Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Anoche vi “Nosotros” la película de Jordan Peele que está resonando en el mundo del cine actualmente.

(Advertencia de spoilers, así que tengan cuidado si aún no la han visto).

Al igual que muchas piezas de arte provocativas, esta contiene muchos temas de múltiples capas, entrelazados en los detalles de la película. Sin lugar a duda, esta es una de esas películas en las que sales del cine con una imagen totalmente diferente de la persona sentada a tu lado. Hay tanto que examinar. Solo con verla una vez, aprendí sobre temas relacionados con el encarcelamiento en masa, el conducto de la escuela a la prisión, el instinto maternal, el fraude histórico estadounidense, la negación estadounidense y el capitalismo.

Uno de estos temas me pareció especialmente impactante, ya que transmite un mensaje que no solo hace reflexionar a las personas, sino que incluso podría tener un efecto dominó en la audiencia, ya sea que estemos conscientes de ello o no: los humanos estamos profundamente interconectados. Aunque hemos creado con éxito barreras que nos hacen creer que somos fundamentalmente diferentes entre nosotros, que algunos de nosotros somos demasiado buenos y otros están “descompuestos”, esto no es cierto. El sufrimiento de algunos conduce inevitablemente al sufrimiento de todos.

Después de ver más de una hora el primer personaje de Lupita Nyongo, Adelaide, tratando de protegerse a ella y a su familia de sus contrapartes, descubrimos que Adelaide era en realidad del mundo de los dobles todo el tiempo. Cuando ella era tan solo una niña, las dos cambiaron de lugar y la persona “normal”, a la que habíamos estado apoyando todo ese tiempo, no era ni siquiera de este plano de existencia. Ella nació originalmente en el mundo de las personas de la sombra que vivían en lo profundo de la tierra, obligadas a imitar los movimientos de una vida de la cual estaban privados de vivir plenamente.

Cuando descubrí que “Adelaide” era en gran parte el resultado de los recursos a los que tuvo acceso, que había podido reprimir sus respuestas más animales al trauma, y optó por dejar atrás el sufrimiento y la opresión de su infancia, sentí escalofríos. Además, del impacto de descubrir algo que no habías considerado en absoluto como miembro de la audiencia, este giro de la historia tenía mucho significado.

Digamos lo evidente: la mayoría de las personas afirman que debemos tener unidad en la tierra, y que lo ideal es que vivamos en paz y armonía unos con otros. Muchos de nosotros diríamos que queremos hacer del mundo un lugar mejor, que queremos que más personas sean felices y que sería fantástico erradicar la pobreza. Pero al mismo tiempo, la mayoría de nosotros somos víctimas de la suposición subyacente de que vivimos en un mundo de hombres-contra-hombres y que no todos podemos ser felices: alguien tiene que sufrir y no hay una solución real para la desigualdad.

Aunque ciertamente no afirmaré que esta película ofrece algún tipo de antídoto para estos sentimientos, sí creo que profundizar nuestra comprensión de nuestra interconexión es fundamental para que nuestro mundo se cure. Debemos darnos cuenta de que esta interconexión no es solo entre personas de diferentes razas, religiones o clases, sino también entre personas que son moralmente diferentes. Tal vez pensemos que ya sabemos que somos iguales a aquellos que son diferentes a nosotros, pero ¿qué pasa con las personas que estimamos como malas personas? ¿Creemos también que estamos conectados a ellos?

Las enseñanzas bahá’ís dicen que existe un potencial profundo y sin explotar que no estamos aprovechando debido a nuestra incapacidad para comprender cuán profundamente interconectados estamos:

La unidad que produce frutos sin limites es, primero, una unidad de la humanidad que reconoce que todos están protegidos bajo la gloria del Todo Glorioso; que todos son siervos del único Dios, pues todos respiran el mismo aire, viven sobre la misma tierra, se mueven bajo los mismos cielos, reciben el fulgor del mismo sol y están bajo la protección del Dios Único. Esta es la más grande unidad, y sus frutos son perdurables si la humanidad se adhiere a ella. Pero hasta ahora la humanidad la ha violado adhiriéndose a unidades sectarias o de otro tipo, como la racial, nacionalista o de intereses sectarios. Por tanto, no se han producido grandes resultados. Sin embargo, es evidente que el esplendor y favores de Dios lo abarcan todo, las mentes se han desarrollado, las percepciones se han agudizado, las ciencias y las artes se han extendido y existe la capacidad para proclamar y promulgar la verdadera y final unidad de la humanidad, la cual dará frutos maravillosos. Reconciliará a todas las religiones, hará que las naciones guerreras se amen, hará que los reyes hostiles se vuelvan amigables y traerá la paz y felicidad al mundo humano. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 205.

Las grandes obras de multimedia son solo una de las herramientas que tenemos para ayudarnos mutuamente a funcionar de una manera menos crítica. Además, de ser una gran película, “Nosotros” es un ejemplo fantástico de cómo una película puede ayudarnos a reconocer nuestra unidad.

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