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Justicia

¿Es realmente posible lograr una civilización mundial inclusiva?

Ken McNamara | Jul 13, 2021

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Ken McNamara | Jul 13, 2021

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Aunque fueron escritas en el siglo XIX, estas famosas líneas podrían perfectamente ser contemporáneas, porque captan nuestra civilización global en su etapa actual de desarrollo:

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la insensatez, era la época de la creencia, era la época de la incredulidad, era la temporada de la Luz, era la temporada de la Oscuridad, era la primavera de la esperanza…

Estas líneas iniciales introducen una de las obras literarias más famosas de la lengua inglesa: Historia de dos ciudades. Escrita en 1859 por Charles Dickens, se refiere a la relación de Inglaterra y Francia durante ese período, y se centra en la justicia social y la resurrección de la sociedad.

¿Acaso nuestra realidad actual no representa tanto lo mejor como lo peor de los tiempos a escala mundial? Ciertamente, son tiempos complicados, y aunque una mirada en profundidad a cualquiera de los temas de la actualidad va más allá del alcance de este breve ensayo, consideremos solo algunos aspectos negativos y positivos.

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Los escritos bahá’ís prometen el surgimiento de una sociedad futura basada en la paz, la justicia, la equidad y el amor mutuo sin importar la raza, la religión o el origen nacional. Abdu’l-Bahá, el hijo y sucesor designado de Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la fe bahá’í, escribió:

Debe ser y será organizada, y la unidad de la humanidad será un hecho visible. La humanidad entonces se reunirá como una sola. Las diversas religiones serán unidas, y las diversas razas serán conocidas como una sola raza. Oriente y Occidente se unirán, y la bandera de la paz internacional será desplegada. El mundo por fin logrará la paz, y las igualdades y derechos del hombre se establecerán. La capacidad de la humanidad será probada, y se alcanzará un nivel en donde la igualdad será una realidad.

Otras religiones también prevén un futuro así. En una oración, Jesús profetizó: «Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo». El Antiguo Testamento tiene profecías del día en que las espadas se convertirán en rastrillos y el león y el cordero yacerán juntos, imágenes simbólicas del día en que los enemigos tradicionales vivirán en paz.

¿Pero cómo llegaremos a eso? Seguimos viviendo en un mundo alejado de estos ideales. Un vistazo a las noticias revela historias de injusticia racial, degradación del medio ambiente, cambio climático, amenazas de guerra convencional y nuclear, nacionalismo extremo, brechas crecientes entre ricos y pobres, pandemias y muchos otros acontecimientos angustiosos. Obviamente, hay que superar muchas barreras antes de que la humanidad alcance una civilización mundial como la prevista por la revelación bahá’í.

A pesar de estos graves desafíos, también existen muchos aspectos positivos. La ciencia y el desarrollo de tecnologías avanzadas han hecho un progreso asombroso en los últimos 150 años. El mundo se ha hecho «pequeño», ya que los viajes se han hecho rápidos y fáciles. Las comunicaciones en gran parte del planeta son tan sencillas como una llamada telefónica o unos pocos clics en un computador. Todo esto ha llevado a una creciente conciencia del arte, la música, la cultura y la convivencia de los pueblos en todo el mundo. Asimismo, en el campo de la energía, los nuevos descubrimientos materiales y de ingeniería conducen a la generación de electricidad mediante energía solar, eólica, hidráulica y otras formas de energía sostenibles y no contaminantes. Los descubrimientos científicos en medicina, agricultura, genética, alimentación y medio ambiente han mejorado y seguirán mejorando la calidad de vida de miles de millones de personas. En 1850, la vida media de una persona en Estados Unidos oscilaba entre los 35 y los 40 años; ¡hoy se acerca a los 80!

En lo que respecta a las relaciones humanas, no cabe duda de que nos queda un largo camino por recorrer para superar el racismo institucional, las formas manifiestas y sutiles de prejuicio y la continua desigualdad en los sistemas educativo, judicial y económico. Sin embargo, se han producido avances, y existen movimientos a favor de los derechos humanos y la justicia social en gran parte del planeta. En cuanto a la evolución de la educación, un estudio reciente de la Universidad de Oxford informó:

En los últimos siglos se ha producido una transformación sin precedentes en la educación y el aprendizaje de los seres humanos: se ha pasado de que solo una minoría de las élites mundiales esté alfabetizada a la gran mayoría. Las generaciones más jóvenes de hoy en día están más alfabetizadas que las generaciones anteriores, una tendencia que se mantiene en todos los países.

