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¿Por qué estoy sufriendo tanto –y qué puedo hacer para evitarlo?

Susan Gammage | Dic 7, 2022

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Susan Gammage | Dic 7, 2022

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Como superviviente de incesto y abusos en la infancia, el dolor emocional me ha perseguido toda la vida y, de una manera extraña, se ha convertido en una especie de amigo, porque me resulta familiar y sé cómo vivir con él. 

Sin embargo, a medida que envejezco y entro en la jubilación, empiezo a sentir nuevos dolores en los huesos y las articulaciones, y eso no me gusta. La pregunta es: ¿por qué? 

Nunca quise ser esa persona mayor que habla incesantemente de su salud física, y ahora me he convertido en ella. ¿Qué sentido tiene? Como de costumbre, cuando me hago preguntas como estas, recurro a las enseñanzas bahá’ís en busca de respuestas, porque creo que Bahá’u’lláh, el fundador de la Fe bahá’í, y sus sucesores designados, ofrecen las soluciones a mis preguntas.

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El primer recordatorio no tarda en llegar: Abdu’l-Bahá, el intérprete de las enseñanzas de Bahá’u’lláh, nos dice en sus escritos que nadie escapa al dolor:

Pues, cuando contemples con la vista de hierro, encontrarás que toda la humanidad está sufriendo en este mundo terrenal; no hay nadie que esté en tal tranquilidad que este estado pueda haber sido una recompensa por sus buenas acciones en una vida anterior, y no hay un alma que sea tan feliz como para que esto sea el fruto de su dolor pasado. [Traducción Provisional de Oriana Vento]

Abdu’l-Bahá dijo, en esta charla ofrecida en París, que incluso los mensajeros de Dios experimentaron dolor:

Todas las Manifestaciones Divinas enviadas por Dios al mundo, han soportado terribles dificultades y sufrimientos, con la única esperanza de difundir la Verdad, la unidad y la concordia entre los seres humanos. Cristo sobrellevó una vida de sufrimiento, pena y dolor, para dar un ejemplo perfecto de amor al mundo y, a pesar de ello, continuamos actuando unos hacia otros con un espíritu de enfrentamiento.

Los escritos de Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe bahá’í, tienen mucho que enseñarnos sobre el propósito del dolor: que puede utilizarse como medio para alcanzar la felicidad y encontrar el camino de la autosuperación. Una carta escrita en su nombre a un bahá’í en 1935 explica:

El dolor físico es el compañero necesario de toda la existencia humana, y como tal es inevitable. Mientras haya vida en la tierra, también habrá sufrimientos, en varias formas y grados. Pero el sufrimiento, aunque es una realidad ineludible, no obstante puede ser utilizado como un medio para el logro de la felicidad. Esta es la interpretación que han dado todos los profetas y santos, quienes, en medio de las pruebas más severas, se sentían felices y alegres, experimentando lo mejor y más sagrado de la vida. El sufrimiento es tanto un recordatorio como una guía. Nos estimula para adaptamos mejor a las condiciones ambientales, y nos señala el camino hacia el perfeccionamiento propio.

No es fácil encontrar el sentido del dolor: a veces se necesita mucho tiempo para ver que aquello que creíamos difícil de soportar ha sido la causa de infinitas bendiciones, como dice esa misma carta:

En cada sufrimiento uno puede encontrar un significado y una sabiduría. Pero no siempre es fácil encontrar el secreto de esa sabiduría. A veces sólo cuando el sufrimiento ha pasado nos damos cuenta de su utilidad. Lo que el hombre considera un mal muchas veces puede ser causa de infinitas bendiciones.

Me vienen a la mente dos ejemplos: Cuando era pequeña, rogaba a Dios que detuviera los maltratos. En lugar de ello, solo empeoraba y parecía que no tenía fin. Muchos años después cuando mi hijo había crecido, me di cuenta de que si Dios hubiera respondido a mi oración y lo hubiera detenido, es muy probable que yo hubiera continuado el ciclo, como sucede tan a menudo en las familias plagadas de abusos. Parece un milagro que haya roto este patrón de comportamiento multigeneracional y que mi hijo no haya crecido sufriendo abusos físicos o sexuales, y por ello estoy muy agradecida. 

