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La definición bahá’í de paraíso: El primer día de Ridván

From the Editors | Abr 20, 2021

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From the Editors | Abr 20, 2021

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A partir de hoy, y durante los próximos doce días, los bahá’ís de todo el mundo celebrarán el Ridván, cuyo nombre significa «paraíso», la época más sagrada y alegre del año bahá’í.

Pronunciado rez-vahn, las enseñanzas bahá’ís se refieren a este período de 12 días cada primavera como «la Reina de las Festividades», porque marca el aniversario de la declaración de una nueva religión en un paraíso terrenal, un jardín con aroma a rosas e inundado con el canto de las aves. Ese jardín, llamado Ridván por Bahá’u’lláh, fue testigo del nacimiento de la Fe Bahá’í, la más reciente religión independiente del mundo, en abril de 1863.

La ribera del río Tigris en Bagdad.

Ocurrió en una isla del río Tigris cerca de Bagdad. El jardín de esa isla marca el lugar exacto donde Bahá’u’lláh declaró por primera vez su misión e inauguró la Fe Bahá’í:

Considera cómo todas las cosas creadas atestiguan elocuentemente la revelación de esa Luz interior que hay dentro de ellas. Mira cómo dentro de todas las cosas están abiertos los portales del Ri¤ván de Dios, para que los buscadores alcancen las ciudades del entendimiento y sabiduría y entren en los jardines del conocimiento y poder. Dentro de cada jardín contemplarán a la novia mística del conocimiento interior, guardada en los aposentos de la prolación, llena de gracia y adornada con sus mejores galas. – Bahá’u’lláh, El libro de la certeza.

Una década antes de esa trascendental declaración, en 1853, el gobierno persa había exiliado a Bahá’u’lláh a Bagdad, temiendo la rápida difusión de sus enseñanzas y su impacto progresivo en la sociedad. En abril de 1863, debido a que el mensaje de unidad y armonía de Bahá’u’lláh continuaba extendiéndose y amenazando a los clérigos y su poder, se enfrentó a otro exilio:

Sin amilanarse ante la perspectiva de las espantosas adversidades que, como Él mismo predijera, pronto habrían de sobrevenirle; la víspera del segundo destierro que había de estar poblado de tantos riesgos y peligros, los cuales Le llevarían aun más lejos de Su tierra natal, la cuna de Su fe, a un país de raza, lengua y cultura extrañas; profundamente consciente de lo amplio del círculo de Sus adversarios… decidió Bahá’u’lláh en esa hora crítica y aparentemente poco propicia hacer patente tan desafiante alegato, poner al descubierto el misterio que rodeaba Su persona y asumir, en plenitud, el poder y la autoridad que eran privilegios exclusivos de Aquel Cuyo advenimiento había profetizado el Báb.

La descripción fragmentaria que dejara para la posteridad Su cronista Nabíl es uno de los pocos registros auténticos que poseemos de los días memorables que pasó en aquel jardín «Cada día», relata Nabíl, «antes del amanecer, los jardineros pasaban a recoger las rosas que tachonaban las cuatro avenidas del jardín y las amontonaban en el centro mismo de Su bendita tienda. Era tan grande el cúmulo que al congregarse en Su presencia a la hora del té matinal, los compañeros no acertaban a verse a través de él. Con Sus propias manos, Bahá’u’lláh confiaba todas aquellas rosas al cuidado de los que se despedían esa mañana, con el encargo de entregarlas, en Su nombre, a Sus amigos árabes y persas de la ciudad».

En cuanto al significado de la Declaración, dejemos que sea el propio Bahá’u’lláh quien revele su importancia. Aclamando aquella histórica ocasión como «la Más Grande Festividad», la «Reina de las Festividades», la «Festividad de Dios», la ha caracterizado Él en Su Kitábi-Aqdas como el Día en que «todas las cosas creadas quedaron sumergidas en el mar de la purificación»,– Shogui Effendi, Dios Pasa.