Al considerar los pasos necesarios para alcanzar una sociedad justa y unificada, tal y como se prevé en los escritos bahá’ís, podemos reconocer una importante verdad. Una de las formas en que la humanidad aprende lecciones es a través de soportar dificultades, sobreponerse a ellas y lidiar con el dolor.

Bahá’u’lláh, utilizando la imagen del dolor asociado a la alegría de traer un niño al mundo, nos asegura este hecho:

Toda la tierra se encuentra ahora en estado de gravidez. Se aproxima el día en que habrá producido sus más nobles frutos, en que de ella habrán brotado los más majestuosos árboles, las flores más encantadoras, las más maravillosas bendiciones.

Durante mi arrogante adolescencia, descuidé el cuidado adecuado de mis dientes durante demasiado tiempo. Una visita al dentista en la que me informaron de que tenía 17 caries me enseñó una dolorosa lección que nunca olvidé, y los buenos hábitos dentales me han acompañado después de más de 50 años. ¿Se puede apreciar la buena salud sin haber estado enfermo alguna vez? ¿Puede uno reconocer la verdadera felicidad sin experimentar la tristeza y el desamor? De este modo, las injusticias, los retos, el dolor y las pruebas difíciles -si reflexionamos y actuamos correctamente sobre ellos- pueden ser grandes fuentes de aprendizaje.

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A nivel social, podemos ver cómo la tragedia de la pandemia del COVID-19 llevó la medicación del ARNm a cientos de millones de personas: la ciencia desarrolló un medicamento que probablemente contribuirá a la lucha contra las enfermedades en el futuro. La pandemia ha contribuido a un mayor uso de las reuniones virtuales y del trabajo en casa, lo que repercute en una mejor comunicación, mejores condiciones de trabajo, menos contaminación atmosférica y una menor congestión urbana.

Ahora, imaginemos un mundo en el que todos los individuos se proponen estar al servicio de los demás, mantener un alto nivel de justicia y moralidad social y adquirir cualidades espirituales. ¿No podrían estos comportamientos, unidos a los continuos avances de la ciencia y la tecnología, dar lugar a otros desarrollos positivos que podrían superar los «tiempos peores»?

El propósito mismo y la esencia de la religión implican cambiar los corazones de todas las personas, para que podamos alejarnos de los deseos y acciones egoístas que son perjudiciales para la sociedad. Bahá’u’lláh escribió:

El propósito del Dios único y verdadero al manifestarse a sí mismo es emplazar a toda la humanidad a la veracidad y sinceridad, a la piedad y confiabilidad, a la resignación y sumisión a la Voluntad de Dios, a la paciencia y amabilidad, a la rectitud y sabiduría. Su objetivo es cubrir a cada hombre con el manto de un carácter santificado y adornarlo con el ornamento de acciones buenas y santas.

Los bahá’ís creen que las enseñanzas de Bahá’u’lláh provocarán ese cambio en la humanidad, para que los mejores tiempos superen a los peores. En respuesta a una pregunta de un bahá’í, Bahá’u’lláh escribió:

La vitalidad de la fe de los hombres en Dios, se está extinguiendo en todos los países; nada que no sea su saludable medicina podrá jamás restaurarla. La corrosión de la impiedad está carcomiendo las entrañas de la sociedad humana: ¿Qué otra cosa, sino el Elixir de su potente Revelación puede limpiarla y revivirla? ¿Está dentro del poder humano… producir una transformación tan completa en los elementos constitutivos de cualquiera de las diminutas e indivisibles partículas de materia, como para transmutarlas en oro puro? La tarea aun mayor de convertir fuerza satánica en poder celestial, por desconcertante y difícil que esto parezca, es una tarea que Nosotros hemos sido habilitados para efectuar. La Fuerza capaz de tal transformación supera la potencia del Elíxir mismo. La sola Palabra de Dios puede vindicar la distinción de estar dotada de la capacidad requerida para un cambio tan grande y trascendental.

Así, en la lucha entre los peores tiempos y los mejores, a pesar de los desafíos, los contratiempos y el inevitable dolor y las dificultades, podemos estar seguros de un futuro prometedor.

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