Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Unos pocos accidentes aéreos recientes me han recordado que la vida en sí misma significa asumir riesgos. Subes a un avión y comienzas a pensar en lo que harás cuando llegues, pero te toca esperar para ver qué es lo que sucederá después.

No es necesario practicar paracaidismo para saber que la vida implica un riesgo. No tienes que encender el motor de tu vehículo y conducir para saber que hay riesgos, o incluso darte una ducha y saber que podrías caerte y lesionarte.

La vida es frágil, y simplemente estar vivo significa arriesgarse a no estar vivo.

En países de disturbios civiles y guerras, las personas viven con el temor constante de que ellos o algún ser querido pueda resultar herido o ser asesinado, o que su hogar sea destruido. El solo hecho de vivir su vida diaria se convierte en un riesgo constante para la salud y el bienestar. La muerte puede parecer inminente, más cercana, más real. De alguna manera, ese conocimiento es útil, porque puede enfocar la mente en la vida del espíritu, en lo que queda después de que el cuerpo se va y el alma sobreviva.

Así que nuestras circunstancias de vida pueden cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Como lo afirman las enseñanzas bahá’ís, nadie sabe cuán pronto o repentinamente se producirá esa transición trascendental de la vida a la muerte:

… pues nadie sabe cuál será su propio fin… debe considerar a todo, excepto Dios, como transitorio, y debe estimar a todo lo que no sea Él, quien es el Objeto de toda adoración, como la nada absoluta.

Éstos son algunos de los atributos de los exaltados, y constituyen el sello de quienes están dotados de espiritualidad. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 140.

En esta declaración, Bahá’u’lláh nos recordó que no solo corremos el riesgo de perder nuestras vidas, sino también de perder nuestras almas.

Sin embargo, la mayoría de nosotros nos preocupamos solo por dos cosas básicas: nuestra salud y nuestra riqueza. Ambos nos ayudan a alcanzar las cosas que queremos hacer en este mundo físico. Pero para que no lo olvidemos, el mundo espiritual nos espera a todos, y al igual que ser conscientes en todo momento de lo que estamos haciendo o planificando hacer en este mundo, también debemos estar atentos y conscientes del próximo mundo.

Bahá’u’lláh explicó cuán cerca está el próximo mundo para nosotros:

Considera, además, cuán a menudo el hombre se olvida de sí mismo, mientras que Dios, por su conocimiento que todo lo abarca, permanece consciente de su criatura y continúa derramando sobre ella el manifiesto resplandor de su gloria. Es evidente, por tanto, que en tales circunstancias, Él está más cerca de éste que él de sí mismo. Ciertamente, Él permanecerá siempre así, pues mientras que el Dios único y verdadero conoce todas las cosas, percibe todas las cosas, y comprende todas las cosas, el hombre mortal es propenso a errar, e ignora los misterios que yacen envueltos dentro de él… – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 98.

Si ponemos las cosas físicas primero en nuestra vida, terminaremos con simples cosas, cada una de ellas transitoria, efímera:

¿De qué sirven las cosas que hoy día son tuyas y que otros mañana poseerán? Escoge lo que Dios ha escogido para Sus elegidos, y Dios te conferirá en Su Reino una poderosa soberanía. – Bahá’u’lláh, El llamamiento al señor de las huestes, pág. 65.

Sin embargo, si ponemos el espíritu primero, si elegimos esa soberanía eterna, poseeremos finalmente tanto las cosas físicas y como la vida del espíritu. ¿Qué camino eliges?

Cada vez que hacemos algo, tenemos que tener en cuenta todas las consecuencias no deseadas, los riesgos de fracaso o éxito. La mayoría de nosotros caminamos despreocupadamente por nuestro camino, sin saber que lo que hacemos o no hacemos, y cómo lo hacemos, afecta a los demás. Esa es la elección espiritual que enfrentamos todos los días, ya sea si nos centramos en nuestro propio beneficio o si nos centramos en hacer una elección altruista a través del amor y la atención.

Una vez que comencemos a ver que cuidar a los demás es verdaderamente nuestra mejor política, entonces las acciones que promueven nuestro bienestar físico y espiritual nos acompañarán en todo momento:

¡Oh vástago del polvo! No te contentes con la tranquilidad de un día pasajero ni te prives del descanso sempiterno. No trueques el Jardín de Delicia Eterna por el cúmulo de polvo de un mundo mortal. Desde tu prisión elévate hacia los Gloriosos Prados de lo Alto y alza vuelo desde tu jaula mortal hacia el Paraíso del Irrestringido. – Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, pág. 23.

Al buscar reducir el riesgo de daño para nosotros mismos y para otros cuidando de los demás tanto como nos preocupamos por nosotros mismos, abrimos un camino hacia Dios y los mundos de la eternidad y la satisfacción. Esto puede parecer difícil, pero si ponemos nuestras mentes, corazones y almas en ello a través de la reflexión y la conciencia de todas las cosas que nos rodean, podemos lograrlo.

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