Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Nuestra comprensión de la oración se ha desarrollado a lo largo de los siglos; cada vez que Dios envía un gran profeta al mundo, aprendemos más sobre el prodigioso poder de la oración.

Las oraciones que recitamos no son para el beneficio de Dios, sino de nosotros mismos. Oramos, no porque Dios necesite escuchar las palabras que decimos, sino porque necesitamos escucharnos a nosotros mismos expresando nuestro amor por Dios e invitándolo a nuestras vidas. Hemos aprendido que la oración no es solo un conjunto vacío de palabras repetidas para acompañar un rito o ritual en particular. La oración no es solo una prenda que se utiliza un domingo, sino que es el atuendo de la vida diaria. La oración es tan personal e individual como lo somos nosotros, y Dios recibe no solo las palabras que ofrecemos, sino también nuestras acciones, sentimientos y pensamientos.

Las enseñanzas bahá’ís recomiendan desarrollar la práctica de la comunión diaria con el Creador:

Al amanecer de cada día debiera (el verdadero buscador) comulgar con Dios y perseverar con toda su alma en la búsqueda de su Amado. Debiera consumir todo pensamiento descarriado con la llama de Su amorosa mención y, con la rapidez del relámpago, pasar por encima de todo lo que no sea Él. – Bahá’u’lláh, El Libro de la Certeza, pág. 127.

El estado de oración es la mejor de las condiciones, pues el hombre entonces está en asociación con Dios. La oración ciertamente confiere vida… – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 152.

La oración nos ayuda a conectar con nuestro Creador. Su amor perdurable nos rodea en todo momento, pero tenemos que tomar la iniciativa a través de la oración para experimentarlo y desarrollar nuestra relación con Él. Independientemente de las formas que tome, el elemento más fundamental de la oración es el recuerdo de Dios. De cualquier manera que decidamos hacerlo, lo más importante que debemos hacer es recordar a nuestro Creador.

…el impulso de orar es natural en el hombre y emana de su amor a Dios – Abdu’l-Bahá , citado por J.E. Esselmont en Bahá’u’lláh y la Nueva Era , pág. 81.

El núcleo de la fe religiosa es ese sentimiento místico que une al hombre con Dios. Este estado de comunión espiritual se puede lograr y mantener por medio de la meditación y la oración. – Shoghi Effendi, carta a un bahá’í individual, 8 de diciembre de 1935.

Nuestras oraciones pueden tomar muchas formas diferentes. Ya sea que las palabras sean susurradas, cantadas, recitadas de memoria o habladas espontáneamente; si las oraciones suplican o alaban, Dios las escucha a todas. Sin embargo, existe un poder especial en leer en voz alta o recitar las palabras reveladas por Dios, es decir, las palabras de los profetas. Esta es la razón por la cual estas cantan y entonan en todos los idiomas del mundo. Son las mejores letras de la música de la vida, ya que tienen un efecto poderoso y transformador en nuestras almas:

Entona, oh Mi siervo, los versículos de Dios que has recibido, como son entonados por aquellos que se han acercado a Él, para que la dulzura de tu melodía encienda tu propia alma y atraiga los corazones de todos los hombres. Siempre que alguien recite en la intimidad de su aposento los versículos que Dios ha revelado, los ángeles esparcidores del Todopoderoso difundirán por doquier la fragancia de las palabras emanadas de su boca, y harán que palpite el corazón de todo hombre recto. Aunque al principio permanezca inconsciente de su efecto, sin embargo, la virtud de gracia concedida a él debe necesariamente ejercer tarde o temprano influencia sobre su alma. Así han sido decretados los misterios de la Revelación de Dios en virtud de la Voluntad de Aquel quien es la Fuente de poder y sabiduría. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 155.

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