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Los 3 tesoros del taoísmo: qué satisface nuestra hambre espiritual

Roger Prentice | Oct 10, 2021

PARTE 2 IN SERIES Alcanzado la unicidad

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PARTE 2 IN SERIES Alcanzado la unicidad

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¿Cuánta hambre espiritual tienes? El sumergirse en las profundidades del océano espiritual satisface esa hambre, y esto define la diferencia entre la experiencia espiritual y escribir o hablar sobre la experiencia espiritual.

Abdu’l-Bahá, el hijo y sucesor de Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la fe bahá’í, dijo en una charla que dio en Londres:

Las cosas divinas son demasiado profundas para expresarse con palabras comunes. A fin de que puedan ser comprendidas y preservadas para épocas venideras las enseñanzas celestiales suelen expresarse mediante parábolas. Cuando las personas de inclinación espiritual se zambullen en el océano de su sentido suelen extraer a la superficie las perlas de significado íntimo.

Ese océano es real, pero el mero hecho de hablar de él son solo signos, palabras y conceptos. No se puede saciar la sed con la palabra agua, ni se puede nadar en palabras. Observa la cara de un niño si quiere un helado, y luego ve cómo reacciona cuando le das una imagen bidimensional de uno.

La vida real se vive en el ahora, y es experiencial. Ahora mismo, ¿tienes las herramientas, actitudes y cualidades para vivir la vida plenamente, para tener las experiencias espirituales profundas que todos queremos y necesitamos?

Cómo tenemos experiencias místicas

La experiencia espiritual profunda es solo otro nombre para la experiencia mística – para cualquier cosa más elevada y más noble que te lleva fuera de tu yo y sus limitaciones. La sonrisa de un niño, un hermoso paisaje, una poderosa obra de arte, el profundo sentimiento del corazón en relación con la nobleza y la gracia espiritual, todo tiene el potencial de ayudarnos a trascender el yo.

Las palabras por sí solas no satisfacen el anhelo de una espiritualidad profunda, y hablar solo de boca de la espiritualidad es inútil para ayudarnos en nuestra búsqueda espiritual hacia el autoconocimiento. Esas ilusiones pueden hacer que nos perdamos en un laberinto cerrado de lo que el taoísmo y el zen llaman las 10.000 cosas, a las que se refiere el primer verso del Tao Te Ching:

El Tao que se puede contar no es el Tao eterno; El nombre que puede ser nombrado no es el nombre eterno. Lo que no tiene nombre es el principio del cielo y de la tierra. Lo nombrado es la madre de diez mil cosas.

El taoísmo es una tradición filosófica y espiritual de origen chino que hace hincapié en vivir en armonía con «el Camino». El taoísmo podría verse mejor como un prototipo del corazón místico de las religiones que le han seguido. Al enseñar un camino de iluminación, el taoísmo aporta luz al camino que recorremos.

El profesor Roland Faber, autor bahá’í, ha escrito un desafiante artículo titulado «Laozi: ¿Un profeta perdido?». Explica que el texto principal del taoísmo es el Tao Te Ching, traducido más de 250 veces. A ese venerable libro se le ha llamado el camino de la integridad y el camino para dejar de lado la necesidad compulsiva de responder a preguntas sin respuesta.

La palabra china «Tao» significa «camino», «senda», «ruta» o, a veces, más libremente, «doctrina». El primer capítulo del Tao Te Ching, traducido por Stephen Mitchell, dice:

El nombre es el origen

de todas las cosas concretas.

Libre del deseo, comprendes el misterio.

Atrapado en el deseo, solo ves las manifestaciones.

Sin embargo, el misterio y las manifestaciones

surgen de la misma fuente.

La útil versión en lenguaje cotidiano de Ron Hogan comienza diciendo: «Si puedes hablar de ello, no es el Tao».

Los que siguen el Tao creen que todos necesitamos vivir la vida con una conexión permanente con el reino no-dual. Esa conexión puede, en este mundo dual y material, transformar la miríada de «diez mil cosas» que empezamos a ver en señales que guían el camino hacia el reino no dual inefable, como dedos que apuntan a la luna. Entonces podremos decir: «Ahora veo este mundo dual con más claridad».

Para muchos de nosotros, este mundo cotidiano se llama erróneamente el mundo «real». Pero como dicen las enseñanzas bahá’ís:

El mundo es como el vapor en un desierto; el sediento sueña que es agua y lucha por alcanzarlo con todas sus fuerzas, hasta que cuando llega a él, encuentra que es sólo una mera ilusión. Más aún, puede comparársele con la imagen sin vida de la amada, a quien el amante ha buscado y, al fin, después de larga búsqueda y para su mayor pesar, ha encontrado que es tal que no puede «cebar ni aquietar su hambre».

