Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

En el siglo XX, el universo infinito tridimensional de Newton parecía haber sido destruido. Sus leyes de la gravedad habían sido usurpadas por la teoría de la relatividad general. El éter había desaparecido.

La mecánica cuántica pronto pasaría de experimentos mentales teóricos a la construcción de aceleradores de partículas y fisión nuclear. Al mismo tiempo, una gran cantidad de sorpresas inminentes esperaban a los estudiosos en los campos evolutivos de la astrofísica y la cosmología, sorpresas que pondrían en duda la certeza con la que tantos habían aceptado esta visión cuántica revisada (y presumiblemente final) de la creación.

Newton había asumido que el sistema que había observado era estable e inmutable. Einstein creyó, como dicen repetidamente las enseñanzas bahá’ís, que nada en el universo es estático:

Este mundo natural no permanecerá en condición inmutable ni aún por un breve lapso de tiempo. Segundo tras segundo sufre cambios y transformaciones. Todo cimiento finalmente caerá; toda gloria y esplendor por fin se desvanecerá y desaparecerá, pero el Reino de Dios es Eterno y la Soberanía y Majestad Celestiales permanecerán firmes, imperecederas. De ahí que, en la estimación de un sabio, una esterilla en el Reino de Dios, es preferible al trono del gobierno del mundo. – Abdu’l-Bahá, Las Tablas del Plan Divino, pág. 43.

De este modo surgió una teoría científica de que todo el universo podría expandirse o contraerse, componerse o descomponerse, si, por definición, no pudiera ser estacionario. La confluencia de una secuencia de descubrimientos probó que Einstein y la visión bahá’í son correctas.

Una parte importante de la secuencia comienza con el descubrimiento del físico austriaco Christian Doppler en 1842. Al emplear un espectroscopio para examinar las nebulosas espirales, descubrió que la luz emitida por estas nebulosas se desplazaba hacia el extremo rojo del espectro, es decir, la luz asumía una frecuencia más baja. Si estas nebulosas estuvieran a una distancia constante, las líneas espectrales se mantendrían constantes, o si las nebulosas se acercaran al observador, la luz se desplazaría hacia el extremo azul del espectro y aumentaría su frecuencia. El “Efecto Doppler” también es válido para el sonido y puede observarlo, por ejemplo, en la forma en que el sonido de un camión que se acerca o retrocede en la carretera asume diferentes frecuencias cuando va pasando cerca de nosotros.

Luego, a principios de la década de 1920, mientras trabajaba en el Observatorio Mount Wilson en California, Edwin Hubble calculó que algunas de las “nebulosas” que Doppler había examinado eran en realidad galaxias distantes fuera de nuestra Vía Láctea. Este descubrimiento, en sí mismo, revisó y expandió la teoría cosmológica existente: que hay muchas galaxias, no solo una. Poco después, el Hubble descubrió que el desplazamiento al rojo en la luz de estas galaxias indica que están retrocediendo rápidamente de nuestra propia galaxia. Esta observación pareció confirmar la teoría de Einstein de que el universo no es estático, y parecía indicar también que el universo se está expandiendo. Cuanto más lejana es la galaxia, más rápidamente se aleja de nosotros. De hecho, su observación sobre la relación de la velocidad con la distancia se conoció como la “Constante de Hubble”.

Por supuesto, esta misma observación también podría verse como una confirmación de la física newtoniana, ya que la fuerza de la gravedad es proporcional a la masa de un objeto y la distancia del objeto. Por ejemplo, una nave espacial debe adquirir “velocidad de escape” para liberarse de la fuerza gravitacional de la Tierra, pero una vez que se ha distanciado suficientemente del planeta, la misma fuerza, aunque existente, no tiene un efecto apreciable. Por supuesto, dado que no existe un marco de referencia inercial desde el cual evaluar este movimiento, no podemos asumir que estas galaxias se están liberando de la atracción de la galaxia de la Vía Láctea. Del mismo modo, según el modelo newtoniano, podrían sentirse atraídos por algo más grande que aún no podemos detectar.

Reconciliación y Reciprocidad.

Nombrar y cuantificar las cosas es claramente una expresión del hecho de que la ciencia, aquel deseo de comprender y describir la realidad, es inherente a la humanidad:

La ciencia es la primera emanación de Dios hacia el hombre Todas las cosas creadas encarnan la potencialidad de la perfección material, pero el poder de la investigación intelectual y la adquisición científica es una virtud superior privativa del hombre. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 70.

La ciencia como cuerpo de estudio nunca debe ser percibida como una muestra de arrogancia o una vanidad, sino más bien, especialmente en sus aspiraciones más nobles, como nuestra perseverancia ante lo que de otra manera parecería una realidad inaccesible, un cosmos tan inconmensurable, tan vasto y misterioso que se convierte en equivalente a un reino metafísico.

Nos encontramos con este claro mensaje cuando nos acercamos al infinito en nuestra búsqueda de alguna entidad o forma final abarcadora en la vista macrocósmica de la creación. Pero por más sofisticados que podamos llegar a ser en nuestra capacidad de estudiar el universo, este siempre estará más allá de cualquier comprensión final o completa.

Ahora, si bien esta noción puede desalentar a algunos científicos e incluso al pensamiento científico en sí, es perfectamente lógica en el contexto de una creación física cuya existencia imita, en su forma metafórica, las ideas, formas, virtudes y verdades preexistentes cuya esencia se encuentra únicamente en la realidad metafísica no compuesta del mundo del espíritu.

Por lo tanto, si podemos aprender acerca de una realidad entendiendo la otra, y dada la naturaleza tenue de las especulaciones sobre la naturaleza y el origen del cosmos, haríamos bien en centrar nuestra discusión a un breve análisis de algunos de los problemas con las teorías cosmológicas contemporáneas y cómo éstas pueden ser nutridas, si es que no resueltas, mediante orientación y verdades expuestas en las enseñanzas bahá’ís :

Reflexiona acerca de las realidades intrínsecas del universo, las secretas sabidurías que encierra, los enigmas, las interrelaciones, las reglas que todo lo gobiernan. Pues cada parte del universo se vincula con todas las demás partes con lazos que son muy poderosos y que no admiten ningún desequilibrio ni aflojamiento alguno. En el dominio físico de la creación, todas las cosas se alimentan y sirven de alimento: la planta absorbe al mineral; el animal, al pacer, ingiere la planta; el hombre se alimenta del animal, y el mineral consume el cuerpo del hombre. Los cuerpos físicos son transferidos cruzando una barrera tras otra, de una vida a otra, y todas las cosas están sujetas a transformación y cambio, salvo únicamente la esencia de la existencia misma, ya que es constante e inmutable, y en ella se basa la vida de toda especie y género, de toda realidad contingente por la extensión de la totalidad de la creación. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 119.

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