Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Un ángel en un hombro y el diablo en el otro. Probablemente has visto programas de televisión o películas que usan este tropo cuando un personaje tiene que tomar una decisión. Ambos personajes susurran al oído del personaje – el ángel trata de persuadir al individuo para que tome la decisión moral, mientras que el diablo trata que se vaya al lado oscuro.

Solía pensar que esta representación del ángel y el diablo era una tontería, hasta que descubrí que los escritos bahá’ís hablan de cómo los susurros de los ángeles y los susurros del mal nos influyen. Mientras que existe algo de verdad simbólica en estas imágenes de ángeles y demonios, lo que Hollywood nos dice sobre los ángeles y los demonios es, por supuesto, muy diferente de la realidad.

¿Qué es un ángel?

Es difícil saber cómo son los ángeles físicamente porque tenemos una capacidad limitada para entender la vida después de la muerte mientras vivimos en este mundo material. En cambio, los escritos bahá’ís explican el significado de los ángeles:

El significado de «ángeles» son las confirmaciones de Dios y Sus poderes celestiales. Asimismo, los ángeles son seres benditos que han cortado todos los lazos con este mundo inferior, se han librado de las cadenas del yo y de los deseos de la carne y han anclado sus corazones en los dominios celestiales del Señor. Éstos son del Reino, celestiales; éstos son de Dios, espirituales; éstos son reveladores de la abundante gracia de Dios; éstos son los puntos de amanecer de Sus dádivas espirituales. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá.

Este pasaje también nos da una idea de las características de los ángeles: seres puros que se han desprendido completamente de esta existencia terrenal y han anclado completamente sus corazones al reino celestial. Incluso se caracterizan por tener una extrema humildad a pesar de su honor, gloria y posición.

Los escritos bahá’ís nos animan a ser más angelicales:

Convierte a estas almas en ángeles celestiales, resucítalas mediante el hálito de Tu Espíritu Santo, concédeles lengua elocuente y corazón resuelto, confiéreles poder celestial y sentimientos misericordiosos, haz que lleguen a ser los que promulguen la unidad del género humano y la causa de amor y concordia en el mundo de la humanidad… – Ibid.

Los ángeles también son descritos como celestiales y espirituales, y como reveladores de la gracia de Dios. Para ser el revelador de la gracia y confirmaciones de Dios, ellos deben interactuar con los humanos en algún nivel. Los escritos bahá’ís, así como muchos otros escritos religiosos, explican las diferentes tareas y deberes de los ángeles.

Según el Islam, hay dos ángeles al lado de cada humano, uno a nuestra derecha y otro a nuestra izquierda. El ángel de la derecha registra nuestras buenas acciones y el de la izquierda las malas. El Corán explica además que estos ángeles son cambiados diariamente y los libros que escriben serán presentados el Día del Juicio Final.

Dios también envía ángeles para guiarnos y mantenernos en el camino correcto. En el Libro de los Salmos de la Biblia dice: “Porque él dará a sus ángeles órdenes sobre ti, para que te guarden en todos tus caminos”. A veces, nuestros ángeles guardianes son nuestros seres queridos que han fallecido.

Los escritos bahá’ís nos dicen que orar por los difuntos nos permite permanecer conectados con los que han fallecido, y puede permitirles comunicarse con nosotros:

Quienes han ascendido poseen diferentes atributos de los que poseen quienes se hallan en la tierra; sin embargo, no hay separación real. En la oración hay una estación entremezclada, una fusión de condiciones. Rezad por ellos ¡tal y como ellos rezan por vosotros! Si atravesáis apuros y estáis en actitud receptiva, ellos son capaces, sin que os percatéis, de haceros sugerencias. Algunas veces esto es lo que ocurre en sueños. – Abdu’l-Bahá, Abdu’l-Bahá en Londres.

Si los ángeles tienen la capacidad de registrar nuestras acciones y guiarnos, y si estamos rodeados de tantos ángeles que pueden incluso susurrarnos sugerencias si oramos por ellos, ¿por qué seguimos tomando malas decisiones? ¿Podría haber quizás otro susurrador entre nosotros, uno malvado, el diablo? 

¿Qué es el Diablo?

Los escritos bahá’ís nos dicen:

No sigáis las instigaciones de vuestros propios deseos ni lo que el Maligno susurra en vuestras almas. – Bahá’u’lláh, El llamamiento al señor de las huestes.

Sin embargo, en lugar de creer que este “maligno” – el diablo – es una persona, los bahá’ís creen que este “maligno” no es una personalidad o espíritu fuera de nosotros. En cambio, es la naturaleza inferior, o material, dentro de nosotros.

Los escritos bahá’ís explican:

La realidad que subyace en esta cuestión es que el espíritu del mal, Satán o sea lo que fuere interpretado como maligno, se refiere a la baja naturaleza del hombre. Esta baja naturaleza es simbolizada de varias formas. En el hombre hay dos expresiones: una es la expresión de la naturaleza; la otra expresión del reino espiritual. El mundo de la naturaleza es defectuoso. Miradlo claramente, desechando toda superstición e imaginación. Si dejáis a un hombre sin educación y bárbaro en las selvas de África, ¿habría alguna duda de que permanecería ignorante? Dios jamás ha creado un espíritu maligno; todas esas ideas y denominaciones son símbolos que expresan la mera naturaleza humana o terrenal del hombre. Es condición esencial del suelo o tierra que de él crezcan espinas, malezas y árboles estériles. Hablando en forma relativa, ello es malo, es simplemente el estado inferior o el más bajo producto de la naturaleza. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal.

Mientras seamos imperfectos, tenemos esta naturaleza malvada dentro de nosotros que debemos esforzarnos constantemente en superar volviéndonos hacia lo que es divino y puro. Necesitamos purificar nuestras almas y desprendernos de este mundo si queremos ser como los ángeles divinos. Eso comienza con no culpar de nuestras malas acciones a una personalidad externa posada en nuestro hombro, sino asumiendo la responsabilidad de nuestros actos. Para ayudarnos, tenemos ángeles divinos que están dotados de las características de Dios. El amor impregna cada fibra de su ser y estos ángeles nos ayudan si servimos a Dios.                          

Todo se reduce a una cosa: decidir hacer lo correcto mientras navegamos por la vida. Todos tenemos libre albedrío, así que tenemos el poder de elegir qué “voz” permitiremos que nos guíe.

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