Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

John y yo volvimos a casa recientemente después de visitar a una familia de fuera de la ciudad a la que no habíamos visto en mucho tiempo.

Habían pasado varios años desde la última vez que los visitamos, así que me pensé que tal vez necesitaríamos algunos días para acercarnos nuevamente, para ponernos al día y volver a entendernos de alguna manera. Pero esto no resultó ser necesario.

Hemos tenido experiencias similares en los últimos años, al visitar a otros amigos o cuando nos visitaban a nosotros. No parecía importar quién visitaba a quién, porque en cualquier caso estábamos contentos de estar juntos y restablecimos rápidamente nuestra conexión. Además del hecho de que eran personas encantadoras, graciosas y divertidas con las que estar, había algo más: el hecho de que somos una familia.

¿Qué significa esto? Supongo que la explicación más simple son las raíces comunes y un historial compartido – biológico, social, cultural. Incluso los miembros de la familia que se encuentran separados por tiempo y distancia pueden identificarse con esto, aunque no todos eligen construir sobre estos cimientos de una manera amorosa y unificada.

Pero la familia significa algo más que tener el ADN en común y estar en la misma tabla genealógica. Para saber más sobre esto, hice una búsqueda de la palabra “familia” a través de la versión electrónica de los escritos bahá’ís y obtuve 3251 coincidencias.

Afirmando el significado más amplio de familia, Abdu’l-Bahá dijo:

Todos son seres humanos, todos pertenecen a la familia de la humanidad… hasta que toda la humanidad se considere a sí misma como una sola familia, unidos todos en el amor. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 146.

El reconocer que todos somos en realidad una familia, es a su vez poderoso y unificador. Esta cita de Bahá’u’lláh deja claro que vernos como una familia humana es incluso el principal prerrequisito para la paz. Por lo tanto, cada uno de nosotros tiene un papel en la creación de un mundo en paz:

El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inalcanzables, a menos que su unidad sea firmemente establecida. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, pág. 322.

Parafraseando las ideas de varios pasajes de Abdu’l-Bahá, puedo imaginar que se comparan las naciones con los miembros de una familia. Tal vez podríamos pensar en una familia como una nación en miniatura; si ampliáramos el círculo de la familia, tendríamos una nación. Si ampliamos el círculo de naciones, tendríamos el mundo entero y toda la humanidad. En esta metáfora, las condiciones que rodean a la familia rodean a la nación, y la condición de las naciones son la condición del mundo.

Cuando pienso en la diversidad de la familia humana y su papel en la creación del amor y la armonía, me encuentro comparándola con la música, con notas que se mezclan. Me pregunto si esto describe la verdadera paz: la música más magnífica que pueda imaginarse, creada por la mezcla completa de todas las personas.

Sí, admito que todo esto suena idealista. Mi propia familia, como la gran mayoría, tiene sus problemas. Viejos rencores, falta de comunicación, disputas no resueltas, indiferencia… entre otros. Así que tal vez nuestras propias familias físicas forman un paralelo con la gran familia humana. Somos imperfectos pero aun así merecemos amor, compasión y perdón.

A pesar de lo caótico que es el mundo hoy en día, las enseñanzas bahá’ís dicen que un fuerte trasfondo espiritual nos mueve ahora hacia el establecimiento de la paz universal. Bahá’u’lláh prometió que la paz es inevitable, en algún punto del futuro. Mientras tanto, ¿qué pasaría si, empezando ahora, todos reconociéramos que somos una familia? ¿Y si nuestras acciones diarias demostraran este hecho? Entonces seguramente estaríamos mucho más cerca de tener la paz como una realidad para nosotros y nuestra familia, tanto ahora como en el futuro:

Esforzaos con alma y corazón para que mediante vuestros ímpetus la luz de la paz universal brille y esta oscuridad de alejamiento y enemistad desaparezca de entre los hombres; que todos los hombres sean una sola familia y se asocien con amor y bondad, que el Este ayude al Oeste, y que el Oeste dé ayuda al Este, pues todos son los habitantes de un planeta, el pueblo de un mismo originario país y rebaños de un solo Pastor. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 455.

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