En segundo lugar, al recurrir a los escritos bahá’ís, buscando mi camino hacia el desarrollo espiritual y la superación personal, he encontrado una enorme luz al final del túnel. Como resultado, he escrito muchos libros y muchos artículos que han ayudado a otros a recuperarse del abuso y del trauma. Esta bendición no habría sido posible sin el abuso infantil al que sobreviví. 

Por último, hubo una época de mi vida en la que mi adicción al trabajo estaba en su peor momento, y mi horario hacía que mi vida fuera totalmente ingobernable. No podía imaginarme abandonar ni siquiera una cosa, así que recurrí a la oración, rogando a Dios que me aliviara. Poco después, me caí y me rompí el tobillo en tres partes. Mi recuperación se vio agravada por una lesión en los tejidos blandos que duplicó el tiempo de curación. Vivo sola, en un segundo piso sin ascensor y al final de un largo pasillo. No había nadie que me ayudara. Cuidar de mí misma fue mi trabajo a tiempo completo durante casi 6 meses. Me reí, dándome cuenta de que Dios había respondido a mis oraciones de una manera que nunca hubiera imaginado, porque la lesión me obligó a ausentarme durante un largo periodo de tiempo de todo lo que tenía programado, y me sentí agradecida. 

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Así que ahora sabía que no estaba sola en el sufrimiento, y que el dolor tiene un propósito y un significado, pero todavía tenía más preguntas. ¿Qué puedo hacer para superar el dolor? ¿Cuál debería ser mi actitud? Una vez más, la guía de Shoghi Effendi me dio algunas respuestas; elevarme por encima de él, centrarme en ser más espiritual y estar más cerca de Dios:

Cuando sufrimos estas desgracias, debemos recordar que incluso los profetas de Dios no eran inmunes a esas cosas por las que los hombres sufren. Ellos conocieron también sufrimiento, enfermedad y pena. Ellos superaron esas cosas con su espíritu, y esto es lo que debemos intentar y hacer también nosotros cuando nos encontramos afligidos. Los problemas de este mundo pasan, y lo que dejamos de nosotros es lo que hemos conseguido espiritualmente; esto es, por lo tanto, lo que debemos mirar: ser más espirituales, acercarnos más a Dios, no importa lo que nuestras mentes humanas y cuerpos estén pasando.

Sé que puedo hacerlo, día a día, mediante prácticas como la oración, la meditación y el ayuno, y mediante la adquisición de virtudes como la paciencia, el desprendimiento, la fe, la confianza y la seguridad, como aconsejaba Abdu’l-Bahá:

Dirígete al Reino de tu gran Señor con un corazón veraz y con toda devoción, sinceridad y gran espiritualidad y pídele que te cure del dolor y de las pasiones y confía en la gran generosidad de tu Señor. [Traducción provisional de Oriana Vento]

Ahora, gracias al consejo espiritual de Abdu’l-Bahá, también puedo palpar las partes internas de mí que me duelen, mientras le pido a Dios que me cure:

Cuando desees tratar los sufrimientos nerviosos, vuelve todo tu ser hacia el reino de lo alto con tu corazón desprendido de todo lo demás, aparte de Él, y con tu alma embelesada por el amor de Dios. Luego busca la confirmación del Espíritu Santo desde el Reino de Abha, mientras tocas la parte afectada con el mayor amor, ternura y atracción hacia Dios. Cuando se combinen todas estas cualidades, ten por seguro que la curación se producirá. [Traducción Provisional de Oriana Vento]

Aunque es fácil para mí olvidar, en medio del dolor, que el propósito de mi vida es estar al servicio de los demás, aquí hay una oración bahá’í de Abdu’l-Bahá que me gusta recitar, para pedirle a Dios que sane el dolor y luego me ponga firmemente en el camino que Él ha elegido para mí:

Oh Compasivo, oh Conferidor, calmaste su dolor con el bálsamo de Tu munifi cencia y Tu gracia, y curaste sus dolencias con la suprema medicina de Tu compasión. Oh Señor, haz fi rmes sus pasos en Tu recto camino, ensánchales el ojo de la aguja y haz que, ataviados con reales vestiduras, caminen en la gloria por siempre jamás.

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