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¿Qué conexión tiene el antiguo zoroastrismo, la religión estatal de los imperios persas pre-islámicos que rigió durante más de mil años, con la Fe bahá’í?

En el artículo anterior de esta serie, vimos un conjunto de profecías zoroastrianas que predijeron la aparición sucesiva de tres futuros salvadores zoroástricos, o mesías, cada uno de los cuales ordenaría al sol que se detuviera en medio del cielo durante 10, 20 y 30 días, respectivamente.

A continuación, citamos la fascinante interpretación de Abdu’l-Bahá de esas misteriosas y enigmáticas profecías. Brevemente, Abdu’l-Bahá explicó que los tres salvadores eran los profetas Muhammad, el Báb y Bahá’u’lláh. Si bien esta elucidación de la profecía zoroástrica no se ajusta a las expectativas populares de muchos de los mismos zoroastrianos – que generalmente consideran a estos futuros salvadores como mesías zoroástricos que restaurarían la decaída religión de Zoroastro a su antigua gloria – la interpretación de Abdu’l-Bahá es coherente con la realidad histórica, especialmente con la posterior historia de las religiones en el Irán persa y actual.

El simbolismo de estas profecías muestra que cuando el sol se detiene, lo hace, en su cénit en medio del cielo, iluminando y dando vida al mundo en todo su esplendor y plenitud, sin disminuir durante el período de tiempo en que prevalece la influencia de cada uno de los tres salvadores zoroastrianos.

La correlación general entre esos “días” proféticos y sus correspondientes duraciones en términos de años no es matemáticamente precisa; sin embargo, explica el cuadro descrito por las propias profecías zoroástricas. Las profecías en sí mismas están lejos de ser consistentes, especialmente cuando se comparan con textos similares, porque son simbólicas, no precisas. Ellas apuntan hacia adelante, creando y sosteniendo las expectativas populares entre los zoroastrianos acerca de su futuro cumplimiento – pero de una manera vaga e imprecisa. Nótese también que estas profecías zoroástricas representan las aspiraciones – lo que algunos historiadores de la religión llaman “imágenes de deseo” – de los propios zoroastrianos, después de sufrir sucesivas conquistas por parte de invasores extranjeros. Cuando la antigua gloria y dominio de la religión zoroástrica se convirtió en algo del pasado, naturalmente los zoroastrianos restantes anhelaban la restauración de su fe en un futuro apocalíptico. Tales profecías forman parte de los textos religiosos que algunos eruditos consideran como “literatura de crisis”, en la que se representa a Dios venciendo a los conquistadores extranjeros en un futuro lejano, ya que eso era imposible en el presente histórico de aquel entonces. De esta manera, las injusticias que históricamente afectaron a los zoroastrianos serían reparadas escatológicamente – en el Último Día, al final de la historia, los opresores serían vencidos y castigados, y los zoroastrianos oprimidos serían liberados y lo que habían perdido sería restaurado. 

Como los sueños, las profecías apocalípticas requieren de una interpretación. Tales interpretaciones, si son legítimas, funcionan como declaraciones de cumplimiento. El tiempo profetizado se convierte en un tiempo y lugar reales. El sueño profético se hace realidad – pero de una manera diferente, no como se esperaba. Esto es lo que sucede en el caso de la interpretación de Abdu’l-Bahá de las profecías de los tres salvadores zoroástricos, como se ha citado anteriormente.

Aunque las profecías señalan hacia el futuro, no predeterminan el curso de los acontecimientos futuros. El futuro interpreta ese pasado, con una retrospectiva superior a la predicción, ambas informadas e iluminadas por una profunda perspicacia.

Por supuesto, las profecías zoroástricas no resultaron como se esperaba. No fueron satisfechas literalmente. Sin embargo, lo que realmente tuvo lugar fue un cumplimiento mucho mayor – el nacimiento de una nueva religión mundial, la Fe bahá’í, que honra e inmortaliza al profeta Zoroastro como parte de la serie reconocida de mensajeros de Dios, dentro de una religión mundial de alcance y perspectiva global, en lugar de una influencia solo nacional o regional, como fue el caso del zoroastrismo. Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la Fe bahá’í, honró al profeta Zoroastro como “Aquel que es el Espíritu de la pureza”:

…los hindúes y zoroastrianos no permiten ingresar en sus filas a extraños que lo deseen, ni lo estimulan. Ello se opone al propósito fundamental de los Mensajeros de Dios y a lo que se ha revelado en sus Libros. Pues a Aquellos que han aparecido por el mandato de Dios se Les ha encargado la guía y educación de todas las gentes… Los templos de fuego del mundo brindan testimonio elocuente de esta verdad. En su época emplazaban, con ardoroso celo, a todos los habitantes de la tierra hacia Aquel que es el Espíritu de la pureza. – Bahá’u’lláh, El tabernáculo de la unidad, pág. 27.

Si “el alcance del ciclo bahá’í”, como explicó Abdu’l-Bahá en el pasaje citado en el artículo anterior, es tal que su duración “se extenderá a lo largo de un período de al menos quinientos mil años”, entonces también lo será el nombre y los principios espirituales de Zoroastro. Bahá’u’lláh proclamó a los sacerdotes zoroastrianos en particular, y a los zoroastrianos en general:

Aquel Quien es el Que Subsiste por Sí mismo, y ojos para que Le veáis. ¿Por qué huis? El Amigo Incomparable está manifiesto. Habla aquello en que está la salvación. Si descubrierais, oh sumos sacerdotes, el perfume del Rosedal del entendimiento, no buscaríais a nadie sino a Él, y reconoceríais, en Su nueva vestidura, a Aquel Quien es el Omnisapiente e Incomparable, y apartaríais vuestros ojos del mundo y de cuantos lo buscan, y os levantarías parea ayudarle…

La Mano de la Omnipotencia se ha extendido desde detrás de las nubes; miradla con nuevos ojos. Se han revelado las señales de Su majestad y grandeza; observadlas con ojos puros… Di: ¡Oh sumos sacerdotes! Se os reverencia por causa de Mi Nombre y, sin embargo, Me rehuís. Sois los sumos sacerdotes del Templo. Si hubieseis sido los sumos sacerdotes del Omnipotente, habríais estado unidos a Él, y Le haríais reconocido… Di: ¡Oh sumos sacerdotes! Los actos de ningún hombre serán aceptables, en este Día, a menos que abandone a la humanidad y todo cuanto poseen los hombres y dirija su rostro hacia el Omnipotente. – Bahá’u’lláh, traducido por Shoghi Effendi en El Día Prometido ha llegado, pág. 72 -73.

A veces, cuando algo que se esperaba no sucede, lo que realmente sucede puede ser mejor de lo que se esperaba.

Nota: Usted puede leer una discusión completa de las profecías zoroástricas y su interpretación bahá’í aquí: Christopher Buck, “Bahá’u’lláh como Salvador Zoroastriano”. Baha’i Studies Review 8 (1998): 14-33, http://bahai-library.com/pdf/b/buck_zoroastrian.pdf.

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