Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

La mayoría de las personas negras saben lo traumático que es ser víctima del racismo. Pero, ¿qué haces cuando es tu familia, amigos o seres queridos los que te hieren? Las personas de color que tienen familiares cercanos y amigos que son blancos tienen que aprender a comunicarse con sus seres queridos para que puedan ser escuchados. Muchas personas con ancestros negros y blancos están usando sus experiencias únicas para trabajar hacia la unidad racial y mejorar las relaciones raciales.

El proceso de curación de un trauma basado en el racismo infligido por la familia y los amigos puede ser largo, difícil y doloroso. Pero cuando tus seres queridos son también tus opresores, cuando has podido verlos en sus puntos más altos y más bajos, sabes que pueden hacerlo mejor.

Los bahá’ís también creen que tenemos la responsabilidad espiritual de resolver esto. De hecho, Shoghi Effendi, una de las figuras centrales de la fe bahá’í, dijo que la libertad de prejuicios raciales debe ser cultivada deliberadamente en cada aspecto de nuestras vidas. En una carta escrita en 1938, escribió:

“La liberación del prejuicio racial en cualquiera de sus formas, en tal época como la actual cuando una porción grande y creciente de la raza humana está cayendo víctima de su ferocidad devastadora, debe ser adoptada como el lema de todo el cuerpo de creyentes americanos, en cualquier Estado en el que ellos residan, en cualquier círculo en que se muevan, no importa qué edad, tradiciones, gustos y hábitos ellos tengan. Ésta debe ser demostrada en forma consistente en cada fase de su actividad y de su vida, ya sea dentro de la comunidad Bahá’í o fuera de ésta, en público o privado, formalmente tanto como informalmente, individualmente tanto como en capacidad oficial como grupos organizados, comités y Asambleas”.

Enfrentando el racismo en la familia

No podemos abordar el racismo hasta que lo reconozcamos y lo enfrentemos directamente. Como dice Angela Caldwell, una consejera de adicciones certificada: “Estás tan enfermo como los secretos que guardas”.

“El racismo existe incluso en la familia más cariñosa y multirracial”, dice Jamey Heath, de 50 años, residente en Los Ángeles. Su padre es negro y su madre blanca. Jamey creció en vecindarios predominantemente blancos, fue a escuelas mayoritariamente blancas y no se crió con ninguno de sus familiares negros. Una lección crucial que su educación le enseñó es que no puedes esconderte del racismo.


Incluso “con las personas mejor intencionadas y maravillosas que tienen una conducta moral y una capacidad espiritual elevadas, existe esta niebla tóxica [de racismo] que se extiende por toda la casa y la familia, y la respiramos y nos está matando, y ni siquiera nos damos cuenta hasta más tarde, cuando ya tienes el cáncer”, dice Jamey.

La Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de los Estados Unidos escribió en 2017 acerca de lo omnipresente que es esta enfermedad espiritual:

“La nación está afligida por un profundo desorden espiritual, que se manifiesta en un materialismo desenfrenado, una decadencia moral generalizada y un prejuicio racial profundamente arraigado. Como resultado, millones de nuestros compatriotas, sujetos a injusticias sistémicas en muchas facetas de la vida, se ven impedidos de hacer su plena contribución a la sociedad y de participar plenamente en sus beneficios. Nadie es inmune a este desorden – todos somos miembros de esta sociedad y en cierto grado sufrimos los efectos de sus males”.

Jamey dice que le recriminaban constantemente “por ser moreno y más oscuro, bromeaban no solo dentro de mi familia, sino también fuera de ella, más aún en la escuela, en la vida, en mi vecindario, lo que hacía difícil sentir que encajaba”.

Kayla Taylor, una joven de 21 años de Chicago, negra, blanca, colombiana y hondureña, dice que fue testigo del racismo contra su padre, que es blanco y negro, por parte de un miembro de su familia extensa. “Siento que hay una generación de latinos mayores en la que es común ser racista”, dice Kayla. “Mi bisabuela solía decir: ‘La gente de pelo claro [y ojos azul claro] estaba más cerca de Dios'”.  


Aunque Kayla se rió de esto por teléfono conmigo, admite que su bisabuela nunca la aceptó del todo. Recuerda una conversación que sus primos tuvieron con su bisabuela antes de que todos fueran a su fiesta de 15 años. “Mis primos tuvieron que advertirle a mi bisabuela”, dice Kayla. “Ellos le dijeron: ‘van a ser personas de raza negra en la fiesta, y son su familia’. Y ella había dicho: ‘No, no lo son. No son su familia”. Ella estaba, dice Kayla, “negando la existencia este lado de mí que quería ocultar”.

