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Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í. El sitio web oficial de la Fe Bahá’í es Bahai.org y el sitio web oficial de los bahá’ís de los Estados Unidos es Bahai.us.
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Fomentemos la educación espiritual de nuestros hijos

Andrea Vento | Jul 27, 2019

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Andrea Vento | Jul 27, 2019

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Todo padre se pregunta cómo educar a sus hijos para que permanezcan puros frente a los males del mundo y, como madre de dos niños, esta pregunta siempre está presente en mi mente. 

Cada fin de semana, casi siempre, viene a casa mi pequeña sobrina Parisa de seis años a jugar con mis hijos Vicenzo, también de seis y Rafaela de nueve años. Un sábado Parisa llegó muy temprano y todos notamos que ese día estaba muy triste, apenas hablaba. Preocupados le preguntamos qué había pasado. Nos contó la razón de su tristeza: nos dijo que su mascota, un conejito, había muerto. 

Su inesperada confesión nos agarró por sorpresa. Me quedé muda, sin articular una palabra de consuelo. Mi hija Rafaela también permanecía silenciosa ante la confesión de su prima. El único que reaccionó decididamente fue Vicenzo que se acercó a su primita, la rodeo amorosamente con sus brazos, besó ambas mejillas y le recitó las siguientes palabras que remecieron mi alma.

-No te preocupes Parisa, no estés triste, “Ten siempre esperanza, pues las dádivas de Dios nunca cesan de descender sobre el hombre”. – Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 155.

Al escuchar a ese pequeño hombrecito, consolando a su prima por la muerte de su conejito, recitando una cita de Abdu’l-Bahá, fue extremadamente emocionante para mí. El versículo que Vicenzo memorizó, lo aprendió en la clase para niños en nuestra comunidad organizada por los Baha’is. En esta clase, los niños aprenden a desarrollar virtudes como el amor, la obediencia, la bondad a través de juegos, canciones, historias, citas y arte. Me alegró que Vicenzo memorizara esta cita y que la utilizara en un momento tan especial. Sentí que algo grandioso recomponía mi vida. Sentí, por primera vez, con absoluta seguridad, que la educación espiritual de mis hijos iba por buen camino. 

Estoy convencida que los padres necesitamos ayuda. No hemos sido educados en una escuela para padres. Por esa razón, cometemos muchas equivocaciones en la educación de nuestros hijos. Cuando erramos en esta tarea, entregamos a la sociedad niños resentidos, egoístas, deshonestos. El filósofo John Locke dijo que el conocimiento recibido en la niñez “es como un grabado hecho en piedra”. Si prestáramos atención a esa afirmación comprenderíamos la importancia de hacer que sus cimientos sean espirituales, para que sea una luz que los acompañe el resto de sus vidas.

“Potencialmente, todo niño es la luz del mundo y, al mismo tiempo, su oscuridad; por consiguiente, la cuestión de la educación debe ser considerada como de importancia primordial. Desde su infancia, el niño debe ser amamantado en el pecho del amor de Dios y criado en el abrazo de Su conocimiento, para que irradie luz, crezca en espiritualidad, se llene de sabiduría y erudición y adquiera las características de la hueste angelical”- Selección de los escritos de Abdu’l-Bahá, p. 178.

Los escritos bahá’ís enseñan que todo niño ha sido creado noble. Nacemos como una página en blanco, limpia y sin mancha, sobre la cual vamos dibujando nuestras habilidades y talentos. El hecho de educar a los niños para que adquieran una conducta loable y desarrollen las perfecciones humanas, es decir las virtudes, es una manera de protegerlos para que cuando sean mayores, como dice el Dr. Furútan, un erudito bahá’í, “lleguen a ser árboles fructíferos, elementos útiles y de progreso para la sociedad”.

Como madre por supuesto una desea que sus hijos crezcan sin dejarse contaminar, una espera que sus hijos caminen por el mundo sin dejarse influenciar por las fuerzas negativas de la sociedad, una sueña con que ellos crezcan como seres humanos honestos, amables e inclinados al progreso de nuestra civilización.

 “La educación es una de las acciones más meritorias del género humano y atrae la gracia y el favor del Todo misericordioso, pues la educación es la base indispensable para toda virtud humana y le permite al hombre abrirse camino hacia las alturas de perdurable gloria.  Si un niño es instruido desde su infancia, mediante el amoroso cuidado del Santo Jardinero, beberá de las cristalinas aguas del espíritu y del conocimiento, al igual que un árbol que crece en medio de arroyos y riachuelos. Y ciertamente acaparará los brillantes rayos del Sol de la Verdad, y con su luz y calor siempre adquirirá frescor y hermosura en el jardín de la vida.” Ibid, p. -176-177.

Las clases de educación moral organizadas  por la comunidad bahá’í en mi ciudad están despertando hermosos hábitos en este grupo de niños, y ser testigo de esto es un regalo y un apoyo excepcional para los padres.  Nuevamente citando al Dr. Furútan: “hay una gran sabiduría en la larga duración de la niñez, y todo educador debería estar consciente de ello, si los padres no le dan a este tema la atención que merece, pueden dejar pasar una oportunidad preciosísima, y por falta de conocimiento,  y sin quererlo, hacer de sus pequeños niños seres amargados y lúgubres toda la vida”. Darle la debida importancia a la educación espiritual de nuestros hijos es la mejor manera de demostrar amor por ellos con acciones y no solo con palabras.

“Considerad al hombre como una mina, rica en gemas de valor inestimable. Solamente la educación puede hacerle revelar sus tesoros y permitir a la humanidad beneficiarse de éstos”. ―Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 107.

No cabe duda que acercar a nuestros niños al conocimiento de Dios es salvaguardarlos y protegerlos en esta vida material. Debemos despertar su espíritu y grabar en su mente que todo lo bueno viene de Dios, y que las dádivas de Dios nunca dejarán de descender del cielo de su munificencia

Si queremos cambiar la sociedad en la que vivimos, si queremos tener gobernantes honestos, jueces justos, vecinos amables, ¿Qué mejor que educar a nuestros niños? ¿Qué mejor que preocuparnos por su educación espiritual?  Si todos los niños hubieran tenido acceso a una educación espiritual, probablemente no se hubieran inventado las bombas atómicas, no habría gobernantes matando de hambre a sus habitantes, y quizás las cárceles estuvieran vacías.  ¿Qué mejor servicio para nuestra comunidad? ¿Qué mejor protesta contra el orden mundial actual? ¿Qué mejor huelga contra el sistema actual que educar a nuestros niños?

  “El mejoramiento del mundo puede ser logrado por medio de hechos puros y hermosos, por medio de una conducta loable y correcta” ―Bahá’u’lláh citado por Shoghi Effendi en El  advenimiento a la justicia divina, pág. 25.

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