Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

El Orden Administrativo Bahá’í tiene inicio en el individuo bahá’í, quien trata de vivir la vida de acuerdo con la guía espiritual, social y práctica que se encuentra en los escritos bahá’ís.

Comienza con un amor real por Bahá’u’lláh, y continúa con un amor por cada ser humano: un amor que trasciende los sentimientos y emociones personales, un amor amable, cooperativo, comprensivo y cariñoso, que pone en primer lugar a la otra persona:

El amor y la unidad son las necesidades del cuerpo político de hoy. Sin ellos no se podrá lograr el progreso y prosperidad. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 185.

Esto significa respeto y atención a las necesidades de cada ser humano. ¿Cómo pueden un orden administrativo, un sistema de gobierno, evidenciar esos principios elevados?

El orden administrativo bahá’í responde a esa pregunta al estar basado en tal respeto y amor.

Los bahá’ís no tienen clero, lo que significa que todas las decisiones descansan en manos de organismos elegidos democráticamente en los niveles local, regional, nacional e internacional. En el nivel jurisdiccional local, de acuerdo con las fronteras civiles donde viven, los adultos bahá’ís eligen anualmente por votación secreta, sin nominaciones o campañas electorales. Eligen entre todos los miembros de su comunidad a su Asamblea Espiritual Local. La Asamblea Espiritual Local ayuda a los miembros de la comunidad de cualquier manera posible, observando las pautas y leyes bahá’ís y ayudando a su comunidad, tanto a los bahá’ís como a todos los demás, en su crecimiento y desarrollo espiritual.

Cuando se reúnen las Asambleas Bahá’ís, el principio de la consulta franca y honesta guía el arte de la discusión, teniendo la unidad como objetivo:

En esta Causa la consulta es de vital importancia; sin embargo, se intenta la deliberación espiritual y no la mera declaración de opiniones personales… la consulta debe tener como meta la investigación de la verdad. Aquel que expresa una opinión no debería decir que es correcta y justa, sino presentarla como una contribución al consenso de opiniones, pues la luz de la realidad se hace aparente cuando coinciden dos opiniones. Cuando el pedernal y el eslabón se juntan salta una chispa. El hombre debería pesar sus opiniones con extrema serenidad, calma y compostura. Antes de expresar sus propias opiniones debería considerar cuidadosamente las opiniones ya presentadas por otros. Si encuentra que una opinión presentada anteriormente es más veraz y meritoria, debería aceptarla inmediatamente y no aferrarse obcecadamente a su propia opinión. Mediante este excelente método, él se esfuerza para llegar a la unidad y la verdad. Por lo tanto, la verdadera consulta es deliberación espiritual en una atmósfera y actitud de amor. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 90.

La consulta bahá’í debe realizarse con el mayor amor, sinceridad y unidad. Sus participantes deben unirse en una actitud de oración, buscando ayuda del Reino de la Gloria, expresando sus pensamientos libremente, renunciando a todo apego a sus opiniones individuales y prestando una atención justa y cuidadosa a las opiniones de los demás, en un esfuerzo por alcanzar consenso. – La Casa Universal de Justicia, 19 de mayo de 2009, (Traducción provisional).

La consulta rige los debates de los miembros de todas las Asambleas bahá’ís e incluso de la Casa Universal de Justicia, el órgano rector mundial de los bahá’ís del mundo.

El objetivo de cualquier Asamblea Espiritual debe ser desarrollar una relación cálida y amorosa con los creyentes en su comunidad, de modo que pueda nutrirlos y alentarlos de la manera más efectiva para que adquieran un entendimiento más profundo de las enseñanzas y puedan ayudarles a seguir los principios bahá’ís en su conducta personal. La Asamblea debe aspirar a ser percibida por los miembros de la comunidad como un padre amoroso, sabio en su comprensión de los diversos grados de madurez de aquellos que están bajo su cuidado, compasivo al tratar de los problemas que surgen como resultado de cualquier desafío, siempre preparados para guiarlos por el camino correcto, y muy pacientes en su esfuerzo por lograr los cambios necesarios en su comportamiento. Este enfoque está muy alejado del enfoque punitivo que tan a menudo caracteriza a la administración de la ley en la sociedad en general. La aplicación bahá’í de la justicia, firmemente arraigada en el principio espiritual y animada por el deseo de fomentar el desarrollo espiritual de los miembros de la comunidad, se verá cada vez más como un rasgo distintivo y altamente atractivo de la Revelación de Bahá’u’lláh. – La Casa Universal de Justicia, ante la Asamblea Espiritual Nacional de los bahá’ís de Australia, (Traducción provisional).

Cada año, los bahá’ís en distritos que incluyen varias comunidades locales eligen un número de representantes quienes, de acuerdo con su propia conciencia, votarán en una Convención Nacional. Es ahí donde estos representantes eligen a los nueve miembros de la Asamblea Espiritual Nacional, institución que gobierna los asuntos dentro de su jurisdicción. Todos los miembros del distrito son elegibles para votar y ser votados.

Sede de la Casa Universal de Justicia en Haifa, Israel.

Sede de la Casa Universal de Justicia en Haifa, Israel.

A nivel global, los miembros de esas Asambleas Espirituales Nacionales se reúnen cada cinco años para elegir a los nueve miembros de la Casa Universal de Justicia, el órgano rector supremo de la Fe Bahá’í.

Este marco básico forma un tipo único de gobierno, ni democrático ni republicano, ni despótico ni autocrático. Sus órganos de toma de decisiones aseguran que permanezca descentralizado, como recomendó Abdu’l-Bahá. En cada nivel anterior, existe un proceso de apelación tanto para los individuos como para las asambleas locales con respecto a las decisiones tomadas. Este proceso de apelación puede llegar finalmente hasta la Casa Universal de Justicia, el árbitro final. Todas las instituciones funcionan como compañeros de ayuda, tratando de encontrar la mejor solución de acuerdo con la guía espiritual y social de los escritos bahá’ís.

Pero, como dicen, es el espíritu lo que cuenta. Un espíritu de bondad amorosa impregna las decisiones administrativas bahá’ís, aunque parezcan contrarias a la opinión de alguien, están destinadas a satisfacer las necesidades de una sociedad equilibrada y justa.

Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe Bahá’í, lo resumió así:

… [Los bahá’ís] nunca deben confundir a la administración bahá’í con un fin en sí mismo. Este es meramente el instrumento del espíritu de la fe. Esta Causa es una Causa que Dios ha revelado a la humanidad como un todo. Está diseñado para beneficiar a toda la raza humana, y la única forma en que puede hacerlo es reformando la vida comunitaria de la humanidad y regenerando al individuo. La Administración bahá’í es solo la primera configuración de lo que en el futuro será la vida social y las leyes de la vida comunitaria. – citado por la Casa Universal de Justicia en una carta a los bahá’ís de los Estados Unidos, 19 de mayo de 1994.

1 Comentario

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  • Mariela Ynufio Consuegra
    Apr 17, 2019
    es bueno notar que el Orden Administrativo Bahá'i es la Base para el Desarrollo de las Instituciones Locales y Nacionales, cuando existe una incorrecta comprensión de este importante instrumento, es cuando hay involución en los resultados para las Instituciones, comunidades e individuos. Este material es efectivo para el estudio de las Asambleas antes, durante y después de las elección el 21 de abril. Gracias. Mariela Ynufio Consuegra. Cuba