Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

En esta entrega de nuestra extensa serie de artículos de BahaiTeachings.org sobre los mensajeros indígenas de Dios, Chris Buck y Kevin Locke consultan juntos sobre por qué esos mensajeros son importantes para el mundo moderno.

P: Kevin, hablemos un poco más sobre la idea de los mensajeros indígenas de Dios, en general, desde una perspectiva bahá’í, y por qué es tan importante tener en cuenta a esos mensajeros. Tú y yo tenemos razones muy claras para crear esta serie de “Mensajeros de Dios Indígenas”, un propósito muy real y práctico, de hecho. Pero primero, revisemos la base fundamental de la serie.

Bahá’u’lláh, como sabes, no se refirió a los mensajeros de Dios indígenas directamente. Lo hizo indirectamente, en algunos pasajes de sus escritos como este, un pasaje favorito de tu difunta madre, Patricia Locke:

A las ciudades de todas las naciones Él ha enviado a Sus Mensajeros, a Quienes ha dado la misión de anunciar a los hombres las nuevas del Paraíso de Su complacencia, y de atraerlos al Refugio de perdurable seguridad, la Sede de la eterna santidad y trascendente gloria. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh.

Aquí, Kevin, tú y yo seguramente estamos de acuerdo en que “las ciudades de todas las naciones” debe referirse a todos los países del mundo, incluyendo las Américas – las “Primeras Naciones”.

Ahora, por favor, sigue mi lógica aquí: La siguiente carta de la Casa Universal de Justicia afirma que Abdu’l-Bahá había, en efecto, añadido a Buda a las Manifestaciones (Mensajeros o Profetas) de Dios no mencionadas anteriormente por Bahá’u’lláh. Después de citar este pasaje a continuación, explicaré la relevancia de este interesante punto:

Bahá’u’lláh no hizo mención de Buda, y si no hubiera sido por la declaración de Abdu’l-Bahá no habríamos estado en condiciones de afirmar de forma definitiva que Buda había sido una Manifestación de Dios. Existen miríadas de tradiciones en las leyendas de los pueblos que apuntan a algún tipo de revelación divina, pero, como señaló el secretario del querido Guardián en su nombre en una carta escrita a un creyente individual el 13 de marzo de 1950, “…No podemos añadir nombres de personas que nosotros (o cualquier otra persona) pensemos podrían ser Profetas Menores a los que ya se encuentran en el Corán, la Biblia y nuestras propias Escrituras. Porque solo estos pueden ser considerados Libros auténticos”. Debemos aceptar que sin duda hay muchas figuras proféticas de las que se ha perdido todo registro auténtico. – Carta, de fecha 27 de octubre de 1986, enviada en nombre de la Casa Universal de Justicia a un individuo, [Traducción provisional].

En cuanto a esas “muchas figuras proféticas de las que se ha perdido todo registro auténtico”, sabemos que cualquier cosa perdida puede encontrarse más tarde. (Discutiremos esta idea más adelante en un artículo posterior).

Este proceso de añadir -y por lo tanto aumentar y enriquecer- la lista de nombres de los mensajeros de Dios a los mencionados anteriormente por Bahá’u’lláh se hace más interesante, considerando que Abdu’l-Bahá también añadió el nombre de Krishna a esos mensajeros de Dios que los bahá’ís también reconocen. En su Tabla al Emir Khan, Abdu’l-Bahá también añadió la categoría, o clase, de mensajeros de Dios indígenas de las Américas, pero sin mencionar nombres específicos:

En tiempos remotos, los pueblos de América fueron, por medio de sus regiones septentrionales, cercanos a Asia, esto es, separados de Asia por un estrecho. Por esta razón se dice que se ha producido migración y comunicación. Y existen otros signos que indican comunión e interacción.

En cuanto a los lugares cuyos pueblos no han sido informados de la aparición de Profetas, tales pueblos se encuentran excusados. En el Corán ha sido revelado: “Nunca hemos castigado sin haber mandado antes a un Apóstol”. (Corán 17:15)

No hay duda de que en dichas regiones el Llamado de Dios ha sido pronunciado, pero ha sido olvidado en el presente. Ruego a Dios para que Él pueda confirmarte en perfeccionar uno de los oficios. Y sobre ti sean saludos y alabanza. – Abdu’l-Bahá, Tabla a Amir Khan.

