Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

En todas partes, los jóvenes salen a pasar el rato juntos, estos chicos y chicas entre sus veinte años están en busca de una pareja. Este baile perfectamente natural probablemente haya sucedido desde siempre, de una forma u otra.

La Fe Bahá’í nos alienta a buscar un compañero de vida, pero en el contexto de la institución del matrimonio, uno que esté motivado por un propósito mayor:

Dios os ha prescrito el matrimonio… Desposaos, oh pueblo, para que engendréis a quien haga mención de Mí en medio de Mis siervos. Éste es Mi mandato para vosotros. Asíos firmemente a él como ayuda para vosotros mismos. – Bahá’u’lláh, El libro más sagrado, pág. 43.

Y cuando Él deseó manifestar gracia y beneficencia a los hombres y poner el mundo en orden, reveló prácticas y creó leyes. Entre ellas estableció la ley del matrimonio, haciendo de ella una fortaleza para el bienestar y la salvación y nos la impuso entre lo que fue enviado desde el cielo de santidad de su Libro Más Sagrado. – Bahá’u’lláh, Oraciones Bahá’ís, pág. 103.

La mayoría de la gente desea tener ese tipo de matrimonio duradero y profundamente espiritual, y yo también. Encontrarlo, por supuesto, es la parte difícil.

Personalmente, en toda mi vida he tenido una parte justa de enamoramientos. Enamoramientos que en muchos casos te aplastan al ser rechazado. Después de cada flechazo recibía la respuesta: “Te veo como un amigo” o “En este momento no estoy interesada, pero valoro nuestra amistad”.

Estas respuestas, a las que nos referimos coloquialmente como la “friend-zone”, generalmente colocan a las personas en una relación platónica con la esperanza de que más tarde se desarrolle una conexión íntima con la otra persona, si es que lo hacen. En otras palabras, una de las personas en la relación quiere cerrar el espacio entre amigo y potencial pareja, y la otra no ve ningún futuro romántico como posibilidad.

Por lo tanto, me gustaría sugerir que redefinamos términos como “friend-zone”, “enamoramiento” y “rechazo” con una nueva perspectiva, guiados por las ideas ofrecidas por las enseñanzas bahá’ís.

Primero, si Dios tiene un plan infinito para el mundo entero, ¿no sería lógico pensar que el Creador también podría tener un plan para cada individuo? Por supuesto, todos tenemos libre albedrío y podemos decidir cómo vivir nuestras vidas, pero al darnos cuenta de que Dios tiene muchas cosas reservadas para nosotros:

Las penas y las desgracias no nos vienen por casualidad; la Misericordia Divina nos las envía para nuestro perfeccionamiento. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 61.

Segundo, alinearse con la Voluntad de Dios asegura nuestra paz y tranquilidad. Hablando personalmente, la forma en que entiendo esta cita es que todos los enamoramientos del pasado que no funcionaron no son necesariamente coincidencias, sino que Dios los envió para ayudar a refinarme.

Esta nueva perspectiva me ayuda a comprender que no fui aplastado por un enamoramiento, sino que recibí un regalo que contenía perlas de sabiduría y perspicacia que debía extraer. Esa prueba no solo refina mi carácter, sino que me ayuda a crecer espiritualmente, preparándome para una relación futura. Cuando las cosas no funcionaron y me sentí triste o abatido, esta experiencia me ayudó a desarrollar el desprendimiento, evitando que me aferre tercamente a mis deseos:

¡Oh hijo del espíritu! No Me pidas lo que no deseamos para ti; conténtate, pues, con lo que hemos ordenado para ti, porque esto es lo que te beneficia, si con ello te contentas. – Bahá’u’lláh, Las palabras ocultas, pág. 33.

Dicho todo esto, la comprensión y el conocimiento que obtenemos de esas difíciles pruebas en la vida simplemente no siempre nos enseñan la lección completa, y a veces nuestras emociones nos ciegan:

El amor hace arder un mundo a cada instante, y asola cada país en el que planta su bandera. El ser no existe en su reino, y en sus dominios los sabios carecen de mando. El Leviatán del amor devora al maestro de la razón y destruye al señor del conocimiento. – Bahá’u’lláh, Los siete valles, pág. 7.

Saber más sobre nosotros mismos nos permite crecer a un siguiente nivel de madurez en nuestra búsqueda de una pareja para toda la vida. En el próximo ensayo de esta breve serie de dos partes, aprenderemos sobre la narrativa de Majnun y Layli, y veremos si podemos comprender mejor el misterio del amor.

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