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Religión

En nombre del amor: la oración, la meditación y el ayuno

David Langness | Mar 22, 2018

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David Langness | Mar 22, 2018

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Siempre se suele escuchar en las iglesias, monasterios, templos y mezquitas algunas versiones de la frase “Oremos en nombre de Dios” ¿Qué pensamos que significa esto?

¿Cómo hacemos para orar “en nombre de Dios”? De niño siempre me hacía preguntas así. Decidí, entonces, preguntarle a una bibliotecaria de referencia (ellos siempre tienen la respuesta para casi todo). Evidentemente, ella sabía dónde encontrar la respuesta y me mostró la explicación en un libro antiguo.

El libro explicaba que orar “en nombre del Señor” originalmente significaba que la oración debía “ser conforme con la Palabra divina” Para dar un ejemplo, el libro señalaba que Cristo había pedido a sus discípulos que oren en nombre de Jesús y les prometió que si lo hacían recibirían lo que pidiesen.

Incluso de niño, sospechaba que la promesa hecha por Cristo no era literal, sino que hablaba de la verdad simbólica de invocar un nombre sagrado.

Por supuesto, como sabemos, un nombre expresa las cualidades de lo nombrado; lo que significa que orar en nombre de Dios, o en nombre de alguno de los profetas y mensajeros de Dios, hace un llamado a las hermosas cualidades espirituales asociadas con ese nombre.

Es así que orar, ayunar, suplicar y pedir algo en nombre de Dios o en nombre de Jesús, Buda o Bahá’u’lláh significa olvidar nuestra propia voluntad en favor a la voluntad de Dios, sometiendo nuestro ser individual e identidad a la consciencia superior de lo eterno, construyendo un vínculo místico con algo más grande que nosotros.

Debido a que la mayor cualidad de los mensajeros y profetas de Dios es el amor, nuestras oraciones hacen un llamamiento a incrementar nuestra capacidad de amar. Así como le pedimos a nuestro cuerpo durante el ayuno Bahá’í mantenerse sin recibir alimento, asimismo al orar y meditar le pedimos al Creador que nos otorgue paciencia y desprendimiento.  Así como entrenamos nuestra mente al aprender datos, teorías y verdades científicas, así el proceso de ayuno, oración y meditación educan el alma.  El autor ruso Fyodor Dostoevsky escribió en su libro ‘Los hermanos Karamazov’: No olvidéis la oración.

Si tu oración es sincera, generará nuevos sentimientos y tendrá nuevo significado. Esta te otorgará un nuevo aliento y comprenderás que la oración nos educa.

Es así que el acto voluntario de orar, que nos educa al permitirnos desprendernos temporalmente de nuestro ego, permite que nuestras almas trasciendan. Cuando adoptamos una práctica constante de ayuno, oración y meditación, llegamos hasta la esencia más íntima de nuestro ser y ganamos gradualmente más acceso a una existencia espiritual más grande. Estas disciplinas espirituales abren las puertas de un nuevo mundo:

La oración es el servicio del corazón. – El Talmud.

La oración es el más grande encanto, el mejor bálsamo contra todo mal… Entre todos los remedios, esta es la curación que cura con la Palabra Sagrada. El Zend-Avesta

Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Señor… – Salmo 19:14.

Pide asistencia a través de la oración y con paciencia,  aunque difícil, es algo que hemos guardado solo para los humildes…- El Corán.

Revélate pues, oh Señor, por Tu misericordiosa palabra y el misterio de Tu divino ser, para que el sagrado éxtasis de la oración pueda henchir nuestras almas, oración que se eleve por encima de las palabras y las letras y trascienda el murmullo de las sílabas y los sonidos, para que todas las cosas se fundan en la nada ante la revelación de Tu magnificencia.  ‘Abdul-Bahá, Oraciones Bahá’ís, p. 145.

Los Bahá’ís ayunan desde la salida hasta  la puesta del sol, por 19 días, una vez al año; también oran y meditan diariamente, usando oraciones reveladas por Bahá’u’lláh, profeta y fundador de la Fe Bahá’í y de ‘Abdu’l-Bahá, su ejemplo perfecto. También, pueden usar sus propias oraciones libremente. Los Bahá’ís no tenemos iglesias, ni clero, o servicio de culto, pero sí desarrollamos reuniones devocionales informales que generalmente incluyen oraciones de Bahá’u’lláh y ‘Abdu’l-Bahá. Las reuniones devocionales Bahá’ís también pueden incluir escritos sagrados de cualquiera de las grandes religiones del mundo. Pero, sobre todo, las enseñanzas Bahá’ís dicen que las oraciones deben salir del corazón y alma de cada individuo.

Los escritos Bahá’ís cuentan con oraciones para casi todas las situaciones, pruebas y dificultades que enfrentamos en la vida.  Las oraciones Bahá’ís, ya sean leídas silenciosamente o en voz alta, entonadas o cantadas, u orquestadas, tienen el poder de conmover el corazón humano e influenciar profundamente su alma, en especial durante el periodo del ayuno Bahá’í.

Las oraciones Bahá’ís, escritas en un lenguaje hermoso, metafórico y simbólico, brindan seguridad, bienestar y paz. Cada una de esas oraciones, sin importar el tema, pide asistencia a Dios:

 Te pido, oh mi Señor, por Tu oculto, Tu atesorado Nombre, que llama en alta voz en el reino de la creación y emplaza a todos los pueblos al Árbol más allá del cual no hay paso, la sede de trascendente gloria, que derrames sobre nosotros y sobre Tus siervos las abundantes lluvias de Tu misericordia, para que nos limpie del recuerdo de todo salvo de Ti, y nos acerque a las orillas del océano de Tu gracia. Ordena, oh Señor, por Tu muy exaltada Pluma, lo que ha de inmortalizar nuestras almas en el Dominio de gloria, perpetuar nuestros nombres en Tu reino, y guardar nuestras vidas en los Tesoros de Tu protección y nuestros cuerpos en el baluarte de Tu inviolable fortaleza. Potente eres Tú sobre todas las cosas, ya sean del pasado o del futuro. No hay Dios sino Tú, el Protector omnipotente, Quien subsiste por Sí mismo. Bahá’u’lláh, Pasaje de los Escritos de Bahá’u’lláh, p. 172.

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