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Cuando tenemos conversaciones sobre nuestra sociedad y sus problemas, si no tenemos cuidado, incluso esas conversaciones pueden quedar estancadas y volverse improductivas.

En ese tipo de conversaciones, sentimos que hemos reflexionado sobre nuestras propias experiencias en el contexto más amplio del mundo y hemos hecho nuestra debida tarea de escuchar las experiencias de los demás, por lo que tenemos el sentimiento de que entendemos algunos fenómenos que ocurren en el mundo. Pero incluso el método científico en el que muchos de nosotros confiamos para explorar nuestra realidad física nos impulsa a continuar explorando. La humanidad tiene problemas complejos y multifacéticos, por lo que siempre tenemos que mantener un ojo y una mente abiertos para profundizar nuestra comprensión y ampliar nuestra visión del mundo.

Esto puede ser difícil. Cuando sentimos pasión por algo, tendemos a entrar en el modo de debate, simplemente tratando de presentar el argumento más sólido a favor de la perspectiva que ya creemos verdadera. Puede ser difícil separar y escuchar lo que otra persona dice. En su lugar, deberíamos tratar de hacer lo que Abdu’l-Bahá aconsejó:

Según las enseñanzas divinas, en esta gloriosa dispensación no deberíamos menospreciar a nadie ni llamarle ignorante, diciéndole: “Tú no sabes, pero yo sé”. Más bien, deberíamos mirar a los demás con respeto y, al tratar de explicar y demostrar algo, debiéramos hablar como si estuviésemos investigando la verdad, y decir: “He aquí estas cosas ante nosotros. Investiguemos para determinar dónde y de qué manera puede hallarse la verdad”. El maestro no debería considerarse a sí mismo erudito y, a los demás, ignorantes. Tal pensamiento engendra orgullo y el orgullo no lleva a ejercer influencia. El maestro no debe ver en sí mismo ninguna superioridad; debería hablar con la mayor bondad, humildad y modestia, pues tales palabras ejercen influencia y educan las almas. – Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 25.

Cuando tengo conversaciones difíciles con otras personas sobre temas relacionados a la raza, generalmente ocurren con personas que no han experimentado ser negros en este país y se benefician directamente de su distanciamiento con la raza negra, Abrazar abiertamente la perspectiva de estas personas en este tipo de situaciones puede sentirse imposible o tóxico.

Pero trato que el concepto bahá’í de consulta franca y amorosa me guíe en estas situaciones. Los escritos bahá’ís describen la consulta como una búsqueda colectiva de la verdad:

En esta concepción de la investigación colectiva por la verdad, la verdad no es un acuerdo entre grupos de intereses opuestos. Tampoco el deseo de ejercer poder sobre los demás anima a los participantes en el proceso consultivo. Lo que buscan, más bien, es el poder del pensamiento y la acción unificados. –   La Casa Universal de Justicia, 26 de noviembre de 2012.

Por ejemplo: como mujer negra, tengo una experiencia genuina en temas de unidad racial y la justicia, lo que significa que no siempre doy el mismo peso a las opiniones de alguien que ha pensado muy poco acerca de la raza en este país o que ha tomado sus puntos de vista de normas culturales opresivas. Pero puedo reconocer que nuestras dos opiniones no están igualmente arraigadas en la realidad sin menoscabar el valor de esa persona. Tener una conversación que honre el valor de una persona no significa que tengamos que comprometer las creencias básicas sobre la justicia o la igualdad.

En lugar de exacerbarme cuando me encuentro frente a alguien que, a través de sus comentarios, perpetúa una falta de comprensión, trato de cortar el núcleo de lo que la persona está diciendo y compartir el supuesto subyacente que yo estoy escuchando de parte de ellos. Si tengo la resistencia, podría explicar cómo un punto de vista determinado me afecta emocionalmente a mí ya otras personas de raza negra. Al hacer esto, trato de evitar un debate calculado o polémico, y en su lugar, desarrollo una conversación de corazón a corazón. Bahá’u’lláh, el fundador de la Fe Bahá’í, describió perfectamente el entorno que deberíamos crear en torno a nuestras conversaciones:

Asociaos con todos los hombres… en espíritu de amistad y hermandad. Si estáis enterados de cierta verdad, si poseéis una joya de la que otros están privados, compartidla con ellos en un lenguaje de sumo afecto y buena voluntad. – Bahá’u’lláh, La Epístola al Hijo del Lobo, pág. 15.

No participo en este tipo de conversaciones con la esperanza de resolver el racismo con una sola mano, pero decido darme una oportunidad cuando empiezo a hablar. Cuando nos vemos a nosotros mismos como parte de un debate, podemos sentir que tenemos todavía muchas cosas que decir hasta que hayamos dado a entender nuestro punto de vista. Cuando nos vemos a nosotros mismos como parte de una conversación, tenemos más libertad para pausar la conversación por el bienestar de los participantes y sabemos que no tenemos que demostrar algo ante nadie. A diferencia de un debate que simplemente se gana o se pierde, las conversaciones se pueden volver a consultar más adelante si se dejan sin terminar.

Sentirse inculto en un asunto también puede impedirnos entablar una conversación. En estos casos, deberíamos luchar contra nuestro miedo a lo desconocido. Está bien hablar cuando estamos inseguros, solo hazlo, dicen las enseñanzas bahá’ís, con humildad y tacto:

La palabra humana es una esencia que aspira a ejercer su influencia y necesita moderación. …En cuanto a su moderación, ésta tiene que estar combinada con el tacto y la sabiduría… – Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 95.

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