Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Tengo una amiga que está en la universidad como una estudiante mayor. Ella se esfuerza mucho en sus estudios y le va bien, pero me dijo que en los proyectos grupales muchos de sus compañeros más jóvenes se rinden fácilmente.

Se encogen de hombros diciendo que tal vez no son lo suficientemente inteligentes, o no están dispuestos a trabajar más duro para lograr más, sin ver el valor de poner más esfuerzo en sus proyectos.

Algunos pueden decir que estas son razones razonables para no persistir. Otros pueden afirmar que es una diferencia generacional, que los jóvenes de hoy en día son perezosos y no tienen la ética de trabajo que tienen los adultos. Pero para mí la respuesta no es tan directa. Creo que todos podemos obtener motivación, cualquiera que sea nuestra edad, para hacerlo mejor y perseverar.

Estas palabras vienen de Albert Einstein: “No es que yo sea muy listo, es solo que me quedo con los problemas por más tiempo”.

Aunque sospecho que no estaba dando todo el crédito a su propio intelecto, su legendaria perseverancia es digna de ser emulada. En contraste, mucha gente inteligente carece de esa cualidad y logra muy poco. También es cierto que muchas personas intelectualmente promedio hacen contribuciones significativas a la vida y al aprendizaje a través de su voluntad de aplicarse, ya sea resolviendo un problema o aprendiendo una nueva habilidad.

En este sentido, a menudo me recuerdo a mí misma de una cita de Bahá’u’lláh: “Quédate tranquilo y persevera” – El llamamiento al señor de las huestes, pág. 194.

Esto me dice que confíe en mis esfuerzos y que siga intentándolo. Shoghi Effendi ofreció un estímulo similar, escribiendo “El final es glorioso si tan sólo perseveramos“. – Arohauni-Cartas a Nueva Zelanda, p. 22.

Por supuesto que siempre nos enfrentaremos a obstáculos y problemas. ¿Dejo que eso me detenga? ¿Estoy decidida a hacer lo que sea necesario? ¿Tengo confianza en mí misma? ¿Estoy feliz por el desafío y agradecida por la oportunidad? ¿Soy flexible y estoy dispuesta a probar nuevas formas de alcanzar mis objetivos?

Creo que otro elemento para la perseverancia es la humildad. Admitir que no sé cómo hacer algo y que debo tomarme el tiempo para aprender puede ser una lección de humildad, especialmente en una situación en la que podría haber pensado desde el principio que estaba lista para hacerlo. Pero el punto es que todos nosotros -incluso Albert Einstein- necesitamos perseverar para lograr nuestras metas sin tener miedo de no saber cómo hacerlo.

Dado que las personas tienden a aprender de diferentes maneras, para algunos de nosotros eso significa aprender a través de nuestros errores. Si no estoy dispuesta a adoptar un enfoque humilde del aprendizaje y aceptar los errores como una retroalimentación útil, entonces me estaré defraudando a mí misma y probablemente fracasaré.

Participar en todo este proceso también requiere optimismo, lo que incluye creer en la existencia de una solución al problema o una forma de lograr la meta. Einstein no perseveró sin confiar en el resultado. Tenía mejores cosas que hacer. ¿No lo tenemos todos?

A veces necesitamos ser desprendidos, con lo cual me refiero a tener la voluntad de detener o redefinir la meta. Por mucho que lo intente, no voy a ser una bailarina profesional de ballet, pero puedo aprender a bailar. Probablemente no voy a ser CEO de una compañía de Fortune 500, pero puedo ayudar a una organización local a encontrar nuevas formas de recaudar fondos. No soy apta para competir en las Olimpiadas, aunque puedo mejorar mi velocidad y resistencia al correr. Con este enfoque, siempre puedo ganar mi propia carrera personal. Después de todo, la vida no es una competencia – en cambio, la vida significa lograr lo que cada uno puede.

Afortunadamente, no todo en la vida tiene que ser un gran emprendimiento. Eso sería agotador, por decir lo menos. Por el contrario, hacer un gran esfuerzo; comprometerse a resolver problemas o innovar; y tener éxito en mis propios términos: eso es muy estimulante, sin importar la edad.

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