de la oración sobre la salud están a favor de esta práctica. Una revisión analítica de estudios clínicos realizada por James W. Anderson del departamento de medicina de la Universidad de Kentucky en Estados Unidos, y Paige A. Nunnelley del servicio de enfermería del Centennial Medical Center en Estados Unidos, publicada en la revista Postgraduate Medicine, indica que en 9 de 11 estudios clínicos revisados se identificó que la oración privada estaba asociada con una prevalencia significativamente menor de depresión (valor de P <0.01). En la misma revisión, en cuatro estudios (valor de P <0.01), se reporta que el optimismo y el afrontamiento mejoraron significativamente con la oración, y en 10 estudios clínicos sobre condiciones mentales que incluían ansiedad y confusión se encontró un beneficio estadísticamente significativo asociado a la práctica de orar (valor de P <0.01) [ https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27452045 ]. Es interesante porque los beneficios no sólo se han identificado en estas condiciones médicas, sino también en factores como la memoria en la edad avanzada [ https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/31904314 ] o el manejo del dolor, [https://link.springer.com/article/10.1007%2Fs10943-019-00967-8 ] tanto con la oración recitada como escuchada.

Ha sido increíble el cambio que he notado sobre mis actividades diarias luego de hacer estos esfuerzos conscientes por lograr un genuino estado de oración. Incluso en situaciones estresantes donde la ansiedad suele ser incontrolable para mí, me he sentido un poco más creativo al encontrar soluciones a problemas. Reflexionando al respecto me ha abordado un profundo sentimiento de gratitud y siento que el ejercicio de orar de esta forma diariamente es tan importante para mí como comer saludablemente o descansar bien.

«El estado de oración es la mejor de todas las condiciones, pues el hombre entonces está en asociación con Dios. La oración ciertamente confiere vida, en especial cuando es ofrecida en privado y en momentos como la medianoche, cuando se está libre de las preocupaciones diarias.» – ‘Abdu’l-Bahá; Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, pág. 268.

Es muy reconfortante saber que podemos alcanzar un estado de paz, tranquilidad y felicidad si lo deseamos. Eso no quiere decir que ya no volveremos a sentirnos ansiosos o angustiados en algunas situaciones, pero la diferencia en nuestra actitud es notable, además de que puede ser de gran ayuda para la realización de nuestros propósitos en nuestro proyecto de vida. Muchas veces esos sentimientos negativos pueden cohibirnos de tomar algunos riesgos que podrían traer cambios positivos. La oración y la meditación son herramientas de las cuales puede hacer uso cualquier persona, independientemente de sus creencias o filosofías de vida y deberían siempre tenerse presentes.

1 Comentario

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  • Nayibe Carolina Gómez Flórez
    Feb 04, 2020
    Excelente muchas gracias. Lo aplicaré y compartiré