Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Todos los grandes profetas y santos mensajeros fueron refugiados, exiliados que buscaron, enseñaron y confiaron en la bondad humana.

Considere las grandes dificultades que soportaron: maltratados, torturados, exiliados de sus tierras nativas, forzados a deambular por lugares extranjeros sin apoyo ni sustento, perseguidos e incluso ejecutados, todos los mensajeros de Dios sufrieron como emigrantes y refugiados.

Abraham, huyendo de una severa hambruna en su tierra natal de Canaán, emigró a Egipto. Buda abandonó su vida real y emigró a Rajagaha, donde se convirtió en mendicante, un mendigo sin hogar en busca de limosnas en la calle. La familia de Cristo huyó de Belén después del sueño de José sobre el dictamen del rey Herodes de matar a todos los niños varones, ellos entraron a Egipto como pobres inmigrantes. Estos profetas y muchos otros, explican las enseñanzas bahá’ís, se convirtieron en exiliados, refugiados e inmigrantes:

Moisés fue perseguido y expulsado al desierto Abraham fue exiliado, Muhammad buscaba refugio en cuevas, el Báb fue asesinado y Bahá’u’lláh fue exiliado y encarcelado durante cuarenta años. Aun así, todos Ellos desearon el compañerismo y el amor entre los hombres. Soportaron calamidades, sufrieron persecución y muerte por amor a nosotros para que pudiéramos aprender a amarnos los unos a los otros y estuviésemos unidos y asociados en vez de ser discordantes y diferir. Ya son suficientes estos largos siglos que han traído al mundo vicisitudes e injusticias a través de la contienda y el odio. Ahora, en esta radiante centuria, tratemos de acatar la Voluntad de Dios para poder ser rescatados de la oscuridad y salir a la ilimitada luminosidad del cielo, evitando la división y dando la bienvenida a la divina unidad de la humanidad. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 247.

Quizás estas experiencias de privación, persecución y grandes dificultades como extraños en una tierra extraña hicieron que todos los profetas desarrollaran una gran empatía por las personas desplazadas.

Las enseñanzas bahá’ís reflejan ciertamente ese alto nivel de empatía:

Sed siempre amables hacia cualquier persona y un refugio para los que buscan resguardo… – Abdu’l-Bahá, Abdu’l-Bahá en Londres, p. 75.

Por consiguiente, esforzaos para que vuestras acciones sean a diario hermosas oraciones. Volveos hacia Dios, y procurad hacer siempre aquello que es justo y noble. ¡Ayudad al pobre, levantad al caído, confortad al afligido, procurad remedio al enfermo, tranquilizad al temeroso, librad al oprimido, brindad esperanza al desesperado, y albergue al desamparado! – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 105.

Estos nobles objetivos, que se repiten en las escrituras de todas las grandes religiones globales, nos instan a ver a los exiliados, inmigrantes y refugiados como seres humanos como nosotros, no como extranjeros, extraños o usurpadores, sino como seres humanos que necesitan nuestra ayuda:

Cuando una persona dirige su rostro a Dios encuentra el sol por doquier. Todos los seres humanos son sus hermanos. No permitáis que los convencionalismos os hagan parecer fríos e indiferentes cuando os encontréis con personas de otros países. No les miréis como si sospecharais que fuesen malvados, ladrones y ruines. Vosotros pensáis que es necesario tener mucho cuidado, para no exponeros al riesgo de conocer, posiblemente, a personas indeseables.

Os pido que no penséis sólo en vosotros. Sed amables con los forasteros, ya sea que provengan de Turquía, Japón, Persia, Rusia, China o de cualquier otro país del mundo.

Ayudadles a que se sientan como en su propia casa; averiguad dónde se hospedan, preguntadles si podéis prestarles algún servicio, y procurad que sus vidas sean un poco más agradables.

De esta manera, aunque algunas veces lo que vosotros sospechabais al principio fuese verdad, procurad ser amables con ellos, pues esta bondad ayudará a que sean mejores.

Después de todo, ¿por qué ha de tratarse a los extranjeros como si fuesen extraños? …

Poned en práctica la enseñanza de Bahá’u’lláh de ser amables con todas las naciones. No os contentéis con demostrar amistad sólo con palabras; dejad que vuestro corazón se encienda con amorosa bondad hacia todos los que se crucen en vuestro camino. – Ibid., pág. 18.

Para los bahá’ís, toda consulta sobre problemas sociales difíciles, como la inmigración, comienza con la identificación de los principios espirituales involucrados en este tema. Estos principios espirituales universales, la unidad de la raza humana; la consideración de toda la Tierra como un solo país; la amabilidad y compasión para todos, independientemente de sus costumbres, credo o cultura: nos exhorta a que ofrezcamos refugio a los exiliados, los desamparados y los inmigrantes.

Ciertamente, todos podemos hacer nuestro mejor esfuerzo por extender esa mano amorosa de compasión y amabilidad a aquellos que conocemos personalmente, pero ¿qué pasa con las políticas de nuestros países? ¿Cómo podemos influir mejor en las políticas y prácticas de inmigración de nuestras diversas naciones para que comiencen a reflejar una realidad más espiritual?

En el siguiente ensayo de esta serie, examinaremos esa difícil pregunta.

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