La importancia de hablar sobre la raza

“Hay buenas intenciones, pero falta de comprensión debido a la falta de exposición”, dice Joshua Rysiew, un joven de 18 años de Georgia que es negro, persa y canadiense. Joshua dice que cree que es importante que los blancos tengan amistades diversas y hablen de estos temas. Al igual que Jamey, ha asistido a escuelas predominantemente blancas y ha sido víctima de bromas sobre personas de ascendencia del Oriente Medio y ha sido objeto de perfiles raciales.


Mientras esperaba en su coche para dar una clase de niños en un barrio predominantemente blanco, alguien llamó a la policía y dijo que estaba robando correo de los buzones. Dice que fue una experiencia surrealista. “Con la ignorancia, vienen los errores”, dice, señalando que ahora se centra en tener conversaciones sobre el racismo con cualquier amigo que le escuche.

Jamey también está teniendo esas conversaciones. “Tengo amigos que son blancos cuyos lentes todavía están borrosos, pero también puedo ver su bondad y ver que son decentes por naturaleza, si no me hubiera criado en una familia mixta, si no me hubiera criado entre gente blanca tal vez no lo sentiría así”, dice. “El observar algo de su naturaleza inferior, pero también ver algo de su naturaleza superior, me permite manejarlo de manera diferente”.

Ananda Ewing-Boyd, de 21 años de edad, nativa de Washington, D.C., que tiene dos abuelos negros y dos abuelas blancas, dijo que tener abuelas con conciencia social le permite recordar la humanidad de las personas blancas. Pero su ejemplo también la lleva a mantener a las personas blancas en un estándar más alto ya que la unidad racial guía cada decisión que su familia toma.


Y, Shoghi Effendi subrayó lo urgente que es resolver los prejuicios raciales en este país:

“Los esfuerzos incesantes que exige este tema de importancia principalísima, los sacrificios que debe imponer, el cuidado y la vigilancia que éste requiere, el valor y fuerza moral que éste requiere, el tacto y simpatía que éste necesita, invisten este problema, el cual los creyentes americanos se encuentran lejos de haber resuelto satisfactoriamente, de una urgencia e importancia que no pueden ser exageradas”.

Jamey dice que como el racismo que experimentó no fue abordado y amonestado, lo internalizó. Cuando era joven, se preguntaba si él era el problema. “Estaba muy orgulloso de decir que mi madre era blanca, como si eso me hiciera más agradable”, dice Jamey. Compartió que no fue hasta los 25 años que se dio cuenta de que no “necesitaba hacer eso para ser visto”.

“Si nadie a tu alrededor te hace sentarte y te pregunta sobre eso, entonces nunca lo identificas”, dice Jamey. “Así que solo vives con esta enfermedad hasta que tienes la edad suficiente para mirar atrás y [decir], ‘Oh, era eso lo que tenía'”.

Kayla dice que fue capaz de desarrollar una identidad positiva porque la raza siempre fue parte de las conversaciones de su familia inmediata. “Fui a una escuela Montessori en Hyde Park en Chicago en el South Side, así que siempre fueron muy abiertos a preguntar y hablar sobre raza a una edad temprana en mi escuela. Nos enseñaron bien la historia”, dice.

“Darse cuenta del contexto histórico [y] las realidades de nuestra historia en nuestro país”, dice Kayla, “definitivamente me ayudó a hablar sobre el tema de la raza y a identificarme”. Sus padres la mantuvieron en diversas áreas y escuelas, para que no se sintiera como una minoría y no se viera reflejada en los demás.

Lo que les da esperanza

Todas estas personas trabajan por la unidad racial a su manera. Kayla organiza reuniones virtuales sobre el racismo. Jamey y Joshua participan continuamente en conversaciones con sus amigos y seres queridos blancos para ayudarles a entender cómo prevalecen los prejuicios raciales. Ananda se centra en la lucha contra el racismo internalizado y en capacitar a los niños negros para que vean su nobleza.

“Nosotros [las personas negras] hemos estado corriendo con pesas encima”, dice Ananda. Eso la inspira a preguntarse, “¿Qué es lo que podríamos lograr si fuéramos libres?”.

Joshua dice que aunque este es un momento increíblemente turbulento, ver mayor conciencia sobre el racismo y la opresión sistémica realmente le da esperanza para el futuro.

Como dice Kayla, “Realmente puedes sentir el cambio espiritual”.

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