Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

En el año 1875, Abdu’l-Bahá, el hijo del fundador de la Fe Bahá’í Bahá’u’lláh, escribió el poderoso y profundo libro llamado “El Secreto de la Divina Civilización” .

Aunque el libro de Abdu’l-Bahá se enfoca claramente en la dinámica de la modernización aplicada a la sociedad persa en ese momento, también proporciona un marco más amplio para el desarrollo social que deben utilizar los países desarrollados y subdesarrollados. Hoy, casi 150 años después de su publicación inicial, todavía ofrece ideas sorprendentemente incisivas sobre los requisitos de una civilización moderna.

El Secreto de la civilización divina enfatiza la centralidad del intelecto y la reflexión, el refinamiento de los estándares morales, la necesidad de aumentar la adquisición y ampliación del conocimiento y la reconstrucción del sistema educativo en beneficio de la transformación social. Abdu’l-Bahá escribió:

El requisito primario y más urgente es la promoción de la educación. Resulta inconcebible que pueda nación alguna lograr la prosperidad y triunfar sin que haya adelanto en este capítulo fundamental y primordial. La razón principal del declive y caída de los pueblos es la ignorancia. Hoy día, las masas entre las gentes se encuentran desinformadas respecto de los asuntos ordinarios, con más razón por lo que toca a la esencia de los problemas importantes y de las necesidades complejas de la hora. – El secreto de la civilización divina, pág. 61.

Las jerarquías políticas y sociales del siglo XIX de Persia reservaron los beneficios de la educación únicamente para el patriarcado religioso. El contenido de la educación en ese momento, totalmente desprovisto de artes y ciencias modernas, representaba un sistema elitista que privaba a muchos hombres, y a la gran mayoría de las mujeres, de cualquier oportunidad educativa. Era un sistema cuyas costumbres y tradiciones no habían seguido las corrientes del cambio, y sus valores estaban impregnados de fundamentalismo y superstición. Esta exigía completa obediencia a la clase eclesiástica y a los gobernantes autoritarios.

En ese sistema educativo, las personas eran consideradas débiles e impotentes; la imitación dominaba al pensamiento libre. Se les enseñó a las personas a pensar que debían sus vidas al régimen gobernante, y a someter su voluntad, independencia y libertad de pensamiento a una obediencia ciega y una completa conformidad con la decisión legal del clero y las normas estancadas de la tradición. En otras palabras, el tratado de Abdu’l-Bahá sobre la civilización divina, con énfasis en la importancia del pensamiento y la razón, llama la atención del lector sobre el hecho de que la rehabilitación y la prosperidad de cada país están condicionadas al uso del conocimiento y la sabiduría ilustrada. Toda acción y reforma está condenada al fracaso a menos que el espíritu de investigación independiente de la verdad penetre en la cultura y el sistema educativo.

El Secreto de la Civilización Divina incluye esquemas y sugerencias para la reconstrucción y la prosperidad de una nación, incluidos los temas del desarrollo económico y espiritual y las condiciones previas necesarias para salir del callejón sin salida del subdesarrollo.

Entre los principios presentados, Abdu’l-Bahá destacó la necesidad de priorizar el refinamiento y la educación de sus recursos humanos, los cuales se presentan como elementos esenciales   para el desarrollo. Otras áreas de interés incluyen la importancia de los recursos naturales de un país, su ubicación geográfica y el patrimonio histórico y cultural de su nación, pero no hasta el punto de considerarlos como las condiciones previas principales para iniciar un programa de desarrollo. Incluso para grandes poblaciones, donde existe un potencial para un vasto recurso humano, sin las dinámicas de la educación y el desarrollo del conocimiento, conocimiento y habilidades, el aumento de estos recursos humanos para el mejoramiento de la sociedad sería casi imposible. En otras palabras, el éxito o fracaso final de todos los esfuerzos de desarrollo depende de cómo y hasta qué punto se ha cultivado sistemáticamente un proceso educativo avanzado que comience con el individuo y se extienda a las relaciones y procesos sociales.

Abdu’l-Bahá recomendó un patrón de desarrollo que no es ni una imitación ciega de Occidente ni un regreso al pasado oponiéndonos a las nuevas innovaciones. Este enfoque confirma el valor de la modernidad y explica su significado y dirección. Él escribió:

Hoy, a través de los cinco continentes del globo, son Europa y la mayor parte de Norteamérica los que disfrutan de renombre en cuanto a la ley y el orden, el gobierno y el comercio, las artes y la industria, las ciencias, la filosofía y la educación… Los cimientos del progreso y civilización de Europa fueron atendidos en el siglo XV de la era cristiana, y desde entonces en adelante toda su cultura evidente ha experimentado un proceso de desarrollo bajo el estímulo de grandes mentes y como consecuencia de la expansión de las fronteras del conocimiento y del empeño de esfuerzos enérgicos y ambiciosos. – Ibid., pág. 11.

0 Comentarios

characters remaining