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Religión

¿La fe, y sólo la fe, me llevará al Cielo?

Armin J Jezari | Abr 30, 2023

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Armin J Jezari | Abr 30, 2023

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Recuerdo mi infancia como bahá’í cuando los adultos cristianos me decían que si aceptaba a Jesucristo como mi Señor y Salvador iría al cielo.

Insistían en que ese acto era la voluntad de Dios y que haría que mi vida fuera plena y completa. 

Durante mucho tiempo, asumí que la perspectiva cristiana era que no importaba si yo era una buena o una mala persona, pero mientras creyera en Cristo estaría «salvado».

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Nadie mencionó que la Biblia aconsejaba que para poder «discernir la voluntad de Dios» necesitaba «presentar mi cuerpo en sacrificio vivo». O que la voluntad de Dios me exigía «dar gracias en toda circunstancia», «hacer buenas» obras, «abstenerme de la inmoralidad sexual» o «alcanzar el arrepentimiento», todas ellas exhortaciones bíblicas para la salvación.

Nadie citó tampoco el capítulo 5 de Mateo –que dice que la voluntad de Dios para mí era practicar la «beatitud». Nadie mencionó siquiera los dos principales mandamientos de Cristo de «amar al Señor con todo tu corazón» y «amar a tu prójimo como a ti mismo» como parte de la voluntad de Dios.  Lo que yo entendía era que la mera aceptación de Cristo como Señor era el principio –y el final– de un camino cristiano.

Al madurar, me di cuenta de que aceptar a Cristo era necesario, pero insuficiente. Para ser «salvado», por así decirlo, también debía convertirme en una persona moral. Este concepto queda muy claro en Mateo 7:21-23:

No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”  Entonces les declararé: “Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!”.

Al leer este pasaje, conecté con mis creencias bahá’ís. En él se afirma que la perspectiva cristiana va más allá de la mera aceptación de Cristo, sino que también exige vivir una vida tan libre de iniquidad como sea posible, en obediencia a la voluntad de Dios.

Pues bien, me di cuenta de que esto es también lo que creen los bahá’ís. Bahá’u’lláh escribió:

EL primer deber prescrito por Dios a Sus siervos es el reconocimiento de Aquel que es la Aurora de Su Revelación y la Fuente de Sus leyes, Quien representa a la Deidad tanto en el Reino de Su Causa como en el mundo de la creación. El que haya cumplido este deber ha logrado todo bien…

Pero a continuación declaró

Incumbe a todo el que alcance está muy sublime estación, esta cumbre de trascendente gloria, observar cada uno de los preceptos de Aquel que es el Deseo del mundo. Estos dos deberes son inseparables. Ninguno es aceptable sin el otro.

Así que ahí estaba: debía aceptar las revelaciones de las Auroras de Dios, incluidos Cristo y Bahá’u’lláh, y obedecer sus leyes, lo que significa obedecer la voluntad de Dios. 

¿Qué dijo Bahá’u’lláh sobre la voluntad de Dios? ¿Cuáles son los mandamientos del Creador? En primer lugar, dijo:

¡Pueblos del mundo! Tened por cierto que Mis mandamientos son las lámparas de Mi. amorosa providencia entre Mis siervos, y las llaves de Mi misericordia para con Mis criaturas. Así ha sido enviado desde el cielo de la Voluntad de vuestro Señor, el Señor de la Revelación.

El propósito del único Dios verdadero al manifestarse a Sí mismo es emplazar a toda la humanidad a la veracidad y sinceridad, a la piedad y honradez, a la resignación y sumisión a la Voluntad de Dios, a la paciencia y amabilidad, a la rectitud y sabiduría.

Verdaderamente digo, que todo lo que se envía desde el cielo de la Voluntad de Dios es el medio para el establecimiento del orden en el mundo y el instrumento para la promoción de la unidad y la camaradería entre sus pueblos.

Ahora que conocía el fundamento de la voluntad de Dios, estaba dispuesto a hacer todo lo posible por alinear mi vida con ella. Pero, ¿por dónde empezaría? ¿Cómo podría hacer una vida dirigida por la voluntad de Dios? Ya había aceptado a Cristo y a Bahá’u’lláh, pero ¿cómo podría poner en práctica sus enseñanzas y leyes? ¿Cómo iba a «observar todas las ordenanzas» si ni siquiera sabía dónde encontrarlas?

Fue entonces cuando encontré una sección en El Libro Más Sagrado de Bahá’u’lláh titulada Leyes, Ordenanzas y Exhortaciones. Me di cuenta de que éste era el mapa, mi libro de instrucciones para guiar mi viaje. Y siendo abogado, lo apreciaba. La parte que fue realmente instructiva para mí, y sigue siéndolo, es esta sección de las leyes de Bahá’u’lláh, titulada «Distinguirse por las buenas acciones:»

i. Ser veraz

ii. Ser digno de confianza

iii. Ser fiel

iv. Ser justo y temer a Dios

v. Ser justo y equitativo

vi. Ser discreto y sabio

vii Ser cortés

viii. Ser hospitalario

ix. Ser perseverante

x. Ser desprendido

xi. Ser absolutamente sumiso a la Voluntad de Dios

xii. No provocar el mal

xiii. No ser hipócrita

xiv. No ser orgulloso

xv. No ser fanático

xvi. No preferirse a sí mismo por encima del prójimo

xvii. No enemistarse con el prójimo

xviii. No dar rienda suelta a las pasiones

xix. No lamentarse en la adversidad

xx. No contender con la autoridad

xxi. No perder los estribos

xxii. No enfurecer al prójimo

Ahora que ya tenía mi reglamento, estaba listo para arremangarme y ponerme manos a la obra.

Pero no hace falta decir que alinear mi vida con el libro de reglas requiere oración, meditación y esfuerzo diarios. Estas leyes espirituales no son fáciles de seguir, sobre todo cuando nos damos cuenta de que nos quedamos cortos y tenemos que volver a empezar el camino al día siguiente. Pero mientras supiera que me estaba esforzando, me sentía satisfecho. Decidí que seguiría haciéndolo hasta mi último aliento, trabajando continuamente para alcanzar el objetivo de distinguirme por mis buenas acciones. 

Espero que todos encontremos tiempo para reflexionar sobre la voluntad de Dios para nuestras vidas.

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