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Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í. El sitio web oficial de la Fe Bahá’í es Bahai.org y el sitio web oficial de los bahá’ís de los Estados Unidos es Bahai.us.
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Espiritualidad

3 sencillos pasos para encontrar el perdón

Kathy Roman | Dic 14, 2021

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Kathy Roman | Dic 14, 2021

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Recientemente, asistí a una reunión de oraciones interreligiosa online, organizada por un amigo bahá’í. En este período de aislamiento de la pandemia, reunirse con una comunidad para estrechar amistad y comulgar juntos nos da un descanso refrescante.

Después de que el grupo se turnara en la lectura de oraciones y escrituras de diferentes religiones, el tema del perdón surgió de forma orgánica.

«Lo más difícil para mí es perdonarme a mí misma», dije.

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A ello le siguió una sonora oleada de acuerdo, ya que muchos de los asistentes relataron el mismo sentimiento. En la hora que siguió, el grupo consultó sobre la mejor manera de liberar nuestras almas de la culpa y la vergüenza utilizando la poderosa virtud del perdón. Incluyeron estos 3 pasos:

1. Perdona a los que te han hecho daño

La forma en que la gente te trata tiene mucho que ver con ellos mismos y no contigo. Anais Nin lo dijo mejor: «No vemos las cosas como son, las vemos como somos». Abdul-Bahá fue una personificación perfecta de esta verdad. No importaba cómo fuera tratado, ya sea por amigos o enemigos, siempre respondía con amor y compasión, como se muestra en este relato del autor bahá’í Earl Redman:

En cuanto a Sus enemigos, Abdu’l-Bahá nunca les permitió sentir nada más que amor. A principios del siglo XX, una fanática misionera protestante de Escocia llamada Sra. Ramsey estaba «consumida por el fuego de los prejuicios religiosos y el odio ….». Como la Misión Protestante tenía un dispensario y alquilaba un apartamento en el edificio en el que vivía Abdu’l-Bahá… ella se veía obligada a cruzarse con Él varias veces al día. Cada vez que se encontraba con Él, «se retorcía de agonía, hacía muecas y bajaba la cabeza mientras aceleraba su paso hasta correr». Un día, al pasar junto a ella, el Maestro la llamó y le preguntó: «Señora Ramsey, ¿sabe cuánto la quiero?».

«¿Cuánto?», preguntó ella con desconfianza.

«Mire en su corazón y vea cuánto me odia. Hasta ese punto la amo», respondió Él.

Abdu’l-Bahá animó a los bahá’ís -de hecho, animó a todos los seres humanos- a adoptar la misma actitud y acciones. En una charla que dio en los Estados Unidos en 1912, dijo «Por cuanto Dios es clemente y amoroso con Sus hijos, indulgente y misericordioso con nuestros defectos, ¿por qué debemos ser despiadados e implacables los unos con los otros?».

Perdonar no significa condonar un comportamiento inadecuado, ni permitir que continúe, sino que perdonamos para liberarnos. Aunque es ciertamente un reto, si logramos no tomarnos las acciones de los demás como algo personal, nos servirá. ¿Quién sabe cuán grande es la herida, ignorancia o dolor de la persona? Existe una liberación cuando dejamos ir y entregamos a esa persona a Dios, entendiendo que es el Creador quien reparte justicia. Ese no es nuestro trabajo. Hasta que no liberemos a los que nos han herido con el perdón, siempre estaremos conectados energética y tóxicamente. En esa misma charla, Abdu’l-Bahá también dijo: «Si alguien comete un error y un mal hacia ti, debes perdonarlo instantáneamente».

La Casa Universal de Justicia, el cuerpo administrativo democráticamente elegido de los bahá’ís del mundo, ofreció este consejo a un bahá’í sobre el perdón, diciendo:

… es una parte esencial del crecimiento espiritual de una persona que ha sido agraviada. Alimentar un agravio u odio contra otra alma es espiritualmente venenoso para el alma que lo alimenta, pero esforzarse por ver a otra persona como un hijo de Dios y, por muy atroces que sean sus actos, intentar pasar por alto sus pecados por amor a Dios, elimina la amargura del alma y la ennoblece y fortalece. – [Traducción provisional]

2. Pide perdón a quienes has herido

Cada uno de nosotros ha herido a alguien en algún momento de su vida. Nadie es perfecto, y precisamente por eso la gente puede ser sorprendentemente indulgente si se encuentra con una verdadera vulnerabilidad y un auténtico remordimiento.

Así que si has hecho daño a alguien, busca la manera de disculparte de forma sincera y cariñosa. En ese momento, puede que descubras que un número considerable de tus aprensiones se verán aliviadas. Puede que descubras que la persona a la que crees que has hecho daño ni siquiera es consciente del desaire, o que ciertamente no te guarda rencor.

Si no puedes contactar con la persona a la que crees que has hecho daño, escríbele una carta simulada pidiéndole perdón y explicándole detalladamente lo que sientes. A continuación, escribe la carta que crees que te habrían respondido. Podrías encontrar una visión sorprendente en este proceso, y aprender que tu carga se ha aliviado considerablemente. Recuerda el perdón infalible de Dios, como lo describió Abdu’l-Bahá en esta oración: «Él perdonará tus pecados y los transformará en buenas acciones. Verdaderamente Él es el Perdonador, el Compasivo, el Señor de la gracia inconmensurable».

3. Perdónate a ti mismo

En la mayoría de los casos, si lo hubieras sabido en su momento, lo habrías hecho mejor. Todos somos humanos y, como tales, cometemos errores.

Los errores pueden utilizarse como catalizadores para un cambio positivo, o para revolcarse en la autocompasión. Yo solía pensar que si me sentía lo suficientemente mal, de alguna manera estaba asumiendo una mayor responsabilidad por mis errores, pero quedarme atascada en el arrepentimiento y la vergüenza no era útil para nadie, ni siquiera para mí. No crecer y no poder avanzar debido a nuestros errores representa el peor y más improductivo de los resultados.

Todas las enseñanzas religiosas nos dicen que, si acudimos a Dios, pidiendo sinceramente perdón, nuestra oración será atendida. C.S. Lewis dijo «Creo que si Dios nos perdona debemos perdonarnos a nosotros mismos. De lo contrario, es casi como si sintiéramos que somos un tribunal superior a Él». ¿Quiénes somos nosotros para no perdonarnos a nosotros mismos y a los demás cuando Bahá’u’lláh nos dice en los escritos bahá’ís que Dios es el «Siempre Perdonador»?:

Vuélvete hacia Él, y no sientas temor por tus obras. En verdad, Él perdona a quien Le place como una merced de parte Suya; no hay Dios si no Él, Quien siempre perdona, el Munífico. – El libro más sagrado.

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El perdón significa libertad emocional, que nos permite seguir adelante con nuestras vidas. Tanto si perdonamos a alguien que nos ha hecho daño, como si pedimos perdón a alguien a quien hemos hecho daño, o si nos perdonamos a nosotros mismos, cuando entregamos todas nuestras heridas a Dios, Él será fiel a su promesa, registrada aquí en los escritos del Báb:

No temas ni estés triste, pues en verdad hemos asegurado para aquellos que han respondido a tu Llamada, sean hombres o mujeres, el perdón de sus pecados, tal como se sabe en la presencia del Más Amado y conforme con lo que Tú deseas. En verdad, Su conocimiento abarca a todas las cosas.

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