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La mayoría de las grandes religiones del mundo celebran el nacimiento de sus profetas y fundadores. Hoy la comunidad bahá’í mundial celebra el nacimiento de Bahá’u’lláh, ¡y tú también estás invitado a la celebración!

¿Qué celebran los bahá’ís? Con el nacimiento de Bahá’u’lláh a la hora del amanecer de este día en 1817, y el nacimiento del Bab dos años más tarde en 1819, los bahá’ís creen que en ese momento los medios para el establecimiento de la unidad de la humanidad surgieron.

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Pronto, el nacimiento de esas sagradas manifestaciones gemelas prometió, se superarían los odios que dividen a los pueblos del mundo, se anularía el fanatismo que los separa, se trascenderían sus prejuicios y se eliminaría su extrañeza. Pronto surgiría el gran llamado a la unidad de todos los pueblos y culturas, todas las naciones y religiones:

¡Oh pueblos del mundo! El Sol de la Verdad ha aparecido para iluminar la tierra entera, y para espiritualizar a la comunidad humana. Loables son sus resultados y sus frutos, abundantes las santas evidencias que proceden de esta gracia. Ésta es pura misericordia y generosidad del todo inmaculada; es luz para el mundo y para todos sus pueblos; es armonía y confraternidad, y amor y solidaridad; realmente, es compasión y unidad y el fin de la separación; es estar en armonía, en completa dignidad y libertad, con todos los que están en la tierra.

[Bahá’u’lláh] dice: “Sois todos los frutos de un solo árbol y las hojas de una sola rama”. Así, Él ha comparado este mundo del ser con un árbol único, a todos sus pueblos con las hojas del mismo, sus capullos y sus frutos. Es necesario que la rama florezca y que prosperen la hoja y el fruto, y de la interconexión de todas las partes del árbol del mundo depende el desarrollo de la hoja y la flor, y la dulzura del fruto.

Por esta razón, todos los seres humanos deben sostenerse con fuerza unos a otros e ir en busca de la vida sempiterna; y, por este motivo, los amantes de Dios, en este mundo contingente, deben llegar a ser las mercedes y las bendiciones que ha hecho llegar aquel Rey clemente de los dominios visible e invisible. Que purifiquen su vista y consideren a toda la humanidad como hojas, flores y frutos del árbol del ser. Que en todo momento se preocupen por hacer una buena obra para alguno de sus congéneres, ofreciendo a alguien amor, consideración, atenta ayuda. Que a nadie consideren como un enemigo o malqueriente, sino piensen en toda la humanidad como amigos, viendo al forastero como aun allegado, al extraño como aun compañero, permaneciendo libres de prejuicio, sin hacer distinciones. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 4.

Los bahá’ís no hacen distinciones, como aconsejó Abdu’l-Bahá. Alrededor del planeta, los bahá’ís está trabajando por erradicar los prejuicios, el racismo, la disparidad de género y la desigualdad de todo tipo. Las enseñanzas de Bahá’u’lláh exigen el fin de la guerra y el establecimiento de la igualdad, la justicia y la paz universal entre todos los pueblos y naciones:

¡Prestad atención, oh asamblea de los gobernantes del mundo! No hay fuerza en la tierra que pueda igualarse en poder conquistador a la fuerza de la justicia y la sabiduría. Verdaderamente yo afirmo que no hay, y nunca ha habido, unas huestes más poderosas que las de la justicia y la sabiduría. Bienaventurado es el rey que marcha con la enseña de la sabiduría desplegada ante él y con los batallones de la justicia concentrados detrás de sí. Él es, en verdad, el ornamento que adorna la frente de la paz y el semblante de la seguridad. No cabe duda alguna de que si el sol de la justicia, al que han oscurecido las nubes de la tiranía, derramara su luz sobre los hombres, la faz de la tierra se transformaría por completo

El Gran Ser, deseando revelar los requisitos previos para lograr la paz y la tranquilidad del mundo y el progreso de sus pueblos, ha escrito: Debe llegar el momento en que se reconozca universalmente la imperiosa necesidad de tener una reunión vasta y omnímoda de los hombres. Los gobernantes y reyes de la tierra tienen necesariamente que concurrir a ella y, participando en sus deliberaciones, tienen que estudiar los modos y maneras de poner los cimientos de la Gran Paz mundial entre los hombres. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 109.

Este mensaje trascendental de Bahá’u’lláh, que señala la llegada a la mayoría de edad de nuestra especie entera, anunció el advenimiento de una época en que la raza humana finalmente tiene la capacidad de reconocerse como una, de descubrir la plenitud de su humanidad común, y convivir juntos sin odio ni violencia.

Hoy sucederá algo realmente único y sin precedentes durante las celebraciones mundiales del nacimiento de Bahá’u’lláh. Por primera vez en la historia de la humanidad, ahora tenemos dos días santos sucesivos celebrados como sagrados por pueblos de cada nación, cada tribu y etnia, cada color y cada credo, sin importar su origen, lo que significa:

Las luces de Dios son resplandecientes. Las benditas epístolas se están extendiendo. Las benditas Epístolas se están diseminando. Las benditas Enseñanzas se están promulgando a través del Este y del Oeste. Pronto veréis que las Palabras celestiales han establecido la unidad del mundo de la humanidad. La bandera de la Más Grande Paz ha sido desplegada, y la gran comunidad está surgiendo. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 52.

Todos están invitados a la celebración. Con la nueva Fe de Bahá’u’lláh, el pueblo judío puede descubrir el nacimiento del Mesías y los cristianos el regreso de Cristo. Los musulmanes pueden celebrar la reaparición del Imam Oculto o el nacimiento del prometido Qa’im. Los zoroastrianos pueden regocijarse con el nacimiento de su rey, el Shah Bahram; los budistas pueden encontrar al Buda Maitreya, el Supremo iluminado; y los hindúes reconocer la reencarnación de Krishna, nacido para restablecer la justicia en la Tierra. Los agnósticos y los ateos pueden descubrir un nuevo mensaje racional de espiritualidad sin la carga de las prácticas dogmáticas y dictatoriales del pasado.

Como tal, este Doble Natalicio Sagrado, es decir las celebraciones del nacimiento del Bab y Bahá’u’lláh, se unen como el primer evento en la historia humana reclamado como propio por personas de todas las tradiciones y culturas. En ese sentido, el doble natalicio sagrado no solo celebra el nacimiento del Bab y Bahá’u’lláh, sino que reconoce la realidad emergente de un mundo que se está unificando gradualmente.

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