Aunque nos hemos referido a este pasaje varias veces a lo largo de esta serie, veamos lo que la evidencia interna, por sí sola, sugiere, a través de una lectura cercana y un análisis textual.

Aquí, “el pueblo de América” que vivió “en tiempos remotos” se refiere a aquellos que habitaron en los continentes americanos durante el período previo a la llegada de Colón y la posterior colonización europea (por decirlo educadamente). El “pueblo de América” que vivió “en tiempos remotos” identifica claramente a los pueblos indígenas, los habitantes originales de América.

Por consiguiente, los lugares donde vivieron los pueblos indígenas de América se refieren no sólo a “sus regiones septentrionales” (es decir, América del Norte), sino evidentemente a toda América también, es decir, a lo largo y ancho del hemisferio occidental, el llamado “Nuevo Mundo”.

Curiosamente, Abdu’l-Bahá no apoya totalmente la teoría del Puente de Bering, sino que simplemente la menciona (“se ha dicho”) a modo de reconocimiento de una teoría científica contemporánea, perfectamente acorde con el principio bahá’í de la armonía entre la ciencia y la religión.

En la última frase de esta breve pero significativa tabla, Abdu’l-Bahá añadió la categoría de mensajeros de Dios indígenas a los ya identificados en los escritos de Bahá’u’lláh. También añadió a Buda y a Krishna, como ya se ha mencionado.

El contexto deja claro que los términos “Llamado de Dios” y “Mensajeros de Dios” son sinónimos, porque los “Mensajeros de Dios” son los que originalmente elevan el “Llamado de Dios”, como afirma Bahá’u’lláh en este pasaje ejemplar:

Estas sublimes palabras han brotado de la Pluma del Altísimo. Él dice, exaltada sea Su gloria: «Éste es el día de la visión, pues el rostro de Dios brilla resplandeciente sobre el horizonte de la Manifestación. Éste es el día de la audición, puesto que se ha elevado el llamamiento de Dios. En este día incumbe a todos sostener y proclamar lo que ha sido revelado por Quien es el Autor de todas las escrituras, el Amanecer de la revelación, el Manantial del conocimiento y la Fuente de la divina sabiduría». – Bahá’u’lláh, El tabernáculo de la unidad.

El espacio no permite una explicación adicional sobre este punto, pero basta con decir que hay muchas pruebas en los escritos bahá’ís para apoyar esta interpretación, que es mi comprensión personal, y no una posición “oficial”.

Dicho esto, lo que se ha “olvidado” también puede ser recordado. Anteriormente tratamos este tema en la Parte 52 (“Recordando las religiones indígenas ‘olvidadas'”) de esta serie de “Mensajeros de Dios Indígenas”.

Kevin, ¿tienes algún otro comentario que añadir? ¿Por qué es importante este tema? ¿Por qué hemos dedicado tantos artículos de esta serie a abordarlo? ¿Qué hacemos con esta información? ¿Por qué es útil? ¿Por qué es necesaria?

R: El hecho de que una parte de la humanidad que ocupa la mitad del planeta Tierra haya sido despiadadamente asesinada y privada de su derecho de nacimiento como seres humanos no justifica que se siga ignorando su patrimonio espiritual, a través del cual una gran parte de los alimentos básicos, las medicinas y las instituciones del mundo fueron inspiradas por Dios.

Ahora que el mundo se encuentra en un tiempo de encierro mundial forzoso, es apropiado meditar sobre la herencia espiritual de la mitad del planeta y cómo nos ha beneficiado a todos. Dos buenas referencias para la reflexión sobre este punto son las de Jack Weatherford, profesor de DeWitt Wallace, emérito del Macalester College: Indian Givers: How the Indians of the Americas Transformed the World (1988) y Native Roots: How the Indians Enriched America (1991). Sus conclusiones se resumen en un artículo de 1996, “Impact of American Indian Civilizations on Europe and the World (El impacto de las civilizaciones americanas indígenas en Europa y el mundo)”, en The Encyclopedia of the American Indian. Lo que el Profesor Weatherford omite es que los propios indígenas atribuyen sus contribuciones a América y a la civilización mundial a los “Sabios” encargados por el “Gran Espíritu” de elevar el “Llamado de Dios” en todo el hemisferio occidental.

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