Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

La tecnología nos permite aprovechar una integración global cada vez mayor y aquellos cambios sociales que se dan como resultado son sorprendentes, sin precedentes, trastornadores e incluso dolorosos.

A pesar de la dosis de malas noticias que recibimos cada día, una visión más amplia revela enormes avances en prácticamente todas las áreas del esfuerzo humano, como la reducción de la pobreza, la tecnología, la salud y la educación.

Por otro lado, nuestras actuales instituciones nacionales e internacionales no fueron diseñadas para manejar la devastación ambiental, los refugiados sin patria, la inestabilidad política y una plaga de otros dilemas transfronterizos. Ya sea debido a la guerra, la sequía o el colapso económico, son los más vulnerables los que soportan la mayor carga de nuestra confusa política.

Necesitamos equilibrar los beneficios y las duras realidades de la integración económica con un sistema más humano. Ya que nuestro pequeño pedazo de paraíso no puede sobrevivir dentro de un infierno más grande. Lograr el equilibrio que el mundo requerirá un trabajo conjunto por alcanzar una democracia global.

Sorprendentemente, aquel populismo y  aislacionismo puede proporcionar el ímpetu necesario para crear un orden internacional más efectivo. Existen evidencias de la llegada de un cambio inminente. Como dijo Federica Mogherini de la Unión Europea:

Hoy, todas las potencias globales están reconsiderando su lugar en el mundo… Desde Canadá a Australia, desde Sudamérica a Asia oriental, desde la Unión Africana a la ASEAN, existe un mundo entero que pide un multilateralismo efectivo que sea construido por sus socios.

Pero la pregunta sigue siendo: ¿qué cambios necesitamos a nivel internacional para crear un mundo democrático, sostenible y humano? Como buen punto de referencia para esa conversación, el plan visionario presentado por el fundador de la Fe bahá’í, Bahá’u’lláh, ha inspirado a millones de personas. Aquí hay un breve resumen, articulado por Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe Bahá’í:

La unidad de la raza humana, tal como es concebida por Bahá’u’lláh, implica el establecimiento de una mancomunidad mundial en la que todas las naciones, razas, creencias y clases estén estrecha y permanentemente unidas, y en la que la autonomía de sus Estados miembros y la libertad personal y la iniciativa de los individuos que la componen estén definitiva y completamente resguardadas. – El Orden Mundial de Bahá’u’lláh, pág. 354.

El plan bahá’í para la gobernanza y la unidad globales incluye una legislatura mundial elegida democráticamente compuesta por representantes, los mejores y más brillantes de cada nación, familiarizados con el derecho internacional y las relaciones intergubernamentales, y conscientes de las necesidades más apremiantes del planeta y su gente. Más importante aún, se basa en una base sólida de principios compartidos por la mayoría de la humanidad, como la imparcialidad y el respeto, en lugar del poder y la gloria de relativamente pocos individuos y naciones.

De la misma forma, digna de consideración es la actitud práctica y realista de la propuesta bahá’í. Su estructura está diseñada para alejar de manera segura las nunca tan distantes fuerzas de la tiranía. Un ejecutivo mundial, respaldado por una fuerza armada internacional, llevaría a cabo las decisiones de la legislatura y aplicaría sus leyes. También se propone un brazo judicial, o tribunal mundial, como medio de recurso y adjudicación.   “… en todas las disputas que surjan entre los diversos elementos constituyentes de este sistema universal”.Ibid.

No hay duda de que los líderes mundiales reconocen la necesidad de estabilizar el orden internacional actual. Por aterrador que pueda ser el cambio, una gobernanza global efectiva, si se hace bien, podría proporcionar la solución clave para muchos de los males de la humanidad. Como lo señaló Shoghi Effendi:

La enorme energía disipada y desperdiciada en la guerra, ya sea económica o política, será consagrada a aquellos fines que extiendan el alcance de las invenciones humanas y del desarrollo tecnológico, el aumento de la productividad de la humanidad, al exterminio de las enfermedades, a la extensión de la investigación científica, a la elevación del nivel de salud física… y al fomento de todo organismo que estimula la vida intelectual, moral y espiritual de toda la raza humana. – Ibid., pág. 356.

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