Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Simplemente por menstruar, a las mujeres y a las niñas a menudo se les niegan los recursos básicos que les permitan alcanzar su máximo potencial como protagonistas en el establecimiento de una civilización igualitaria.

Durante sus ciclos menstruales, las mujeres y las niñas fueron expulsadas de los templos, condenadas al aislamiento en chozas (lo que en algunos casos ha resultado en la muerte), tratadas como impuras y obligadas a faltar a la escuela debido a la vergüenza social asociadas con los períodos, especialmente teniendo en cuenta la falta de acceso a productos de higiene menstrual.

Muchas culturas en todo el mundo enseñan a las mujeres y las niñas a avergonzarse de sus cuerpos, y cada mes reciben un recordatorio de esa vergüenza: su ciclo menstrual. Esta vergüenza y los impactos sociales resultantes privan a las mujeres y las niñas de la oportunidad de tener éxito.

Las enseñanzas bahá’ís señalan que a las mujeres se les ha negado durante mucho tiempo la igualdad en la educación, lo que ha restringido su plena participación en el mundo:

En resumen, la historia aporta evidencias de que en los siglos pasados hubo grandes mujeres como así también grandes hombres, pero en general, debido a la falta de ventajas educativas, las mujeres han sido limitadas y privadas de la oportunidad de volverse plenamente calificadas y representantes de la humanidad. Cuando se les dio la oportunidad de educarse, mostraron igual capacidad que los hombres. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 290.

Privar a una niña de su educación equivale a condenarla a esa misma cabaña de aislamiento, donde está disociada de la sociedad y despojada de su propia representación. Según UNICEF, las niñas que abandonan la escuela secundaria tienen seis veces más probabilidades de casarse jóvenes, y en África subsahariana y Asia meridional y occidental, la incidencia del matrimonio infantil disminuiría en más del 60 por ciento si todas las niñas recibieran educación secundaria.

Las enseñanzas bahá’ís tienen una visión singular acerca de esta injusticia: “La educación de las niñas reviste hoy más importancia que la de los niños, pues ella es la madre de la futura raza…” – Abdu’l-Bahá, Abdu’l-Bahá en Londres, pág. 34. Los escritos de bahá’ís dicen claramente que si los padres solo tienen los medios para educar a un hijo, deben priorizar la educación de una niña antes que la del niño:

Trabajad por la guía de las mujeres de esa tierra, enseñad a las jóvenes y a los niños, para que las madres instruyan a sus pequeños desde sus primeros días, los eduquen concienzudamente, los críen para que tengan un buen carácter y buenas costumbres, los conduzcan hacia todas las virtudes de la humanidad…- Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 95.

A pesar de esta gran responsabilidad de educar a sus hijos, muchas mujeres aún se sienten avergonzadas de los procesos biológicos que le permiten traer a ese niño al mundo:

Has de saber, oh sierva, que ante la vista de Bahá, las mujeres son consideradas iguales a los hombres y Dios ha creado a toda la humanidad a Su propia imagen y semejanza. Es decir, los hombres y las mujeres por igual son los reveladores de Sus nombres y atributos y, desde el punto de vista espiritual, no existe diferencia entre ellos. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 61.

¿Cómo se puede avergonzar a las niñas cuando han sido creadas a imagen de Dios? La menstruación no solo es una bendición de Dios que debe celebrarse, de hecho, algunas culturas celebran el primer período de las niñas, sino que debemos seguir su guía al discutir abiertamente este tema para generar una comprensión y un aprecio más profundos entre las niñas y los niños, sin mencionar a las mujeres y los hombres.

Cuando callamos los problemas, limitamos nuestra comprensión. Sin comprensión, no podemos esperar desarrollar empatía, y sin empatía, especialmente por parte de los hombres hacia las mujeres en este caso, no podremos lograr la igualdad tan fundamental para el progreso de la humanidad. Romper el tabú de la menstruación crea el primer paso necesario para desmantelar los problemas sistémicos de la inequidad menstrual. Mientras ese tabú permanezca firmemente en su lugar, no podremos discutir estos temas importantes abiertamente, las niñas seguirán sintiéndose avergonzadas y la sociedad continuará ignorando el imperativo de proporcionar acceso a productos de higiene menstrual. Las niñas continuarán salteándose la escuela y perderán oportunidades para contribuir al avance de sus comunidades. Al hacer todo lo posible para revertir esas tendencias, cada una de nosotras puede luchar como defensora de la educación de las niñas y contribuir a mantener a las niñas en la escuela al facilitar el acceso a productos de higiene menstrual. De esa forma, todos podemos apoyar la igualdad de género y ayudar a la humanidad a llevar adelante una civilización en continuo progreso.

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