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Espiritualidad

Cómo pulir el alma con la oración diaria

Zarrín Caldwell | Nov 26, 2022

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Zarrín Caldwell | Nov 26, 2022

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Al haber crecido en la tradición de la Fe bahá’í, las devociones diarias regulares siempre formaron parte de nuestra práctica doméstica, incluyendo que mis padres orarán conmigo desde una edad temprana. 

El libro de leyes bahá’í –el Libro Más Sagrado de Bahá’u’lláh– incluye la directiva de «recitar los versos de Dios cada mañana y cada tarde». La oración, según los escritos bahá’ís, es una de las principales leyes y enseñanzas proclamadas en toda religión. En su Libro de la Certeza, Bahá’u’lláh escribió:

… en toda Dispensación se ha hecho hincapié en la ley concerniente a la oración y ha sido puesta en vigor universalmente. De ello dan testimonio las tradiciones escritas, atribuidas a las luces que han emanado del Sol de la Verdad…

Las tradiciones han verificado el hecho de que en todas las Dispensaciones la ley de la oración ha constituido un elemento fundamental de la Revelación de todos los Profetas de Dios; ley cuya forma y manera han sido adaptadas a los cambiantes requerimientos de cada época.

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Es cierto que últimamente me he «caído del bus» de la oración, por culpa de un nuevo y joven perro que me quita tiempo por las mañanas, pero escribir este artículo me está recordando la importancia de esta guía espiritual. Recuerdo un dicho enmarcado de mi madre con un consejo similar: «cuando tu día se borda con la oración, es menos probable que se desate».

Las directrices relativas a la oración del Libro Más Sagrado de Bahá’u’lláh dicen que debemos:

Leed los versículos sagrados en tal medida que no os embargue el desánimo ni la fatiga. No carguéis vuestras almas con lo que las canse o las abrume, sino más bien con lo que las aligere y eleve, para que puedan remontarse en alas de los versículos divinos hasta el Punto de Amanecer de Sus signos manifiestos.

Yo interpreto que esto significa que la oración y la adoración no deben convertirse en una tarea o en una carga, sino en un momento que esperamos con ansias: para recitar oraciones específicas, para centrarnos, para estar en silencio, para meditar con atención o para entrar en comunión con el espíritu a nuestra manera.

Otras partes de los escritos bahá’ís dicen, en efecto, que meditar en un verso corto con alegría es preferible a leer copiosas escrituras con aburrimiento. Me gusta la naturaleza práctica de este consejo, que se centra más en la actitud a la que deberíamos aspirar en lugar de limitarse a adoptar una práctica memorística. Para mí, personalmente, ver la grandeza de Dios en un entorno natural o escuchar música hermosa y espiritualmente edificante a menudo me conecta más con lo divino que leer palabras en una página. En cualquier caso, lo importante es esa «sintonía» diaria.  He aquí otro pasaje de los escritos bahá’ís en este sentido, escrito por Abdu’l-Bahá:

Para el amante no hay mayor placer que conversar con su amado y para el buscador no hay merced más grande que la intimidad con el objeto de su deseo. El mayor anhelo de toda alma atraída al Reino de Dios es hallar tiempo para volverse con entera devoción hacia su Bienamado, para buscar Su favor y Su bendición y sumergirse en el océano de la comunión, el ruego y la súplica. Más aún, la oración obligatoria y el ayuno despiertan y hacen consciente al ser humano y conducen a su protección y resguardo contra las pruebas.

Las enseñanzas bahá’ís definen además los «versos de Dios» como «todo lo que ha sido enviado desde el Cielo de la Expresión Divina». Como estudiante de la herencia espiritual de la humanidad (véase mi sitio web en www.thesoulsalons.com), me encanta la apertura de la Fe bahá’í a la larga historia de la guía divina de todas las religiones. Los bahá’ís creen que la religión es progresiva o, en otras palabras, que las enseñanzas de todas las principales religiones del mundo se basan unas en otras a lo largo de nuestros caminos individuales y colectivos hacia el crecimiento espiritual. A menudo leo escrituras de otras religiones y encuentro muchos temas comunes entre ellas.

La oración, incluidas las oraciones obligatorias que se recitan en determinados momentos del día, es una práctica habitual para los bahá’ís, pero la adoración y la oración son un principio central de la mayoría de las tradiciones religiosas. En palabras de Thomas Merton, un destacado monje y filósofo católico

Todas las tradiciones religiosas tienen formas de integrar los sentidos, a su propio nivel, en formas superiores de oración. La gran literatura mística no solo habla de «oscuridad» y «desconocimiento», sino también, y casi en el mismo sentido, de un extraordinario florecimiento de los «sentidos espirituales»… y de una unión más directa con Dios «más allá de la experiencia».

También me gusta mucho un dicho del Islam sobre la oración –llamado hadiz– que encontré recientemente: «Existe un pulido para todo lo que se oxida, y el pulido para el corazón es el recuerdo de Dios».

La oración realmente pule el alma. El concepto de limpiar el espejo del corazón de la escoria y el polvo de los deseos y apegos mundanos constituye un tema común en la literatura espiritual del mundo. Nuestras potencialidades latentes pueden revelarse cuando elegimos conscientemente pulir ese espejo cada día. Como dicen los escritos bahá’ís: «¡Oh, mi hermano! Un corazón puro es como un espejo; límpialo con el bruñido del amor y la separación de todo excepto de Dios, para que el verdadero sol brille en él y la eterna mañana amanezca». [Traducción Provisional de Oriana Vento].

Una versión diferente de este artículo apareció por primera vez como columna invitada en el periódico The Arizona Republic.

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