Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

El viaje de mi amiga Susan Troxel por formar estrechos lazos de amistad con gente de color la llevó a nuevos niveles de entendimiento sobre su papel en el avance de la curación racial en Estados Unidos.

Susan se sintió especialmente motivada a nutrir y alentar a las personas de ascendencia africana debido a los muchos años de opresión que nuestra comunidad ha enfrentado y al principio bahá’í de la unidad de toda la humanidad. En una ocasión, Abdu’l-Bahá se dirigió a un bahá’í de ascendencia africana de la siguiente manera:

¡Oh tú que eres puro de corazón, de espíritu santificado, de carácter incomparable, de rostro hermoso! Se ha recibido tu fotografía, la cual revela tu forma física en la mayor gracia y en el mejor aspecto. Eres de semblante oscuro y de carácter luminoso. Eres como la pupila del ojo, la cual es de color oscuro, mas es la fuente de luz y la reveladora del mundo contingente. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 156.

La pupila es “la fuente de luz”: no podemos ver sin ella. Así que no fue sino hasta que Susan pasó tiempo con y escuchó a las personas a las que Abdu’l-Bahá se refería como la pupila del ojo, que pudo obtener una visión de un mundo de opresión y vislumbrar una realidad de la cual su privilegio la había cegado:

Creo que fue alrededor de la época en que Trayvon Martin fue asesinado, yo fui a una fogata [una reunión informal bahá’í] en la casa de mi amiga íntima. Escuché a mujeres afroamericanas compartir su dolor y su miedo cada vez que su hijo salía de la casa, preguntándose si este volvería con vida. Me impresionó mucho, tanto porque, como persona blanca, estaban confiando en mí lo suficiente… como para ser testigo del dolor de estas madres, y también porque esto me ayudó a comprender la profundidad de la injusticia – injusticia racial – que sufrimos en este país.

Por medio de mi profunda amistad con la mujer que fue anfitriona de esa fogata, he aprendido mucho sobre la injusticia racial y el racismo sistematizado que se cuece en nuestra sociedad en este país, cómo todos nosotros estamos enfermos por ello, el grado de trauma que se transmite de generación en generación, y cómo … la gente blanca [a menudo no se da cuenta] de su posición de privilegio y el sufrimiento de sus hermanos y hermanas. Así que creo que fue una especie de punto de inflexión para mí en el que, en lugar de ser sólo un principio que amaba y que hasta cierto punto siempre había tratado de practicar en mi vida, esto puso de alguna forma las cosas en un nuevo nivel para mí, en el que sentí un deseo profundo desde mi corazón y mi alma por ver qué papel podía desempeñar en la curación racial.

Susan se volvió a los escritos bahá’ís para ver los pasos específicos que ella, como mujer blanca, podría emprender para desempeñar su papel en la curación racial. Encontró este pasaje que el Guardián de la Fe Bahá’í, Shoghi Effendi, escribió en 1938, aconsejando tanto a los blancos como a los negros sobre cómo empezar a resolver el “tema más desafiante” del racismo en Estados Unidos:

Que los blancos hagan un esfuerzo supremo en su resolución por contribuir su parte a la solución de este problema, por abandonar una vez por todas su sentimiento de superioridad, el que por lo general es inherente y a veces, subconsciente, por corregir tu tendencia por manifestar una actitud desdeñosamente condescendiente hacia los miembros de la otra raza, por persuadirlos a ellos a través de su asociación íntima, espontánea e informal con ellos, de la autenticidad de su amistad y de la sinceridad de sus intenciones y por vencer su impaciencia porque no respondan aquellas gentes, quienes por un período tan largo, han recibido heridas tan dolorosas y lentas en cicatrizarse.

Que los negros, a través de un esfuerzo correspondiente por parte de ellos, demuestren por cada medio en su poder, el entusiasmo de su respuesta, su disposición y buena voluntad para olvidar el pasado y su habilidad para borrar cada vestigio de sospecha que pueda aún persistir en sus corazones o mentes. Que ninguno de los dos piense que la solución de un problema tan inmenso es asunto que concierne al otro exclusivamente. Que ninguno de los dos piense que dicho problema puede ser resuelto fácil o inmediatamente. – Shoghi Effendi, El advenimiento a la justicia divina, pág. 39.

