Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Las investigaciones médicas demuestran que el estrés contribuye al desarrollo de un número inquietante de trastornos y enfermedades – entonces, ¿cómo podemos liberarnos del estrés espiritualmente?

La investigación científica ha demostrado que el estrés puede tener un impacto importante en el cuerpo – y con el estado actual del mundo, no estamos precisamente libres de motivos para estar estresados. A pesar de que el mundo se siente a menudo caótico y lleno de dificultades, todavía está en nuestras manos decidir cómo reaccionamos a lo que se nos presenta.

Los escritos bahá’ís esclarecen el papel que juega el alma en esta relación entre el estrés y el cuerpo físico:

Si algún amigo nos causa alegría o pena, si un amor resulta verdadero o falso, es el alma la afectada. Si nuestros seres queridos están lejos de nosotros, es el alma la que sufre, y las penas y las tribulaciones del alma pueden manifestarse en el cuerpo. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 28.

Probablemente ya conozca algunos de los ejemplos más evidentes: cuando nos mentimos, nos pueden sudar las palmas de las manos; cuando nos sentimos culpables, nos puede doler el estómago; o cuando nos sentimos ansiosos, podemos tener problemas para tener una noche de sueño reparador.

Existen muchos otros ejemplos más complejos de cómo las aflicciones que afligen nuestras mentes y almas también afectan a nuestros cuerpos. Por ejemplo, el estrés relacionado con el racismo crea problemas de salud para las mujeres negras que van a dar a luz; el cáncer ha sido vinculado al estrés; y cuando alguien no tiene los recursos para abordar el malestar psicológico desencadenado por un trauma, a veces se recurre a sustancias nocivas. Una vez que alguien se vuelve adicto o químicamente dependiente, pueden comenzar a surgir una gran cantidad de síntomas físicos y dolor:

Ser puro y santo en todas las cosas es atributo del alma consagrada y característica esencial de la mente libre. La mejor de las perfecciones es ser inmaculado y librarse a sí mismo de todo defecto…

Lo primero en el modo de vida de un ser humano debe ser la pureza, luego la frescura, la limpieza y la independencia de espíritu. Primero debe limpiarse el cauce, luego las dulces aguas del río pueden ser introducidas en él. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 198.

Las fuentes de estrés en el mundo a menudo provienen de problemas espirituales o de malentendidos. Muchos de nosotros sufrimos estrés financiero o nos enfrentamos a la pobreza material porque otros poseen cantidades desproporcionadas e innecesariamente grandes de riqueza. La codicia desenfrenada y el materialismo nos han llevado a una maraña de crisis ambientales. El racismo surge de la incapacidad de comprender la realidad espiritual de que la diversidad es una parte natural y hermosa de la humanidad.

Cuando el estrés está relacionado con estas raíces más amplias y penetrantes, los escritos bahá’ís dicen que es necesaria la participación universal para poder superarlas de manera efectiva. Debemos mejorar nuestra capacidad para incluir a un número cada vez mayor de personas y sentirnos apoyados al contribuir a un objetivo más grande que nuestras aspiraciones personales, y para esto se requiere un cambio en la cultura:

El verdadero secreto de la participación universal yace en el deseo, a menudo expresado por [Abdu’l-Bahá], de que los amigos se amen unos a otros, se alienten constantemente, trabajen juntos, sean como una sola alma en un cuerpo, y al hacerlo se conviertan en un cuerpo verdadero, orgánico y saludable, animado e iluminado por el espíritu. – La Casa Universal de Justicia, en un mensaje a los bahá’ís del mundo, septiembre de 1964. [Traducción provisional]

Aunque ninguno de nosotros tiene el poder de agitar una varita mágica y lograr la paz mundial, cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar en el progreso hacia ese objetivo. En lugar de ceder ante las acciones y los sentimientos caóticos, podemos unirnos con las personas que se centren en la construcción de la prosperidad para todos.

A medida que trabajamos para abordar las fuentes de estrés de la sociedad, no nos olvidemos de atender nuestras propias necesidades individuales. Proteger nuestra salud requiere que desarrollemos hábitos que nos permitan pasar por situaciones estresantes sin internalizar esos sentimientos. La oración y el desprendimiento nos ayudan a “dejar ir y confiar en Dios”. En lugar de aferrarnos al estrés y dejar que se fije en nuestros cuerpos, podemos elegir la alegría aun en medio de las dificultades.

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