Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

La Fe bahá’í enfatiza la importancia de expresar siempre un espíritu de unidad hacia otros en cualquier espacio y los grandes beneficios que esta genera. He reflexionado mucho sobre la importancia de ser consciente de este concepto tan fundamental y busco la forma de aplicarlo de manera práctica en mi vida.

Generar unidad genuina en espacios cotidianos como la universidad es sin duda algo complejo, sin embargo, trae muchas recompensas a todos cuando realizamos un esfuerzo por lograrla además de ayudarnos a crecer como personas.

Hay una analogía en los escritos bahá’ís que me ha ayudado a comprender la importancia de valorar la diversidad:

“Considerad las flores de un jardín. Aunque diferentes en clase, color y forma, sin embargo, puesto que son refrescadas por el agua de una misma fuente, reanimadas por el aliento de un mismo viento y vigorizadas por los rayos de un mismo sol, esta diversidad aumenta sus encantos y aporta a su belleza. ¡Qué desagradable para la vista si todas las flores y las plantas, las hojas y los capullos, los frutos, las ramas y los árboles de ese jardín fuesen todos de la misma forma y el mismo color! La diversidad de tonos y formas enriquece y adorna el jardín, y aumenta el encanto de éste. De modo similar, cuando las diversas maneras del pensamiento, del temperamento y del carácter son reunidas mediante el poder y la influencia de un organismo central, quedarán reveladas y se manifestarán la belleza y la gloria de la perfección humana…”- ‘Abdu’l-Bahá, Tablas del Plan Divino, p.137

Interactuar con personas que tienen personalidades, ideas, formas de pensamiento y procedencias diferentes a las nuestras en un ambiente armonioso puede ser todo un reto, pero cuando se logra es muy gratificante y provechoso, ya que amplía nuestra perspectiva de la vida y nos permite trascender nuestras limitaciones como individuos aislados. 

Si nos detenemos a pensar en situaciones en las que hemos tenido que resolver alguna duda compleja (sea académica, laboral, o incluso personal) probablemente reconoceremos que fue de ayuda recurrir a algún amigo o compañero con mayor capacidad o experiencia sobre el tema. También en el momento de realizar algún proyecto con un equipo de trabajo, reconocer las habilidades que tiene cada integrante facilita mucho el avance eficaz y la distribución del trabajo.

La sinergia que puede resultar de la diversidad de un grupo es enorme, pero puede impedirse cuando surgen diferencias o se dificulta la relación armoniosa con otros. Cuando hay falta de armonía en un espacio, es claro el efecto que se puede generar: distanciamiento, un ambiente tenso para realizar nuestras labores, desconfianza, y estrés, son sólo algunos ejemplos de las consecuencias de la desunión. Por tanto, puede ser muy beneficioso que encontremos maneras de interactuar cordialmente con los que nos rodean, sin importar las circunstancias, y ver la diversidad como una fortaleza en vez de un problema.

Los escritos bahá’ís presentan otra analogía esclarecedora:

“Considera por ejemplo como un grupo de cosas creadas constituye el reino vegetal y otro el reino animal. Cada uno de ellos hace uso de ciertos elementos del aire, de los que depende su propia vida, mientras que son esenciales para la vida del otro. En otras palabras, el crecimiento y desarrollo del mundo vegetal es imposible sin la existencia del reino animal y el mantenimiento de la vida animal es inconcebible sin la cooperación del reino vegetal. Del mismo tipo son las relaciones que existen entre todas las cosas creadas. Por lo tanto queda manifiesto que la cooperación y la reciprocidad son propiedades esenciales inherentes al sistema unificado del mundo de la existencia y sin las mismas la creación entera se vería reducida a la nada.”. – Abdu’l-Bahá, El Huququ’lláh, pág. 18.

Con esto es claro que la unidad juega un papel muy importante en casi cualquier ámbito de la vida, por lo cual es útil reflexionar sobre métodos para promover la unidad. Una de las conductas que más impiden la unidad es la tendencia a fijarnos en las falencias y defectos de los demás a la vez que nos olvidamos de las nuestras. Esto en parte se debe a que es relativamente sencillo notar los defectos de otras personas cuando compartimos con ellas una parte importante de nuestro tiempo, y notar los errores de alguien es mucho más sencillo que ver sus fortalezas y cualidades. Al hacer esto no solo generamos un ambiente de crítica y altercados, también nos olvidamos de nuestras propias debilidades, lo cual es un gran obstáculo para el desarrollo individual.   

Para contrarrestar la tendencia de fijarse en los defectos de otros, podemos usar la sencilla estrategia de pensar en nuestras propias falencias cuando estamos a punto de criticar a alguien por sus errores:

“Cada vez que reconoces un defecto en otro, piensa en ti mismo: ¿Cuáles son mis imperfecciones?, y trata de erradicarlas. Haz esto cada vez que seas probado por las palabras o los hechos de los demás. Así crecerás y llegarás a ser más perfecto. Vencerás el yo, no tendrás ni tiempo para pensar en los defectos de los demás…”- ‘Abdu’l-Bahá’, Star of the West; Vol. 8, N° 10, pág. 138.

También puede ayudar  enfocarnos únicamente en las cualidades de la persona:

“Uno debe ver en cada ser humano sólo aquello que sea digno de alabanza. Cuando se hace esto, se puede ser amigo de toda la raza humana. Sin embargo, si miramos a la gente desde el punto de vista de sus faltas, entonces ser amigo de ellos resulta una tarea formidable”. – Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, pág. 128.

Otra tendencia que va ligada a fijarse en los defectos de los demás es la murmuración, o el chisme. Esto es,  hablar con otra persona sobre los defectos de alguien que no está presente. Esta práctica está arraigada en nuestra cultura y se ve socialmente  aceptable, sin embargo, puede ser una gran enemiga de la unidad, por lo cual evitarla es el deber de cualquiera que desee promover la unidad. Si escuchamos a otras personas hablar mal sobre alguien que conocemos, nuestra percepción sobre esa persona puede cambiar, generando a veces sentimientos negativos e incluso desconfianza en base a percepciones erróneas. 

A veces me he visto envuelto en dilemas internos cuando estoy con amigos que hablan mal de otros, y ha sido difícil decidir qué hacer al respecto. Una de las estrategias más útiles que he aprendido para esos casos es aplicar el consejo mencionado arriba de resaltar en ese momento las cualidades de la persona sobre la que se está hablando mal, intentando resaltar el valor de enfocarse en lo positivo.

Promover la unidad es un desafío formidable, pero muy enriquecedor. Personalmente, el ejercicio de aplicar estos consejos en mi vida ha sido de mucha ayuda para crecer como persona, al ayudarme a  ser más consciente de mis defectos para luego poder superarlos. Sin embargo, no ha sido nada sencillo, y me he dado cuenta de que es muy fácil caer en la tendencia de tener actitudes que van en contra de la unidad. No obstante, podemos contagiar a otros cuando mostramos  un estilo de vida diferente lo cual me anima mucho a seguir esforzándome por ser un promotor de unidad, aunque no sea perfecto. El impacto que puede tener un número creciente de personas conscientes de cómo su comportamiento contribuye a la unidad o desunión en nuestra sociedad no debe subestimarse.

… da tranquilidad saber que, en medio de la desintegración, está tomando forma un nuevo tipo de vida colectiva que da expresión práctica a todo lo que es sublime en los seres humanos. – La Casa Universal de Justicia, Ridván 2015.

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