Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Una vez al año, los bahá’ís y los amigos de la Fe bahá’í de todo el mundo ayunan, absteniéndose de comer y beber desde el amanecer hasta el atardecer durante 19 días para acercarse más a Dios y a sus propias almas.

He esperado ansiosamente mi ayuno bahá’í desde que lo hice por primera vez cuando tenía 15 años. Pero cuando contraje una rara enfermedad autoinmune a principios de los 40, y posteriormente recibí dos veces diagnósticos de cáncer, me vi obligada a abandonar la práctica del ayuno. Las enseñanzas bahá’ís dicen que cualquier persona en mi posición está exenta del ayuno físico, así como los que están enfermos, embarazadas, lactando, viajando o los ancianos:

Os hemos prescrito orar y ayunar a partir del comienzo de la madurez [15 años]; así lo ordena Dios, vuestro Señor y Señor de vuestros antepasados. […] El viajero, el enfermo, la mujer encinta y la que amamanta no están obligados a ayunar. […] Absteneos de comer y beber desde la salida hasta la puesta del sol y, cuidado, no sea que el deseo os prive de esta gracia designada en el Libro. – Bahá’u’lláh, Oraciones Bahá’ís.

Sin embargo, las enseñanzas bahá’ís también dicen que aquellos que no pueden ayunar físicamente pueden seguir manteniendo el ayuno espiritual.

Para mí personalmente, esto significa que todavía puedo conscientemente esforzarme a lo largo del día por mantener mis pensamientos puros, mis actos nobles, y mis intenciones dignas. La revitalización del alma es realmente el significado espiritual y el propósito del ayuno. Abstenerse de comer y beber es un símbolo externo de la conciencia interior y la devoción a Dios.

Entonces, ¿cómo me esfuerzo por mantener el ayuno bahá’í, dadas mis limitaciones físicas? Para lograrlo, creo yo, se necesita una actitud mucho más deliberada. Cuando solía ayunar físicamente, tenía muchos recordatorios durante el día porque mi cuerpo estaba incómodo. Iba a comer algo, me detenía y recordaba que estaba ayunando, y por qué. Ahora tengo que impulsarme a mí misma a detenerme, recordar a Dios, y mantenerme en el espíritu del ayuno durante todo el día. Trato de comer solo 2 comidas y cuando lo hago, trato de no demorarme, recordando a todos los que en el mundo están ayunando. Hago oraciones al amanecer y al atardecer, trato de tener buenos pensamientos, me separo lo más posible del mundo material y me concentro en las virtudes amorosas como metas para un ayuno espiritual:

Nuestros mayores esfuerzos deben estar dirigidos hacia el desprendimiento de las cosas del mundo; debemos luchar por ser más espirituales, más luminosos, por seguir el consejo de las Enseñanzas Divinas, por servir a la causa de la unidad y de la verdadera igualdad, por ser generosos, por reflejar el amor del Altísimo sobre todos los seres humanos, para que la luz del Espíritu se manifieste en todos nuestros actos, con el fin de que toda la humanidad se una, que el turbulento mar del mundo se calme, y que las rugientes olas desaparezcan de la superficie del océano de la vida, y esté por siempre tranquilo y apacible. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá.

Debo admitir que es mucho más sencillo comer y beber durante el ayuno; sin embargo, no puedo decir que he logrado replicar el éxtasis de los años pasados cuando era capaz de ayunar físicamente. Aun así, me siento conectada con el resto de personas en el mundo que observan el ayuno, puedo sentir esa magia en el aire, pero no con la misma intensidad. Hay algo en el hecho de pasar sed y hambre durante el ayuno que me hace notar y apreciar más las bondades de Dios. Lo podría comparar con el hecho de tener hijos.

Cuando di a luz a mi hijo, Anthony, no quería sentir el dolor, así que me puse la epidural. El parto fue pacífico, calmado y fácil, sin dramas. Fue una experiencia hermosa.

Decidí, sin embargo, tener a mi hija Julia sin ninguna droga. Al vivir en la lejana Nueva Zelanda en esa época, recuerdo querer que la experiencia sea lo más natural posible.  Aquellas trece horas de dolor de “trabajo de parto de espaldas” no fueron divertidas. Las horas parecían alargarse, pero puedo decirles que una vez ella nació, fue el momento más feliz de mi vida. Mi recompensa fue esa ola de felicidad. Sentí como si estuviera en el techo, viendo a Julia desde arriba. En un instante, las largas horas de dolor se desvanecieron.

En parte, una avalancha de hormonas de nacimiento y en parte un éxtasis espiritual, me sentí poderosamente conectada a mi hija, a mi propósito y a Dios.

Ambas experiencias de nacimiento fueron maravillosas, pero difirieron en su intensidad. Sin embargo, en ambos casos, la magia del nacimiento fue el resultado – así como el nacimiento espiritual es el resultado de observar el ayuno. El hecho de que seas capaz de observar el ayuno físicamente no es tan importante como guardarlo en tu corazón espiritualmente:

…este ayuno físico es símbolo del ayuno espiritual. Este ayuno conduce a limpiar el alma de todos los deseos egoístas, a adquirir atributos espirituales, a ser atraído por las brisas del Todomisericordioso y a encenderse con el fuego del amor divino. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá.

Durante este mes bahá’í de 19 días, el último mes del calendario bahá’í antes del Año Nuevo durante el equinoccio de verano, los bahá’ís alrededor del mundo se unen para observar el ayuno, física y espiritualmente, desde el amanecer hasta la puesta del sol. Cada hora de estos días se sienten dotados con una virtud especial.  Toma nota, porque durante esta época mágica, el aire estará encantado, la energía se volverá mística, y los portales de la tierna misericordia de Dios serán abiertas, ¡siéntete invitado a unirte!

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