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¿Jesús predijo a Muhammad?

Peter Terry | Mar 4, 2021

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Peter Terry | Mar 4, 2021

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Durante más de 1.400 años, los musulmanes han creído que Jesús predijo la llegada de un mensajero después de él, que se llamaría Ahmad, sin duda una referencia a Muhammad: 

«Y cuando Jesús, el hijo de María, dijo: ‘Oh, hijos de Israel, ciertamente soy el apóstol de Dios enviado a vosotros, confirmando la ley que fue entregada antes que yo, y trayendo buenas noticias de un apóstol que vendrá después de mí, y cuyo nombre será Ahmad’.» – Sura de las filas, Corán 61:6.

Durante el mismo tiempo, los cristianos han negado que existiera cualquier referencia a Muhammad en el Nuevo Testamento, a lo que los musulmanes han respondido que los cristianos deben haber extirpado las profecías pertinentes de su texto. Esta antigua disputa ha ampliado el abismo entre los mundos cristiano y musulmán.

Se han hecho algunos intentos de armonizar el griego de «el Consolador» prometido en el Evangelio de Juan y en la Primera Epístola de Juan (2:1) con la traducción árabe de esa palabra. Pero la palabra griega parakletos (en español, paráclito) significa «defensor» mientras que Ahmad significa «alabado». 

La palabra griega que más se acerca –periklytos– significa «muy alabado». Esta explicación atrae a algunos musulmanes, convencidos por su comprensión tradicional de ciertos versos del Corán de que los versos de las escrituras cristianas fueron falsificados o «perdidos» para impedir el reconocimiento de Muhammad.  Esta afirmación es tan absurda a los ojos de los cristianos que no sirve para demostrar la secuencia histórica natural de Muhammad después de Jesús como su regreso y su sucesor.

Sin embargo, una palabra anteriormente ignorada puede considerarse como un vínculo entre el cristianismo y el islam. Bahá’u’lláh escribió que:

…los pueblos cristiano y judío no han entendido el propósito de las palabras de Dios y las promesas que les hizo en Su Libro y por ende han negado Su Causa, se han apartado de Sus Profetas y han rechazado Sus pruebas. – Bahá’u’lláh, Gemas de misterios divinos.

Luego escribió:

…pasaré a referirte ciertos pasajes revelados en los Libros de antaño y mencionaré algunos de los signos que anunciaron la aparición de las Manifestaciones de Dios en las santificadas personas de Sus Escogidos. Bahá’u’lláh, Gemas de misterios divinos.

Bahá’u’lláh primero citó el Evangelio de Mateo diciendo “Éste es el texto de lo que se reveló antiguamente en el primer Evangelio, según Mateo, acerca de los signos que tenían que anunciar el advenimiento de Aquel que vendría después de Él”. Ibidem.

“Inmediatamente después de la opresión de aquellos días, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su fulgor, y los astros caerán del cielo, y los poderes de los cielos serán sacudidos: entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, y se lamentarán todas las tribus de la tierra y verán al Hijo del hombre llegar en las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y enviará a sus ángeles con un gran toque de trompeta”. – Mateo 24:29-31.

Bahá’u’lláh también citó el Evangelio de Lucas:

“Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y, sobre la tierra, ansiedad de las naciones, desconcertadas por el estruendo del mar y del oleaje; y los poderes del cielo serán conmovidos. Entonces verán al Hijo del hombre llegar en una nube con poder y gran gloria. Y cuando comiencen a ocurrir estas cosas, sabed que el Reino de Dios se halla cerca”. – Lucas 21:25-28

Ambos pasajes evangélicos predicen que el «Hijo del hombre», interpretado por los cristianos como el regreso de Jesucristo, volverá «con poder y gran gloria». Los términos griegos originales utilizados para «gran gloria» en ambos relatos evangélicos significan de diversas maneras «alabanza, honor, gloria, esplendor, renombre».  Los traductores y comentaristas cristianos han interpretado tradicionalmente la palabra en el contexto en el que se encuentra en estos dos textos evangélicos como algo que denota «gloria».

El término hebreo kavod se ha traducido a menudo al griego como doxis, y ambas palabras comparten este significado de «gloria». También comparten las insinuaciones de esplendor, honor y brillo, términos todos ellos asociados a la aparición de lo divino en el desierto del Sinaí, a Moisés y a algunos de los profetas, especialmente Ezequiel. Así que «gloria» se ajusta al significado del griego en estos versículos. 

Pero como hay otros significados de esta palabra, es tentador considerar cómo podría relacionarse con las profecías aparentemente incumplidas sobre la llegada de Muhammad. Es de esperar que el regreso de Jesucristo sea recibido con alabanzas de sus seguidores y de toda la tierra. La raíz triliteral árabe de Ahmad -H-M-D- significa que todas las palabras que derivan de esa raíz están relacionadas con «alabanza». Eso incluye Ahmad, que significa «muy alabado» y Muhammad, que significa «digno de alabanza».

¿Podría ser que los eruditos musulmanes no estuvieran lo suficientemente familiarizados con el griego original de los relatos evangélicos como para reconocer la posibilidad de que el Ahmad prometido del Corán y el nombre de su profeta Muhammad hubieran estado allí todo el tiempo, en «las nubes del cielo con poder y gran gloria»? 

¿Es posible que los eruditos cristianos no quisieran señalar estas similitudes entre la nomenclatura griega y la árabe, por temor a que sus correligionarios abandonaran el redil y abrazaran el Islam? Sean cuales sean los obstáculos de una época anterior, ahora que la humanidad se orienta hacia el entendimiento mutuo, todos tenemos buenas razones para considerar nuevas formas de interpretar estas antiguas palabras. 

Si se puede argumentar que Jesús previó y predijo la llegada de Muhammad, esto podría empezar a curar las heridas que han separado y enemistado a las dos mayores comunidades religiosas del planeta. Incluso podría llevar a la gente a reconocer la unidad esencial de todos los profetas y sus fes, cumpliendo las propias palabras de Bahá’u’lláh:

Si fueras de los que habitan esta ciudad dentro del océano de la unidad divina, verías a todos los Profetas y Mensajeros de Dios como una sola alma y un solo cuerpo, como una sola luz y un solo espíritu, de tal modo que el primero de ellos sería el último y el último, el primero; porque todos se han dispuesto a proclamar Su Causa y han establecido las leyes de la sabiduría divina. Todos y cada uno son las Manifestaciones de Su Ser, los Depositarios de Su poder, los Tesoros de Su Revelación, los Puntos del amanecer de Su esplendor y las Auroras de Su luz. Mediante ellos se manifiestan los signos de la santidad en las realidades de todas las cosas y las muestras de la unicidad en la esencia de todos los seres. A través de ellos se revelan los elementos de la glorificación en las realidades celestiales y los exponentes de la alabanza en las esencias eternas. De ellos ha procedido toda la creación, y a ellos ha de regresar todo cuanto se ha mencionado. Y ya que en su más íntimo Ser son los mismos Luminares y los mismos Misterios, deberías mirar su condición exterior a la misma luz, a fin de que los reconozcas a todos como un solo Ser; es más, los halles unidos en sus palabras, discurso y expresión.  Bahá’u’lláh, Gemas de misterios divinos.

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