Susan comentó que siempre vuelve a ese pasaje de los escritos bahá’ís:

He pensado mucho en lo que significa un “sentimiento de superioridad, el que por lo general es inherente y a veces, subconsciente”. He llegado a entender que inherente puede significar algo que se ha ido asentando. Así que cuando me examino y me encuentro reaccionando de una forma que refleje un sentido de superioridad, entonces en lugar de paralizarme por la culpa o la desesperación, mi trabajo es aceptar que es la función de la sociedad en la que crecí y… mi trabajo es esforzarme cada día para superar ese sentido de superioridad.

Luego ella reflexionó sobre las actitudes de superioridad que ella y sus homólogos blancos suelen mostrar en la sociedad:

Recientemente, un cercano amigo de color me relató una experiencia en la que entró a una reunión espiritual asistida mayormente por personas blancas y me sentirse “invisible” – y sé por otros amigos que esta no es una experiencia única. ¿Qué significa esto? ¿Qué significa en la forma en que los blancos ven, reconocen y valoran a nuestros amigos de color? ¿Qué vestigios de la esclavitud pueden estar todavía afectando nuestra percepción de la gente de color?… ¿no se tuvo que ver a los humanos trabajando en los campos y sufriendo en la esclavitud, mientras otros se beneficiaban económicamente de su trabajo, para poder escapar de aquella hipocresía moral de todo el sistema? ¿Cómo me sigue afectando este patrón, tan arraigado en nuestra sociedad, en la actualidad? ¿Por qué me sorprende saber que el agradable joven de color con el que estaba charlando en la fiesta de cumpleaños de mi nieta resulta ser un médico? ¿Por qué tantos negros tienen la experiencia de que los blancos esperan que sean ellos los que se aparten al pasar por la acera?

Susan no terminó sus reflexiones allí. Empezó a educarse, porque se dio cuenta de que mientras permaneciera ignorante, estaría siendo parte de una forma de opresión. Las enseñanzas bahá’ís discuten las implicaciones de la perpetuación de la ignorancia:

La perpetuación de la ignorancia es una de las formas más graves de opresión; afianza los numerosos muros de prejuicio que se levantan como barreras para el logro de la unicidad de la humanidad… El acceso al conocimiento es un derecho de todo ser humano, y la participación en su generación, aplicación y difusión es una responsabilidad que todos deberán asumir en la gran empresa de la construcción de una civilización mundial próspera, cada uno según sus talentos y capacidades. – La Casa Universal de Justicia, Mensaje a los bahá’ís del mundo de abril 2010.

Susan dijo:

En los últimos años, he aprendido mucho más sobre el sistema de la esclavitud, tan arraigado en el corazón de este país. He leído relatos de esclavos, he sido educada por mis amigos y he pasado mucho tiempo en el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroestadounidense. He llegado a comprender que los traumas del sistema de esclavitud se han transmitido a través de las generaciones, y todavía afectan a nuestros hermanos y hermanas de color, así como a los blancos, en casi todos los sentidos. Casi todas las personas de color que conozco luchan poderosamente con todo tipo de traumas a los que el Guardián [de la Fe Bahá’í] se refirió cuando escribió que los blancos necesitan “vencer su impaciencia porque no respondan aquellas gentes, quienes por un período tan largo, han recibido heridas tan dolorosas y lentas en cicatrizarse”.

Como escribió la Casa Universal de Justicia, cada individuo puede contribuir a la construcción de una civilización mundial próspera de acuerdo con sus propios talentos y capacidades. Susan respondió:

Me di cuenta de que no soy una gran oradora, mi estilo es más silencioso que el de otros que pueden hablar con mucha pasión y elocuencia en los espacios públicos, pero desde entonces he estado en el camino de encontrar mi propia manera de contribuir a la promoción de la justicia racial y la verdadera unidad.

En el tercer y último artículo de esta serie, Susan expresa su gratitud por los afroestadounidenses y comparte por qué cree que más personas blancas podrían beneficiarse, como ella lo ha hecho, de las amistades más diversas.

1 Comentario

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  • Mariela Ynufio Consuegra
    Dec 22, 2019
    por lo general sobre racialidad y racismo que son temas diferentes hay un trasfondo o herencia de las generaciones anteriores, sería muy fructífero replantearse ideas y conceptos para que puedan compartirse, las divisiones raciales son producto de relaciones impuestas de poder, lejanas al bienestar humano. Mariela