Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Los bahá’ís consideran al Bab y Bahá’u’lláh como manifestaciones gemelas de Dios, profetas y fundadores de religiones independientes que finalmente se unieron en una sola.

La revelación del Bab duró solo seis años, desde 1844 hasta su martirio en 1850. Tanto antes como después de su muerte, los babis sufrieron una intensa persecución por parte del gobierno persa y el sistema clerical chiíta islámica, con más de 20.000 babis asesinados por sus creencias. Conocidos como “los rompedores del alba”, el Bab y sus primeros seguidores sacrificaron todo en su búsqueda por promulgar sus nuevas enseñanzas:

Desde el principio el Báb debió haber adivinado el recibimiento que Sus compatriotas darían a Sus enseñanzas y el destino que le aguardaba a Él mismo de manos de los mullás. Pero Él no permitió que las aprehensiones personales afectaran la franca enunciación de Sus pretensiones y la abierta presentación de Su Causa. Las innovaciones que proclamaba, aunque de naturaleza puramente religiosa, eran drásticas; la anunciación de Su propia identidad era alarmante y tremenda. Se dio a conocer como el Qá’im, el Gran Profeta o Mesías tan largamente prometido, esperado con tanta ansiedad por el mundo mahometano. Agregó a esto que también era la Puerta (es decir, el Báb) por medio de quien una Manifestación más grande que Él mismo, iba a entrar en el reino humano. – Introducción a Los Rompedores del Alba, pág. XXIV.

Luego, en 1863, Bahá’u’lláh cumplió las profecías del Bab al proclamar y establecer la Fe Bahá’í, que eventualmente subsumió a los seguidores del Bab y se convirtió en una religión global.

Bahá’u’lláh hizo comentarios fundamentales sobre la revelación del Bab: describió al Bab en términos personales como un catalizador necesario en su empresa combinada para construir una nueva sociedad. Aliado con Bahá’u’lláh, el Bab era una “figura gemela”, un profeta por derecho propio que tenía la autoridad de presidir con Bahá’u’lláh sobre los destinos de esta nueva dispensación.

El Bab, referido por Bahá’u’lláh como “Mi precursor”, así como su Heraldo y Punto Primordial, preparó el camino para la revelación de Bahá’u’lláh. Él describió el sacrificio supremo del Bab como el único “Quien ofrendó Su vida por este Gran Anuncio”.La Epístola al Hijo del Lobo, pág. 127.

Bahá’u’lláh prometió su apoyo recíproco al Bab en esta declaración:

En medio de todo esto, henos aquí dispuestos a entregar Nuestra vida, resignados enteramente a Su voluntad, fuera que por ventura, mediante la cariñosa bondad y gracia de Dios, esta Letra revelada y manifiesta pudiese entregar Su vida como sacrificio en el sendero del Punto Primordial, la exaltadísima Palabra. – Bahá’u’lláh, El Libro de la Certeza, pág. 163.

Claramente, el Bab voluntariamente renunció a su vida por los principios de la nueva causa, haciendo todo lo posible para ayudar a la gente a prepararse para la llegada de Bahá’u’lláh. Después de las horribles masacres finales de 1852, con casi ningún babí para revivir la fe del Bab, aquella tarea recayó en el principal noble de Persia, Bahá’u’lláh. Exiliado de su tierra natal en los meses de invierno de 1853, Bahá’u’lláh viajó a Bagdad, dándole al fuego de la nueva fe del Bab, cuya llama se estaba extinguiendo, la oportunidad de resucitar.

¿Cómo relatará la historia del Bab el futuro? Sólo el tiempo lo dirá. El hijo de Bahá’u’lláh, Abdu’l-Bahá dejó muy claro que el Bab jugó un papel gigantesco en el establecimiento de la Fe Bahá’í:

Considerad cómo el Báb soportó dificultades y tribulaciones; cómo dio Su vida por la Causa de Dios; cómo estaba atraído hacia el amor de la Bendita Belleza, Bahá’u’lláh; y cómo anunció las Buenas Nuevas de Su manifestación. Nosotros debemos seguir Su ejemplo divino; debemos ser abnegados y estar resplandecientes con el fuego del amor de Dios. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 154.

Bahá’u’lláh escribió que la humanidad nunca comprendería completamente la importancia del conocimiento y la influencia del Bab, aquel joven irresistible de Shiraz:

Ningún entendimiento puede concebir la naturaleza de Su Revelación, ni conocimiento alguno comprender la amplitud de Su Fe… Él /el Bab) es el Revelador de los misterios divinos y el Expositor de la sabiduría antigua y oculta. – El Libro de la Certeza, pág. 157.

El Bab fue la puerta que anunció un nuevo día, su misión fue la de cerrar una era antigua y abrir una nueva.  El Bab preparó a la sociedad para una figura más grande, surgiendo valientemente contra enormes probabilidades de anunciar su revelación a los líderes religiosos y estatales de su tiempo. Su vida pareció terminar en la tragedia y sufrimiento, pero él valientemente hizo todo lo posible para preparar el camino para la llegada de Bahá’u’lláh y lo logró. Mientras que la mayoría de los discípulos principales del Bab murieron a manos de los opresores, un grupo central de seguidores reconoció el cumplimiento de las palabras del Bab en la persona y el mensaje de Bahá’u’lláh. De esta manera, el Bab ejerció una influencia tremenda e incalculable en la historia de la religión y en el establecimiento del primer movimiento verdaderamente global para la paz y la unidad.

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