Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Esta tarde escuché un accidente automovilístico afuera de mi casa. Escuché el impacto. Escuché los alaridos, los jadeos, los gritos, y los lamentos. Y le rogué a Dios.

Querido Dios, ayúdalo, tranquilízalo, abrázalo. Ya sea que se quede aquí o se vaya, por favor hazle saber que está sostenido por Tu amor. Me asomé a la ventana y oré.

Una vez tuve una experiencia cercana a la muerte. Estaba muy asustada. Estaba perdiendo el conocimiento. Finalmente, al escabullirme, supliqué suavemente, “Dios, por favor sosténme”. No sabía quién era Dios, pero sabía que lo necesitaba. Lo que siguió fue un estado de gracia amorosa, comparado con ninguno que haya tenido o haya sentido. Parecía como si hubiera estado envuelta en un mar de amor tan grande, no había miedo, ni preocupación, todo era perfecto. No me preocupaba que pudiera irme de este mudo. No solo estaba “en paz”, sino que estaba extasiada, en total felicidad, en completa confianza.

Damos tanta importancia a esta vida aquí en la Tierra, que, comparada con los reinos espirituales, las enseñanzas bahá’ís describen como un montón de polvo:

Cuando el alma humana sale volando de este efímero montón de polvo y se eleva al mundo de Dios, entonces caen los velos y salen a la luz las realidades, y se vuelven claras todas las cosas antes desconocidas, y son comprendidas las verdades ocultas. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá.

Si pudiéramos vivir, sabiendo que nuestra vida tiene un propósito muy específico – crecer espiritualmente – aprovecharíamos al máximo nuestro tiempo limitado, nuestros desafíos específicos, y no temeríamos tanto el fin de nuestras vidas en la Tierra. Tal vez incluso seríamos más eficaces porque no tendríamos miedo de morir… o, morir a este mundo y nacer en el reino del amor. Abdu’l-Bahá dijo una vez: “Por su ignorancia, el hombre teme a la muerte; pero la muerte de la cual se evade es imaginaria y absolutamente irreal; es sólo imaginación humana”. – La Promulgación a la Paz Universal.


Pueden escuchar la canción de Christina Frith “God Bless the Children Who Have Died” aquí:


 ¿Y qué hay del hombre que fue atropellado por un auto esta tarde? O bien sigue aquí y le espera una experiencia muy específica de recuperación y curación, o bien, ha dejado este plano de existencia y está experimentando ahora el mundo espiritual de la gracia y la belleza. Tal vez esté en el hospital, viviendo con máquinas, y muchas de las vidas que le rodean se verán afectadas para siempre. Tal vez ha muerto, y el joven que conducía el auto que lo atropelló tendrá que reconciliarse con que contribuyó a la pérdida de la vida de otra persona. Tal vez la familia del hombre lo culpe. Tal vez no fue su culpa. Tal vez todos ellos crezcan espiritualmente a partir de ello. Tal vez caigan de rodillas y pidan ayuda como yo lo hice. Tal vez se envuelvan en el amor y dediquen sus vidas a ese amor para siempre, como Abdu’l-Bahá prometió una vez a una madre que perdió un hijo:

Ese amado hijo tuyo se dirige a ti desde el mundo oculto: «Oh madre bondadosa, agradece a la divina Providencia porque he sido liberado de una jaula pequeña y oscura y, como las aves de las praderas, me he remontado hasta el mundo divino: un mundo espacioso, iluminado y siempre alegre y jubiloso. Por tanto, no te lamentes, oh madre, y no te apenes; yo no soy de los que se han perdido, ni he sido aniquilado, ni destruido. Me he despojado de la forma mortal y he izado mi enseña en este mundo espiritual. A continuación de esta separación está la compañía imperecedera. Tú me encontrarás en el cielo del Señor, inmerso en un océano de luz». – Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá.

Habrá lágrimas. Habrá dolor. Habrá deseos y anhelos. Habrá muchas cosas. Tal vez habrá confianza.

Yo lloré. No podría decir por qué. Lo sentí mucho. Quería bajar corriendo y abrazar al chico que conducía el coche. Me sentí como una madre. Quería decirle a los policías, “no olviden que ellos también están sufriendo. Por favor, trátenlos con cuidado”. Entonces pensé en lo loco que sería. Pensé en la policía diciendo: “Señora, ¿quién es usted? ¿Conoce a estos jóvenes?” Yo diría: “No, pero sé que son niños, y eso significa que necesitan apoyo y cuidado”. Puedo imaginarme todo tipo de escenarios como este.

Me doy cuenta de que tengo muchos desafíos espirituales con los que hacer las paces, entre ellos: no puedo salvar a todos. También quiero asegurarme, donde pueda, de que los niños sean escuchados, vistos, cuidados y honrados, incluso cuando se conviertan en adultos.

Moriré. No tengo miedo de morir. Tengo mucho trabajo que hacer antes de irme. O, creo que sí. Tal vez uno de mis trabajos es llevar un poco del amor que sentí cuando me abrazó algo mucho más grande que yo esa noche. Tal vez por eso lloré. Tal vez esas lágrimas son un brote de amor, que se derrama por todas las almas que sufrieron en esa noche.

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