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Espiritualidad

¿Estás preparado para conocer a tu Creador?

David Langness | Sep 8, 2023

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David Langness | Sep 8, 2023

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Mi padre, que fue oficial de infantería de Marina en la brutal campaña del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, me dejó un consejo inolvidable, expresado en forma de pregunta: «¿Estás listo para conocer a tu Creador?».

Al fin y al cabo, todos somos mortales.

Cuando era niño, me hacía esa pregunta con bastante frecuencia. Creo que su intención era inculcarme un par de lecciones cruciales: la realidad de que este mundo material es efímero y nada está garantizado en la vida; y la idea de que una conciencia tranquila y el respeto por uno mismo que esta genera representan, sin duda, nuestras mayores y más preciadas posesiones.

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Los escritos bahá’ís, que no conocí hasta los 15 años, dan testimonio de esta verdad. Abdu’l-Bahá, en su libro El Secreto de la Civilización Divina, escribió:

… el honor supremo del hombre y su felicidad real descansan en el respeto de sí mismo, en su longanimidad y nobleza de propósito, en la integridad y cualificación moral y en una conciencia inmaculada. Antes bien, han imaginado que su grandeza consiste en el amasamiento, por cualesquiera medios que se presenten, de bienes mundanos.

Debería el hombre detenerse a reflexionar y ser justo: por una gracia inconmensurable, su Señor lo ha convertido en un ser humano y le ha honrado con las palabras: «En verdad, creamos al hombre de la forma más conveniente», y ha causado que Su misericordia, surgida del alba de la unidad, brille sobre él, hasta que se convirtió en el manantial de las palabras de Dios y en el lugar donde han recalado los misterios del cielo; y en la mañana de la creación quedó cubierto por los rayos de las cualidades de perfección y las gracias de santidad. ¿Cómo puede él mancillar este vestido inmaculado con el cieno de los deseos egoístas, o trocar este honor sempiterno por la infamia?

Los que han estado en la guerra, o las personas que han sufrido terribles catástrofes, o cualquiera que se enfrente a una crisis que ponga en peligro su vida, tiene la valiosa oportunidad de enfrentarse a esta realidad inevitable: «¿Estás preparado para encontrarte con tu Creador?» – un poco antes que la mayoría. Los veteranos de guerra y las personas cuya salud está gravemente comprometida entienden esta ecuación mejor que casi nadie, porque se enfrentan con frecuencia a la perspectiva muy real de su muerte inmediata.

La muerte inminente, como muchos han señalado, tiende a centrar la mente.

En tiempos de guerra, cada momento de vigilia –y muchos de los de sueño también– la muerte se convierte en una presencia casi constante. Por eso, según mi propia experiencia, los soldados piensan en el más allá más que la mayoría. Quizá ése sea el origen del viejo dicho: «No hay ateos en las trincheras».

Cuando llevamos una vida relativamente tranquila, los que tenemos el gran privilegio de existir en medio de la abundancia del mundo moderno podemos permitirnos negar o retrasar cualquier pensamiento sobre la muerte inminente. Somos jóvenes, estamos sanos, tenemos suficiente para comer, tenemos muchas formas de divertirnos y entretenernos, y nuestras vidas parecen estables, así que ¿por qué preocuparnos? La muerte parece lejana, un espejismo distante e inconcebible. Nuestras culturas dan prioridad a la juventud, nuestra esperanza de vida sigue alargándose gracias a los avances de la ciencia y la tecnología, y oye, los sesenta son los nuevos cuarenta, así que ¿por qué íbamos a contemplar un acontecimiento tan remoto y difícil de imaginar como la muerte de nuestro cuerpo físico?

Pero una realidad permanece: ninguno de nosotros sabe exactamente cuándo emprenderemos ese trascendental viaje a través del arco iris. Pocas personas tienen idea de cuándo llegará la muerte – todo lo que sabemos con certeza es que eventualmente llegará a todos. Así que lo mejor es, como dice la pregunta de mi padre, prepararse ahora para esa transición. Es sabio examinar tu vida con regularidad y refinar gradualmente tu carácter en el proceso, convirtiéndote en un ser humano mejor y más amoroso.

Eso es exactamente lo que sugieren las enseñanzas bahá’ís. Bahá’u’lláh, en su libro Las Palabras Ocultas, escribió:

¡OH HIJO DEL SER! Pídete cuentas a ti mismo cada día, antes de que seas llamado a rendirlas; pues la muerte te llegará sin aviso y serás llamado a dar cuenta de tus actos.

Este consejo profundamente espiritual nos pide que hagamos diariamente dos cosas de importancia crítica: en primer lugar, reconocer y aceptar el hecho de que esta existencia física es temporal; y en segundo lugar, tener fe en que existe otra vida más allá de ésta, en la que «se nos pedirá cuentas» por la forma en que hemos conducido nuestras vidas. Las enseñanzas bahá’ís afirman que si hemos actuado de forma coherente en esta existencia expresando la nobleza de nuestras almas, entraremos en la otra vida con resplandor y alegría.

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A medida que crecía, comparaba este hecho de prepararse para la trascendencia, esa sensación de esperar con ilusión nuestra siguiente fase de la existencia, con la sensación que se tiene después de haberse preparado bastante para un examen. ¿Recuerdas esa sensación? Todos la hemos tenido: o te presentas a un examen con la seguridad de que has leído, estudiado, prestado atención y conoces el material, ansioso por demostrar tu destreza, o la idea del examen que te espera te llena de pavor porque no has realizado el trabajo necesario para saber y comprender realmente a qué te vas a enfrentar.

Si aceptamos que pasaremos inevitablemente al otro mundo y nos comprometemos a rendir cuentas de nosotros mismos cada día, estaremos preparados para cuando llegue.

En sus escritos, Bahá’u’lláh habló extensamente de estos deberes gemelos y de lo que significan:

Sabed que “el mundo” significa vuestra inconsciencia de Aquel que es vuestro Hacedor y vuestra absorción en cualquier cosa salvo Él. La “vida por venir”, por otra parte, designa las cosas que os conducen a un acercamiento seguro a Dios, el Todoglorioso, el Incomparable. Cualquier cosa que os impida amar a Dios en este Día, no es sino el mundo. Escapad de él, para que seáis contados entre los bienaventurados.

Durante esta búsqueda –la más espiritual de todas– quizás querrás preguntarte regularmente si estás preparado para conocer a tu Creador.

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