Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

En el progreso colectivo de la humanidad hacia la madurez social, la obediencia ciega y temerosa ha dado paso a la fe perceptiva y el cumplimiento amoroso, que surge de la inteligencia, la perspicacia y la comprensión.

Los bahá’ís creen que para lograr desarrollar una mayor comprensión acerca de la fe es necesario poner en práctica la libre investigación de la verdad, que en última instancia nos ayuda a desarrollar el conocimiento consciente:

Dios no desea que el hombre imite ciegamente a sus padres y antepasados. Lo ha dotado con una mente o facultad de razonamiento y con ella ha de investigar y descubrir la verdad, y lo que encuentre real y verdadero debe aceptarlo. No debe ser un imitador o ciego seguidor de ninguna alma. No debe confiar en la opinión de ningún hombre sin cuestionar previamente. No. Cada alma debe buscar de modo inteligente e independiente para llegar a la conclusión real, obligado sólo por esa realidad. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal.

Mucha gente piensa que la religión es una serie de leyes restrictivas que prohíben varios tipos de comportamiento, pero la humanidad ha madurado colectivamente desde la época en la que se le instruyó principalmente con prohibiciones.

Como resultado, la Fe bahá’í tiene muy pocos “no debes…” – de hecho, existen muchas más exhortaciones afirmativas en los escritos bahá’ís. Por ejemplo, Bahá’u’lláh exhortó a los bahá’ís a asociarse con los seguidores de todas las religiones con compañerismo; a honrar a sus padres; a estudiar las artes y ciencias que beneficien a la humanidad; a distinguirse por sus buenas acciones; a ser veraces, dignos de confianza y fieles; a ser justos y equitativos; a tener tacto y ser sabios; a ser corteses, hospitalarios, perseverantes, desprendidos  y estrechamente unidos.

Sin embargo, las enseñanzas de Bahá’u’lláh sí prohíben a sus seguidores algunas cosas dañinas que pueden causar destrucción personal y social. Se amonesta a los bahá’ís a abstenerse del alcohol y las drogas, salvo el uso prescrito como remedio por un médico. Estas sustancias impiden el proceso de pensamiento claro y, sobre todo, su abuso es la raíz de muchas enfermedades del cuerpo y de la mente, sin hablar del daño social que generan. Los juegos de azar también están prohibidos, ya que despiertan una adicción obsesiva al materialismo en el corazón del ganador temporal y, en última instancia, llevan a la ruina al perdedor final.

Sin embargo, le sorprenderá saber que una de las prohibiciones más enérgicas que Bahá’u’lláh hace en sus escritos es la ley bahá’í contra la murmuración y la calumnia:

¡OH HIJO DEL SER! ¿Cómo has podido olvidar tus propias faltas y ocuparte de las faltas de los demás? Quien así obra es maldecido por Mí. –  Bahá’u’lláh, Las palabras ocultas.

¡OH HIJO DEL HOMBRE! No murmures los pecados de otros mientras tú mismo seas un pecador. Si desobedecieras este mandato serías maldecido y esto Yo lo atestiguo. – Ibid.

No debe nunca tratar de enaltecerse por encima de nadie, debe borrar de la tabla de su corazón toda huella de orgullo y vanagloria, debe asirse a la paciencia y resignación, guardar silencio y abstenerse de la conversación ociosa. Pues la lengua es fuego latente y el exceso de palabras, un veneno mortal. El fuego material consume el cuerpo, mientras que el fuego de la lengua devora tanto el corazón como el alma. La fuerza de aquél dura sólo un tiempo, en tanto que los efectos de éste persisten un siglo.

Ese buscador también ha de considerar la murmuración como grave error y mantenerse alejado de su dominio, por cuanto la murmuración apaga la luz del corazón y extingue la vida del alma. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh.

Los bahá’ís consideran este tipo de ataques verbales como una de las principales dolencias sociales de nuestros tiempos.

La sociedad contemporánea ha legitimado de alguna manera la práctica de insultos, difamación, calumnia, sutil tergiversación, burla y búsqueda de faltas a espaldas de alguien tanto en la palabra hablada como en la escrita. Se ha convertido en un hábito social tan insidioso que impregna nuestras conversaciones, las páginas de nuestros periódicos y revistas, y las diversas formas de medios de comunicación social.

Bahá’u’lláh amonestó a todos los bahá’ís a evitar las difamaciones y las calumnias, y a esforzarse por alcanzar una mentalidad que promueva la unidad y que busque genuinamente encontrar las buenas cualidades en los demás:

Os exhortamos, oh pueblos del mundo, a observar aquello que eleve vuestra posición. Asíos al temor a Dios y adheríos firmemente a aquello que es correcto. En verdad digo, la lengua es para mencionar lo que es bueno, no la mancilléis con conversaciones indecorosas. Dios ha perdonado lo pasado. En adelante todos deben expresar lo que es decoroso y digno, y deben abstenerse de la calumnia, de la injuria y de todo cuanto pueda causar tristeza a los hombres. – Las tablas de Bahá’u’lláh.

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