Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Es superficial preocuparse por la apariencia, o podría ser simplemente otra forma de ser espiritual?

Cuando pensamos en la vanidad, generalmente pensamos en nuestra preocupación primaria por la forma en que nos vemos físicamente, y cuando pensamos en la espiritualidad, por lo general se refiere a una condición más profunda del alma, que va más allá de lo meramente físico. Los dos términos pueden parecer, entonces, opuestos.

Nuestra imagen mental de una persona buena y pura, una más en contacto con lo espiritual y lo divino, tiende a ser alguien con pocas posesiones, sentada en el polvo y vestida con harapos mientras reza fervientemente, tan elevada sobre el mundo material que no tiene la necesidad de prestarle atención alguna a la apariencia física.

Esa imagen de espiritualidad distante choca directamente con los ideales de belleza que la sociedad exige que sigamos. Cuando era una niña, me sentía constantemente bombardeada con diferentes ideales de belleza, la mayoría de ellos con algún producto u otro: maquillaje, ropa, zapatos, perfumes. Incluso en los lugares más aislados, los jóvenes sienten la presión de lucir perfectos, y la definición de “perfecto” siempre cambia con los dictados del estilo y la moda.

Pero la misma sociedad nos dice, especialmente como chicas, que evitemos la vanidad. El tipo de chica que se preocupa demasiado por su apariencia, se ve demasiado bien en selfies y pasa demasiado tiempo arreglándose, según nos dicen, es superficial, egocéntrica y mezquina. Ser “bueno”, entonces, parece implicar prestar poca atención a la apariencia de uno, para no parecer vanidoso.

Qué dicotomía confusa, y en la que demasiadas chicas terminan sintiéndose atrapadas. ¿Cómo satisfacemos las expectativas de la sociedad increíblemente altas sobre nuestra apariencia y al mismo tiempo permanecemos espirituales, humildes y despreocupadas?

Durante mucho tiempo, me sentí un poco culpable cada vez que me complacía al comprar un buen perfume o cuando pasaba demasiado tiempo arreglando mi cabello o mi ropa. Pensaba que estaba perdiendo el tiempo siendo vanidosa.

Pero resulta que, según mi comprensión de los escritos bahá’ís, que preocuparse por la apariencia no necesariamente equivale a vanidad. De hecho, las enseñanzas bahá’ís dicen esto:

Con ello quiero decir que en todo aspecto de la vida la pureza y la santidad, la limpieza y el refinamiento exaltan la condición humana y promueven el desarrollo de la realidad interior del hombre… Concede pureza y limpieza en todas las cosas al pueblo de Bahá. Dispensa que sean liberados de toda contaminación, y salvados de toda adicción… desátalos de las cadenas de todo mal hábito, para que puedan vivir puros y libres, sanos y limpios, dignos de servir en tu Sagrado Umbral y de ser allegados a su Señor. – Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 112.

Esto no excluye la humildad, por supuesto, esa es la parte moral. Abdu’l-Bahá dice que debemos aspirar a la perfección física así como a la perfección moral. Él nos alienta a preocuparnos por nuestra apariencia, nuestra limpieza, por liberarnos de alguna dependencia o adicción de cualquier tipo.

Entonces, ¿cómo se ve la perfección física? Durante cientos de años, las personas han adornado iglesias y templos en oro y otras riquezas por el bien de la belleza, y en nombre del consumismo y la búsqueda del atractivo físico, seguimos acumulando productos caros en nuestros cuerpos. Todos fácilmente asociamos el lujo con la belleza, lo que convierte a la belleza en algo estrictamente material: una posible causa de desunión o vergüenza, asociada únicamente con el dinero y el poder. Por los escritos bahá’ís, sabemos que nunca debemos poner valor espiritual en meros objetos:

Nuestros mayores esfuerzos deben estar dirigidos hacia el desprendimiento de las cosas del mundo; debemos luchar por ser más espirituales, más luminosos, por seguir el consejo de las Enseñanzas Divinas, por servir a la causa de la unidad y de la verdadera igualdad, por ser generosos, por reflejar el amor del Altísimo sobre todos los seres humanos, para que la luz del Espíritu se manifieste en todos nuestros actos… – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 113.

Entonces, ¿qué pasa con la belleza que no depende del lujo? Desde la perspectiva bahá’í, logramos una belleza física óptima no a través de la vanidad, sino a través de la pureza, la simplicidad y la limpieza. En el Libro Más Sagrado de la Fe Bahá’í, Bahá’u’lláh nos aconsejó a “Ser la esencia de la limpieza”. – pág. 50. Esta ley bahá’í incluye bañarse con regularidad, usar ropa limpia, cortarse las uñas, tener un olor agradable y “en general, ser la esencia de la limpieza y del refinamiento”. – Ibid., pág. 292.

Una persona cuya ropa es impecable, que está limpia por todas partes, cuyas uñas están bien cortadas, que está perfumada, suena como una excelente definición de belleza y que no depende del lujo o la vanidad. Cualquiera puede lograr esto, incluso aquellos que tienen los medios más escasos.

Con nuestras vidas agitadas, especialmente si eres un estudiante universitario como yo, en un lugar sin código de vestimenta, estar 100% limpio y ordenado todo el tiempo requiere un poco de esfuerzo. Es fácil ponerse cualquier ropa al azar, posponer continuamente arreglarse las uñas, ignorar intencionalmente alguna mancha en una chaqueta. Pero ¿qué dice eso de nosotros y qué efecto tiene en nuestras almas?

Abdu’l-Bahá habló de la relación entre nuestra limpieza, y por lo tanto nuestra apariencia física, y nuestro espíritu:

Incluso en el dominio físico, la limpieza conduce a la espiritualidad, como lo señalan claramente las Sagradas Escrituras. Y aunque la limpieza corporal es algo físico, empero, ejerce una poderosa influencia en la vida del espíritu… Es decir, la limpieza física también produce efecto en el alma humana. – Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 112.

Al cuidar nuestra apariencia física y nuestra limpieza, también cuidamos nuestra salud espiritual. Nuestro cuerpo y nuestra alma se podrán reflejar uno al otro en este aspecto. En realidad, entonces, la dicotomía que nos obliga a elegir entre vernos bien y ser buenos realmente no existe, se pueden construir unos sobre otros.

Si bien no puedo decir que alcance este estándar todos los días, siento una sensación de paz interior cuando estoy completamente limpia, ordenada, fresca y organizada. Solía pensar en ese sentimiento como una vanidad, pero podría haber estado equivocada todo ese tiempo. Tal vez esa sensación de frescura y paz puede darnos un signo saludable de nuestra apreciación espiritual por la belleza, una que nos ayudará a alcanzar un nivel más alto de perfección en nuestras almas, también:

Si un hombre deseare adornarse con los ornamentos de la tierra, vestir sus prendas, o participar de los beneficios que ésta pueda conferirle, ningún daño podrá acaecerle, con tal que no permita que nada intervenga entre él y Dios, pues Dios ha ordenado todas las cosas buenas, creadas en el cielo o en la tierra, para los siervos suyos que realmente creen en Él Comed, oh pueblo, de las cosas buenas que Dios os ha permitido, y no os privéis de sus maravillosas dádivas. Dad gracias a Él y alabadle, y sed de aquellos que de verdad son agradecidos. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 145.

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