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Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í. El sitio web oficial de la Fe Bahá’í es Bahai.org y el sitio web oficial de los bahá’ís de los Estados Unidos es Bahai.us.
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Justicia

¿Cómo propone la Fe bahá’í unificar el mundo?

Maya Bohnhoff | Sep 28, 2021

PARTE 4 IN SERIES Preguntas de un segregacionista

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Maya Bohnhoff | Sep 28, 2021

PARTE 4 IN SERIES Preguntas de un segregacionista

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

En un diálogo que mantuve con mi cliente y amigo Misha, como yo, una persona de ascendencia eslava-judía, me enteré de que creía que la segregación de las personas de distinto color era el único camino hacia la paz y la seguridad.

Misha quería poner a prueba e incluso refutar el principio central de la Fe bahá’í: la unidad de la humanidad. Como escribió Abdu’l-Bahá, hijo y sucesor de Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la Fe bahá’í:

… todos los miembros de la familia humana, ya sean pueblos o gobiernos, ciudades o aldeas, han llegado a ser cada vez más interdependientes. A ninguno le es posible ya bastarse a sí mismo, por cuanto los lazos políticos unen a todos los pueblos y naciones, y cada día se fortalecen más los vínculos del comercio y la industria, de la agricultura y la educación. De ahí que la unidad de toda la humanidad puede ser alcanzada en este día.

RELACIONADO: ¿Quisieras ayudar a construir una nueva comunidad global?

Creo que había una parte de Misha que quería demostrar que este principio bahá’í era cierto, y otra que creía que era demasiado difícil (más difícil, digamos, que segregar a la gente por el color de la piel o la etnia en esta etapa tardía de la evolución humana).

En la búsqueda de ese objetivo, me preguntó sobre una sociedad global y la libertad religiosa.

P: Supongamos que la humanidad se unifica y forma una comunidad global. ¿Quién decidirá cómo designar a los líderes mundiales para que gobiernen un grupo tan grande?

R: Bahá’u’lláh alabó las formas constitucionales de gobierno. Es decir, un líder (rey, reina, primer ministro o presidente, etc.) equilibrado por un cuerpo elegido democráticamente -un parlamento o congreso. Por lo tanto, recomienda que cada nación tenga algún tipo de gobierno constitucional elegido, y que se elija un Congreso mundial y un Tribunal mundial entre los gobernantes de los países para ayudar a guiar a la comunidad global.

Muchos escritos bahá’ís explican este principio en detalle, principalmente escritos por Bahá’u’lláh y el Guardián de la Fe bahá’í, Shoghi Effendi. En resumen, la UE y los EE.UU. son modelos de cómo incluso una unión imperfecta de estados federados puede tener éxito… y también de cómo este éxito puede ser socavado.

P: ¿Cómo se puede proteger a ese grupo de líderes mundiales de las sospechas de corrupción, y que nadie reciba privilegios que otros no tienen?

R: No sé si se adoptaría para un sistema de gobierno mundial, pero el orden administrativo bahá’í, que fue creado por el propio Bahá’u’lláh, es único en el sentido de que la autoridad para la toma de decisiones nunca recae en un solo individuo. En cada comunidad, un grupo de nueve bahá’ís adultos, llamado Asamblea Espiritual Local, es elegido anualmente por los miembros de la comunidad. Ellos toman las decisiones para la comunidad local en consulta con los miembros de la comunidad, basándose en la guía de los escritos bahá’ís y otras instituciones de la Fe.

A nivel nacional, las Asambleas Espirituales Nacionales, compuestas por nueve miembros, son elegidas cada año por delegados enviados por las comunidades locales. A nivel global, la Casa Universal de Justicia opera en el centro mundial de la Fe en el Monte Carmelo en Haifa, Israel. Ese órgano elegido también tiene nueve miembros, elegidos por las Asambleas Espirituales Nacionales de todo el mundo.

La cuestión es la siguiente: cada órgano tiene un presidente cuyo trabajo es mantener el orden y asegurarse de que el órgano funciona de acuerdo con los principios de la consulta bahá’í; no tienen ningún poder personal. De hecho, ninguno de los miembros individuales de cualquiera de estos órganos, desde el local hasta el global, tiene poder personal alguno. Se trata de un puesto de servidumbre y no de «liderazgo» como lo hemos entendido históricamente.