Bahá’u’lláh, su familia y la banda de exiliados y creyentes que los acompañaban se enfrentaron a un agotador y arduo viaje por tierra a Constantinopla. Les llevó cuatro meses de viaje, a pie y a caballo, a través de los desiertos y montañas de Asia Menor en el calor del verano. Durante ese período, Bahá’u’lláh continuó proclamando la misión de su nueva Fe – la unicidad de la humanidad y la paz entre todas las naciones – a un círculo cada vez más amplio de nuevos adherentes y seguidores.

Constantinopla alrededor de 1870, 7 años después de que Bahá’u’lláh llegara en exilio.

Este profundo anuncio transformó la ocasión del destierro de Bahá’u’lláh de la crisis a la victoria.

Cada año en abril, los doce días de Ridván -que los bahá’ís observan este año desde la puesta de sol del 19 de abril hasta el 1 de mayo- conmemoran la estancia de Bahá’u’lláh en el jardín y celebran el nacimiento de su nueva Fe. Para conmemorar y observar esta festividad, las comunidades bahá’ís y sus amigos de todo el mundo recuerdan la víspera del destierro de Bahá’u’lláh de Bagdad a Estambul, no como un momento de tristeza o arrepentimiento, sino como un gozoso festival de revelación y renovación.

De esa manera, los días sagrados del Festival bahá’í del Ridván simbolizan el poder del profeta de Dios para hacer surgir la luz de la oscuridad y obtener el triunfo de la aparente derrota:

El gobierno persa creyó que el destierro de Persia de la Bendita Perfección significaría el exterminio de Su Causa en ese país; en cambio se dieron cuenta de que se esparcía más rápidamente. Su prestigio aumentaba; Sus enseñanzas se propagaban más ampliamente. Entonces los jefes de Persia usaron su influencia para hacer que Bahá’u’lláh fuese desterrado de Baghdád; fue llamado a Constantinopla por las autoridades turcas. Mientras se hallaba en Constantinopla, Él ignoró todas las restricciones, especialmente la hostilidad de los ministros del estado y del clero. Pero los representantes oficiales de Persia nuevamente ejercieron su influencia sobre las autoridades turcas y lograron que Bahá’u’lláh fuese deportado de Constantinopla a Adrianópolis, el objetivo era mantenerlo lo más lejos posible de Persia y hacer más difícil Su comunicación con ese país. No obstante, la Causa seguía esparciéndose y fortaleciéndose. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal.

Cuando Bahá’u’lláh anunció su nueva revelación en el paraíso del jardín de Ridván, los bahá’ís creen que también brindó un nuevo paraíso interior a la humanidad.

El jardín de Ridván en Bagdad, Irak.

Durante ese primer día de Ridván en 1863, Bahá’u’lláh reveló la Suriy-i-Sabr, conocida como la «Tabla de Job». En ella, Bahá’u’lláh escribió una frase que revelaba uno de los grandes temas de las enseñanzas bahá’ís, el concepto de la revelación progresiva y la unidad inherente de todas las religiones:

«Dios ha enviado a Sus Mensajeros para suceder a Moisés y a Jesús, y Él continuará haciéndolo hasta “el fin que no tiene fin”, para que desde el cielo de munificencia divina la humanidad reciba continuamente Su gracia». – Bahá’u’lláh, citado por Shoghi Effendi en El orden mundial de Bahá’u’lláh.

Una década más tarde, en 1873, Bahá’u’lláh se refirió a ese primer día de Ridván como el día en que «todas las cosas creadas fueron sumergidas en el mar de la purificación«.

En verdad, todas las cosas creadas fueron sumergidas en el mar de la purificación en ese primer día de Ridván, cuando derramamos sobre toda la creación los esplendores de Nuestros excelentísimos Nombres y Nuestros exaltadísimos Atributos. Esto es, verdaderamente, una muestra de Mi amorosa providencia, que ha rodeado a todos los mundos. – Bahá’u’lláh, El libro más sagrado.

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