Tanto Bahá’u’lláh como el Tao Te Ching describen el mundo físico como ilusorio porque no tiene permanencia. Toda la existencia física y material está sujeta al nacimiento y a la muerte, a la existencia y a la no existencia, y por tanto no es eterna. Solo el mundo del espíritu es verdaderamente duradero. Solo lo que es inefable, lo que no se puede decir, es lo eternamente real.

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Por eso, cuando empezamos a nombrar las cosas, hacemos diferencias, distinciones, dualidades, comparaciones, categorizaciones y juicios. Enfocamos las cosas particulares para mostrarlas en contraste con su fondo o contexto. Sin embargo, el contexto último del que surgen las cosas es la no-cosa, también llamada «oscuridad» en el taoísmo, que significa lo no-dual o Dios manifestado en la creación.

Superando el deseo hacia las cosas

El deseo hacia las cosas significa uno de los retos más difíciles que tenemos en este mundo dualista. Impide que muchas personas despierten a la conciencia de su verdadero ser. Cuanto más nos liberemos del deseo material, más podremos sintonizar con lo no-dual. Atrapados en el deseo, podemos convertirnos en esclavos de las cosas materiales o de versiones falsas y cosméticas del «yo» en el «yo-soy». Para el taoísta, esta trampa define el fracaso en la búsqueda de la espiritualidad profunda.

En el Tao Te Ching, la oscuridad dentro de la oscuridad define la no-cosa que es la fuente de todas las cosas – la fuente para el conocimiento gnóstico o irfánico. Esto lo recibimos por la gracia de Dios, a través de la secuencia y sucesión de sus mensajeros. En sus escritos Bahá’u’lláh nos dio prácticamente la misma guía espiritual:

Los signos de Dios brillan tan manifiesta y resplandecientemente como el sol entre las obras de sus criaturas. Todo lo que procede de Él es distinto de los inventos de los hombres y permanecerá siempre diferente de ellos. De la Fuente de su conocimiento se han levantado innumerables Lumbreras de erudición y sabiduría, y del Paraíso de su Pluma el aliento del Todo Misericordioso ha sido exhalado continuamente a los corazones y almas de los hombres. Felices son aquellos que han reconocido esta verdad.

Las raíces del taoísmo se remontan al menos al siglo IV antes de Cristo. La ética taoísta varía, pero en general tiende a enfatizar el wu wei -la acción sin intención-, la «naturalidad», la simplicidad, la espontaneidad y lo que el Tao Te Ching llama «los Tres Tesoros»: 慈, «compasión», 儉, «frugalidad» y 不敢為天下先, «humildad».

Profundiza en tu corazón para encontrar estos atributos humanos esenciales, incluyendo la realidad «dual-no dual» de nuestras vidas terrenales. En espiritualidad, no-dualidad, significa «no dos» o «uno indiviso sin un segundo». Se refiere principalmente a un estado maduro de conciencia, en el que la dicotomía del yo-otro se «trasciende», y la conciencia se describe como «sin centro» y «sin dicotomías».

Aunque el término no dualidad procede del Vedanta Advaita, se pueden encontrar descripciones de la conciencia no dual en todas las principales tradiciones religiosas y espirituales, aunque a menudo se ignoran. La no dualidad en el taoísmo se ve como «un todo unificado que origina todos los elementos del universo». En la actualidad, desde el Siglo de las Luces, impera el materialismo científico, pero la verdad mística tiene un pedigrí mucho más largo que la verdad científica. Meister Eckhart, Rumi y muchos otros están de acuerdo en que los teólogos pueden discutir, pero los místicos del mundo están de acuerdo.

Con un enfoque no dual de la vida, ¿qué permite que se encienda la luz? Cuando acallamos el yo egoísta, permite que las experiencias espirituales profundas generen percepciones del mundo y del yo. Siempre, las formas de práctica espiritual y devocional preceden a lo que muchos describen como una experiencia por «la gracia de Dios». Prácticas como la oración y la meditación nos ayudan a mantenernos en un estado de disposición y sensibilidad mientras profundizan nuestra sensibilidad. No podemos exigir esas experiencias, solo podemos preparar nuestras almas y acogerlas cuando lleguen.

Desde una perspectiva taoísta, el reconocimiento de la no-cosa aclara una relación con el Misterio infinito, la Divinidad incognoscible. El guión de la no-cosa también nos recuerda la marca de nuestra lápida, ese trazo entre la fecha de nuestro nacimiento y la de nuestra muerte.

Tú también puedes añadir el Tao Te Ching como guía para tu experiencia más profunda, para obtener el suficiente autoconocimiento para convertirte en tu verdadero yo. Recuerda: «El tao que se puede contar no es el Tao eterno, el nombre que se puede nombrar no es el Nombre eterno…»

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