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Espiritualidad

Nueve metas espirituales para el Año Nuevo

David Langness | Ene 1, 2024

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David Langness | Ene 1, 2024

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Estamos en 2024, ¿y aún no te has propuesto nada para el Año Nuevo? ¡¿Qué?! Bueno, ¿quién se inventó esta loca tradición de cualquier forma?

Resulta que casi todas las religiones y culturas antiguas tienen algún tipo de propósito o meta para el Año Nuevo. 

De hecho, por eso lo llamamos enero, porque al comienzo de cada año gregoriano los antiguos romanos hacían promesas de superación personal a Jano (de ahí Ianuarius, que significa enero en latín), su dios de los comienzos y los pasajes. 

Esta práctica procede probablemente de los aún más antiguos babilonios, que tenían que prometer a sus dioses al principio de cada año que pagarían sus deudas y devolverían las cosas que habían tomado prestadas durante el año anterior.

Durante el Año Nuevo judío, que comienza con Rosh Hashaná, pasa por las Altas Fiestas y termina en Yom Kippur, los judíos reflexionan sobre sus fallos y malas acciones en el año que acaba de pasar, y luego se proponen buscar el perdón, así como ofrecer su perdón a los demás.

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Los católicos y los anglicanos celebran la Misa del Gallo, que ayuda a los creyentes a tomar la decisión de que el nuevo año sea más espiritual que el anterior; mientras que muchos otros cristianos tienen una tradición llamada servicios de vigilia, en los que se preparan para el año que comienza mediante la reflexión, la oración y la toma de resoluciones.

John Wesley, fundador de la Iglesia Metodista, inició sus servicios de vigilia nocturna en 1740, no solo para ofrecer una alternativa a la típica juerga ebria de Nochevieja, sino para cantar himnos, leer las Escrituras y proponerse personalmente llevar una vida más espiritual el año siguiente. Wesley denominó a estas vigilias nocturnas «Servicios de Renovación del Pacto», porque su objetivo era revitalizar anualmente nuestro carácter y renovar nuestro pacto con el Creador.

En muchas iglesias afroamericanas, la noche de vigilia adquirió un significado especial por primera vez en la Nochevieja de 1863, cuando los esclavos negros estadounidenses se agolparon en sus iglesias para esperar y celebrar la firma de la Proclamación de Emancipación por parte de Abraham Lincoln el 1 de enero.

Para los musulmanes y los bahá’ís, el Año Nuevo de su calendario, que no se celebra el 1 de enero, coincide con el final del periodo anual de ayuno. En ese momento, los creyentes analizan su propio desarrollo espiritual durante el año pasado y se comprometen a abstenerse de deseos egoístas, mejorar su vida espiritual y servir a los demás.

Para los bahá’ís, el proceso de hacer propósitos de superación personal no es solo anual, sino diario. Bahá’u’lláh escribió:

Pídete cuentas a ti mismo cada día, antes de que seas llamado a rendirlas; pues la muerte te llegará sin aviso y serás llamado a dar cuenta de tus actos.

Así que este año, siguiendo el espíritu de todas estas tradiciones culturales y religiosas, he aquí una breve serie de posibles propósitos espirituales que quizá todos queramos adoptar y poner en práctica. Pongámonos de acuerdo de antemano en evitar los típicos propósitos de Año Nuevo: perder peso, viajar más, tener menos estrés, pasar más tiempo con la familia, etc. En lugar de ello, estas nueve sugerencias se centran en nuestra vida espiritual y proponen metas que todos podríamos cumplir:

  • Me propongo empezar y terminar cada día con una oración de gratitud por mi vida.
  • Me propongo no solo decir, sino mostrar activamente amor a toda mi familia –la familia humana.
  • Me propongo trabajar duro para librarme de mis prejuicios: todos tenemos algunos, y estaríamos mejor sin ellos.
  • Me propongo practicar un periodo de meditación cada día; no tiene por qué ser largo ni complicado, pero debe ser una práctica constante de estar a solas para reflexionar sobre mis verdaderos pensamientos y sentimientos.
  • Me propongo comprometerme con un objetivo de servicio a los demás, intentando que el año que viene al menos una vida humana sea mejor que antes.
  • Me propongo ir este año más allá de mis grupos sociales y culturales habituales, superar las barreras raciales, de clase y de edad que nos impone nuestra sociedad, y entablar amistad con alguien que no sea exactamente igual que yo.
  • Me propongo hacer algo significativo este año por la paz en el mundo, aunque solo sea un pequeño voluntariado en mi comunidad o una nueva actitud para afrontar los conflictos de forma más pacífica.
  • Me propongo ser más amable, no solo con la gente que me rodea, sino también con los animales.

Por último, me propongo ver el mundo como un lugar en el que todos mis propósitos pueden hacer de los demás -y de mí mismo- una persona más feliz, radiante y realizada espiritualmente.

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Con este espíritu, Bahá’u’lláh aconsejó a todas las personas:

Pon ante tus ojos la infalible Balanza de Dios, y como si estuvieras en Su Presencia, sopesa en esa Balanza tus acciones cada día, en cada momento de tu vida. Hazte un examen de conciencia antes de que seas llamado a rendir cuentas, en el Día en que ningún hombre tendrá fuerza para sostenerse por temor a Dios …

Si cada uno de nosotros adopta y pone en práctica uno solo de estos propósitos espirituales de Año Nuevo, crearemos inevitablemente una vida más amable y solidaria para nosotros mismos y para quienes nos rodean. ¿A qué mejor año nuevo podríamos aspirar?

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