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Espiritualidad

Cómo la oración crea estados de ánimo positivos

Patricia O'Connor | Sep 14, 2023

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Patricia O'Connor | Sep 14, 2023

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He estado explorando lo que la Fe bahá’í enseña sobre las oraciones diarias obligatorias de Bahá’u’lláh y comparándolo con lo que se sabe en neurobiología sobre el aprendizaje y los estados mentales.

Siempre me he preguntado: ¿puede la oración ayudarnos, no sólo desde la perspectiva del alma y el espíritu, sino también desde la perspectiva de nuestra mente?

Permítanme decir que, siendo como soy, la palabra «obligatorio» tiende a desencadenar en mí un sentimiento inmediato de resistencia. Puede que tú también lo sientas así, pero ten paciencia conmigo y exploraremos por qué no debería ser siempre así.

Bahá’u’lláh pidió a los bahá’ís que oraran diariamente, y que utilizaran una de las tres oraciones posibles: corta, media o larga. De ellas, yo suelo elegir la más corta, compuesta por tres oraciones pronunciadas una vez cada 24 horas. Sospecho que esto dice más de mí que de las oraciones.

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Pero después de pensarlo un poco más, empiezo a comprender que la oración obligatoria larga puede tener mucho a su favor; bueno, por supuesto que lo tiene espiritualmente, pero me refiero a neurobiológicamente hablando. Quizá la obligación bahá’í de recitar estas oraciones tenga algo que ver con su potencia y los beneficios que otorgan. ¿Quizá cuanto más largas, mejor?

Según Abdu’l-Bahá, uno de los propósitos de las oraciones obligatorias consiste en crear lo que la neurociencia denomina un cambio en el «estado mental» de uno, de negativo a positivo, independientemente de las tensiones externas. Él dijo:

La oración obligatoria es la base misma de la Causa de Dios. A través de ella, el corazón se llena de vitalidad y júbilo. Aunque me encuentre rodeado de todas las penas, en cuanto entablo conversación con Dios a través de la oración obligatoria, todas mis tristezas desaparecen y alcanzo regocijo y alegría. Me sobreviene un estado que soy incapaz de describir o expresar.

Fíjate en que Abdu’l-Bahá describe un cambio que, de no ser por la oración, no se habría producido. Un marcador clave del cambio es la emoción. En este ejemplo explica que incluso un estado negativo extremadamente intenso, rodeado de «toda pena» puede cambiar a «alegría y gozo». El cambio también es una experiencia corporal. Lo llama una «condición» que le sobreviene y que es incapaz de describir.

¿Qué dice la neurociencia al respecto?

El Dr. Daniel J. Siegel, catedrático de psiquiatría de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y autor de numerosos artículos y libros, acuñó el término «neurobiología interpersonal» para describir la compleja interrelación entre las experiencias humanas y los procesos biológicos básicos del desarrollo. Habla con frecuencia y en profundidad de los estados mentales.

Siegel define la mente como el flujo de energía e información dentro de un cerebro personificado que incluye aquello que tienes entre las dos orejas, a veces llamado «cerebro de diadema», pero también todo el resto del cuerpo (y también tus relaciones, por cierto). La actividad de la mente incluye pensamientos, sí, pero también emociones. De hecho, este «cerebro personificado» abarca la totalidad de ti. 

El Dr. Seigel explica en The Developing Mind que el aprendizaje depende de la experiencia. Dice: «La experiencia activa ciertas vías en el cerebro, reforzando las conexiones existentes y creando otras nuevas». A través de las experiencias, desarrollamos nuestros estados de ánimo.

Esos estados mentales, explica Seigel, hacen que el cerebro cree patrones que le permiten lograr eficacia y cohesión a pesar de la aleatoriedad y el caos de la vida cotidiana.

Según Seigel, «un ’estado de ánimo’ puede definirse como los patrones totales de activación del cerebro en un momento determinado…».  Otro término para este fenómeno es «perfil de red neuronal». Estos patrones no sólo coordinan la actividad cerebral en un momento dado, sino que se recuerdan y se repiten. La práctica hace más probable que se conviertan en patrones en los que nuestra mente confíe en el futuro. 

Las emociones desempeñan un papel fundamental en la coordinación de nuestros estados mentales. Las emociones pueden hacer que el cerebro cambie a estados experimentados previamente. Con el tiempo, la práctica estructura literalmente las interconexiones del cerebro, lo que determina su capacidad funcional.

Todo esto es una forma elegante de decir que la experiencia altera el cerebro. El cambio no es sólo un pensamiento pasajero, sino una experiencia sensorial cargada de emociones que sienta las bases para experiencias similares en el futuro.

Prestar atención a un estado mental interno puede reforzarlo, afirma Seigel. La conciencia y la intención son fundamentales. Con el tiempo, se puede recurrir a un estado mental cuando sea necesario y estar bajo nuestro control consciente.

En otras palabras, cuando se experimenta un estado mental, éste deja una huella neural, como un camino a través de una densa pradera. Cuanto más se recorre el mismo camino, más claro se vuelve. Una vez que el camino está bien recorrido, resulta fácil verlo y seguirlo. En otras palabras, con la práctica repetida, aprendemos. Podemos aprender a ser felices, a entrar en la dicha, a sentirnos espiritualmente comprometidos y enriquecidos.

Siegel enseña a la gente a hacer esto en un proceso que él llama «Mindsight». (Escribió un libro con el mismo nombre.) Dice que «…uno de los descubrimientos científicos más apasionantes de los últimos veinte años» es cómo la atención focalizada moldea la estructura del cerebro.

Basándonos en este debate, desde una perspectiva neurobiológica, la oración obligatoria larga puede tener más potencia, digamos, que la oración más corta. Dado que incluye cambios de postura recomendados a lo largo de la oración, como levantarse, sentarse e inclinarse, implica a todo el cuerpo. Esos movimientos tienen el potencial de captar toda mi atención mientras me concentro en el significado espiritual de las palabras. El mayor lapso de tiempo puede aumentar la probabilidad de que las vías practicadas se arraiguen.

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En la neurobiología interpersonal de Seigel la atención plena se llama «conciencia». Observa que la cita de Abdu’l-Bahá más arriba continúa usando exactamente esa palabra:

Cuando, con total consciencia y humildad, nos dispongamos a hacer la oración obligatoria ante Dios, y la recitemos con ternura de corazón, sentiremos una dulzura tal como para dotar de vida eterna a toda la existencia.

Ahora veo que las oraciones obligatorias bahá’ís son regalos poderosos: son puntos de entrada para estructurar mi propia neurobiología de forma que me aporten paz y alegría. Lejos de ser meras palabras, son energía e información: la materia que controla mis estados mentales. Para cosechar todos los beneficios de la oración, es importante, como dice Seigel, tener no sólo conciencia, sino una intención clara y declarada de cambiar mi estado mental hacia la experiencia que busco.

Me parece fascinante que una forma de interpretar las frases iniciales de la oración obligatoria larga sea precisamente esa: establecer la intención de realizar este cambio mental. En la oración, el estado mental negativo es un «velo» y el positivo una «luz» que conduce a la experiencia de la presencia de Dios. Y dice: “… que hagas de mi oración un fuego que consuma los velos que me han apartado de Tu belleza y una luz que me conduzca al océano de Tu presencia”.

Vaya. Supongo que la oración obligatoria larga tiene mucho a su favor. Siéntete libre de imaginarte aquí una imagen mía golpeándome la frente con la palma de la mano en un gesto de «Duh, obvio».

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