Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

La fe bahá’í es tanto una religión como una forma de vida. Bahá’u’lláh no hizo una distinción entre ambas, la creencia de una persona debe reflejarse en sus acciones.

En sus escritos, Bahá’u’lláh recordó repetidamente a sus seguidores que las enseñanzas de Dios deben manifestarse en los hechos e integrarse en la vida: “Que las acciones, y no las palabras, sean vuestro adorno“. – Las palabras ocultas.

Muchos aspectos distintivos contribuyen al estilo de vida de los bahá’ís. Entre ellos, quizás el más fundamental es el papel de la oración en la vida diaria. De una forma u otra, la oración forma parte integral de cada religión, pero en esta época Bahá’u’lláh ha ampliado su definición – de modo que ahora engloba sentimientos, pensamientos, palabras y acciones.

El propósito de la oración

¿Por qué la gente ora? Esto no es algo que siempre ha sido claro y evidente para mí. Cuando era niño solía recitar mis oraciones arrodillado al lado de mi cama junto a mi madre. Solía decir: “Ahora me acuesto a dormir, le ruego al Señor que guarde mi alma, pero si muero antes de despertar, le ruego al Señor que tome mi alma…”. A esto le seguía una larga lista de personas que debía recordar en mis oraciones: “Benditos sean mamá y papá y la abuela y el abuelo y…”.

Después de recitar mis oraciones, de ser arropado y del beso de buenas noches, me quedaba despierto en la oscuridad y me preguntaba: ¿Por qué debe orar la gente? Si Dios lo sabe todo, ¿no sabría ya lo que queríamos y necesitábamos sin tener que preguntar? ¿Qué sentido tenía orar? ¿Necesitaba Dios que lo adorara?

Cuanto más pensaba en esto, menos entendía la oración. Finalmente, dejé de pensar en ello porque dejé de orar. Me estaba volviendo demasiado viejo para que me arropen. Seguía creyendo en Dios, pero consideraba que la oración era inútil. Cuando encontré la fe bahá’í, empecé a sospechar que todo el tiempo había estado haciendo las preguntas equivocadas sobre la oración. El día a día me había enseñado que algunas preguntas pueden estar tan cargadas de suposiciones que la gente no sabe dónde buscar las respuestas.

Al estudiar la fe bahá’í, empecé a ver que el individuo, no Dios, se beneficia con la experiencia de orar.

La oración era por nuestro bien, no por el suyo. Con respecto a quién necesitaba qué, había estado mirando en la dirección equivocada, hacia arriba en vez de hacia adentro. Ahora empecé a entender el propósito de la oración, considerando el impulso de orar como algo natural. La gente ora porque ama a Dios. Lo creado ama al Creador. El amor de Dios está a nuestro alrededor, y la oración es un medio para recibirlo. En Las palabras ocultas, Bahá’u’lláh explicó la naturaleza de este amor divino:

¡OH HIJO DEL SER! Ámame, para que Yo te ame. Si tú no Me amas, Mi amor no puede de ningún modo alcanzarte. Sábelo, oh siervo. – Ibid.

Entender el propósito de la oración fue sólo el comienzo. Empecé a orar de nuevo, pero ahora no eran las simples oraciones para dormir de mi infancia. En mi decimotercer cumpleaños, mi madre me regaló un libro de oraciones bahá’í, y enseguida memoricé muchas de ellas debido a su uso constante. Ahora elegía un momento en el que no hubiera nadie en casa, y leía las oraciones bahá’ís de forma amorosa y meditativa. Tenía mis favoritas:

¡Oh Dios, oh Dios! Este pájaro tiene un ala rota y su vuelo es muy lento; ayúdale a remontarse a la cúspide de la prosperidad y salvación, volar con la máxima alegría y felicidad por el espacio infinito, entonar su melodía en Tu Supremo Nombre por todas las regiones, regocijar los oídos con esta llamada e iluminar los ojos al contemplar las señales de guía. ¡Oh Señor! Estoy solo, solitario y soy humilde. No hay apoyo para mí salvo Tú, ni auxiliador sino Tú, ni sostenedor aparte de Ti. Confírmame en Tu servicio, asísteme con las cohortes de Tus ángeles, hazme victorioso en la promoción de Tu Palabra y permíteme expresar Tu sabiduría entre Tus criaturas. Verdaderamente, Tú eres el que ayuda a los débiles y el defensor de los pequeños, y en verdad Tú eres el Potente, el Poderoso y el Libre. – Abdu’l-Bahá, Oraciones bahá’ís.

A medida que continuaba estudiando los escritos bahá’ís, la oración se convirtió gradualmente en una parte importante de mi forma de vida. Encontré en ella consuelo, paz y conexión con el Creador. Reservé una parte de cada día para orar y leer los escritos de Bahá’u’lláh. Era como agua para un alma sedienta.

Cuanto más oraba, más me daba cuenta de que la oración crea un lenguaje espiritual sin las limitaciones de las sílabas y los sonidos de la palabra hablada – un lenguaje del corazón más que de la lengua. La oración emana desde el interior en un esfuerzo por comunicarse con Dios, es más que palabras, es una actitud espiritual.

El sentimiento sincero de amor hacia Dios en el corazón, el recuerdo silencioso de su generosidad y el pensamiento de agradecimiento por su misericordia son todos aspectos de la oración. Bahá’u’lláh revela que todos los diferentes niveles en los que nos esforzamos por comunicarnos con Dios son válidos, ya sea que la oración se encuentre en los labios de alguien que alaba a su Creador, en las actitudes espirituales y mentales que desarrollamos en el curso de nuestras vidas, en nuestro trabajo y en nuestros esfuerzos creativos, o en el amor y el servicio desinteresado que prestamos a los demás. Todos tenemos la oportunidad y el privilegio de usar estas formas de oración para conectarnos a una realidad más grande y más hermosa.

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