Las decisiones, incluso las tomadas por la Casa Universal de Justicia, son válidas solo cuando provienen de la institución como cuerpo. Así, por ejemplo, si la Casa de Justicia me pidiera que escribiera un libro sobre un determinado tema, aunque podría decir «no» sin temor a ser castigada, considero que su palabra expresa la voluntad de Dios. Escribiría el libro sin dudarlo, aunque esta supusiera una dificultad económica. Si un miembro de la Casa de Justicia, o incluso dos o tres, me dijera: «Sería estupendo que escribieras este libro». No me sentiría obligada a hacerlo, aunque podría considerarlo.

Así que este es un sistema autocorrectivo. Puede ser el que desarrollemos para resolver los problemas del mundo. Bahá’u’lláh dejó esa parte en nuestras manos. Pero lo que me ha demostrado en los últimos 40 años es que puede existir un sistema en el que no tiene cabida el afán de poder personal. Se autocontrola, porque no hay «influencia» que el individuo pueda ejercer. Un sistema así puede ser muy viable en el mundo.

También me gustaría señalar, Misha, que las elecciones bahá’ís tienen lugar sin candidaturas, ni campañas, ni nada por el estilo. Todos los bahá’ís adultos de una comunidad son elegibles. La elección consiste en una reunión en la que se ora por sabiduría y se emiten votos secretos. Si alguien dijera en voz alta: «Creo que debería estar en la Asamblea», su posibilidad de ser elegido probablemente se desvanecería, porque las cualidades que los bahá’ís buscan en las personas que guían la comunidad son cosas como la humildad, el servicio, la amabilidad y la sabiduría.

P: ¿Cómo se decidirá qué religión debe seguirse?

R: Muhammad dijo que no debe haber coacción en la religión. Por lo tanto, desde el punto de vista bahá’í, no se puede imponer ninguna religión «estatal» a las personas. Eso sería una violación de las enseñanzas de cualquier escritura que se quiera nombrar. Incluso ahora, la gente de la corriente principal de la mayoría de las religiones está reconociendo que otras religiones también poseen verdad. Intentan trabajar con las personas de otras religiones y no contra ellas. Claro que hay fanáticos que quieren todo separado y desigual, pero son una minoría ruidosa. Un amigo me contó que una mujer católica que asistía a reuniones bahá’ís en su casa le preguntó a su sacerdote si estaba bien que lo hiciera. El sacerdote le dijo: «Por supuesto. Los bahá’ís adoran al mismo Dios que nosotros».

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Aunque personalmente creo que lo óptimo sería que todo el mundo se hiciera bahá’í, eso no es lo importante. Lo importante es que aprendamos a vivir en colaboración, en paz y unidad. Abdu’l-Bahá, el hijo mayor de Bahá’u’lláh, dijo que un bahá’í es simplemente alguien que está dispuesto a trabajar por el bienestar de la humanidad. En ese sentido, incluso un ateo puede ser bahá’í en espíritu.

Lo importante es que cese el fanatismo religioso, porque las religiones, en realidad, representan una sola Fe revelada gradualmente. Como dijo Abdu’l-Bahá:

Quiera Dios que el fanatismo y la intolerancia religiosa sean desconocidos, que toda la humanidad entre en el vinculo de la hermandad, que las almas se asocien en perfecto acuerdo, que las naciones de la tierra, por último, icen la bandera de la Verdad y las religiones del mundo entren en el divino templo de la unidad, porque las bases de las religiones celestiales son una sola Realidad.

Sin duda, se preguntará qué fruto tuvo este diálogo. ¿Aceptó Misha las enseñanzas bahá’ís? La respuesta: no lo sé, porque no he hablado con él desde hace varios años, aunque terminamos la conversación como amigos. Lo que sí sé es que, durante nuestra relación de trabajo, ya no se burló más de las creencias bahá’ís. Hablaba conmigo de las enseñanzas con franqueza y respeto y sin ningún rastro de sarcasmo. También dejó de referirse a sí mismo como ateo, y en su lugar se denominó agnóstico.

Cuando conocí a Misha, me dijo que sentía que el régimen comunista le había robado a Dios. Sin embargo, tengo la esperanza de que, de alguna manera, a través de nuestros diálogos, haya empezado a encontrar lo que él sentía que había perdido.

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