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Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í. El sitio web oficial de la Fe Bahá’í es Bahai.org y el sitio web oficial de los bahá’ís de los Estados Unidos es Bahai.us.
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¿Quiero ser bahá'í?
Vida

Un argumento espiritual para abrazar la sobriedad

Ken McNamara | Abr 10, 2021

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Ken McNamara | Abr 10, 2021

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Cuando conocí la fe bahá’í, sus hermosos principios me atrajeron con fuerza. Sin embargo, me resultaba muy difícil pensar en dejar el alcohol. 

No es que fuera adicto a los 19 años, pero beber era lo que mis amigos y yo hacíamos a menudo juntos socialmente, y sabía que dejarlo significaría perder a muchos de esos amigos.

Los bahá’ís de la comunidad me enseñaron amorosa y pacientemente más sobre la fe, y gradualmente llegué a creer que Bahá’u’lláh era un verdadero mensajero de Dios. Con el tiempo, a medida que aprendía más y me convencía totalmente de la verdad de la fe, el consumo de alcohol disminuyó en importancia y lo dejé por completo, incluso antes de hacerme bahá’í.

Con una visión diferente de la vida basada en las enseñanzas de la fe bahá’í, nunca me ha resultado difícil dejar de consumir alcohol y, de hecho, estoy agradecido a Bahá’u’lláh de que tengamos esta gran protección y libertad. En cuanto a la pérdida de viejos amigos, sí, algunos se han ido, pero he ganado muchos nuevos de todo el mundo, ¡ya que ahora soy parte de una familia bahá’í global!

Así que, en una conversación con un conocido hace algún tiempo, mencioné que soy bahá’í y le pregunté si había oído hablar de la fe bahá’í. 

«Sí», respondió, «sé que los bahá’ís no beben, ¡y eso me basta! ¡Acaso no sabes que prohibir el alcohol se ha intentado y no funciona!». Dejó claro que ese era el fin de la discusión.

Esto, sin duda, refleja el pensamiento de algunas personas cuando se enteran de la fe bahá’í y de su prohibición del consumo de alcohol. Esa prohibición, por cierto, solo se aplica a los bahá’ís, que aceptan voluntariamente las leyes bahá’ís y nunca tratan de imponerlas a los demás.

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A pesar de este hecho, esa ley bahá’í que prohíbe el alcohol puede suponer una barrera para algunas personas a la hora de seguir examinando la fe, ya que la bebida es una parte importante de la vida de cientos de millones de personas en todo el mundo, y es un elemento habitual en eventos sociales, celebraciones y muchas otras ocasiones. Muchos utilizan el alcohol por razones personales, como aliviar el estrés y las ansiedades. Además, a algunas personas les gusta la sensación de alteración de la mente que produce la bebida, o simplemente disfrutan del sabor del alcohol como parte de la experiencia culinaria. 

Por desgracia, el alcohol es una sustancia adictiva, y el alcoholismo que provoca genera gran parte de su consumo. Los cerveceros y destiladores de alcohol han dicho a menudo que el 20% de sus clientes compran el 80% de su producto.

A pesar de las diversas razones para consumir alcohol, ninguna persona seria negaría que genera enormes impactos sociales e individuales negativos para multitudes en casi todos los países del mundo.  Se han escrito volúmenes y volúmenes en los que se describen estos problemas, que incluyen muertes por accidentes y varias enfermedades mentales y físicas graves, familias desintegradas, delincuencia, trastornos de los medios de vida y muchos otros problemas asociados. Para obtener una visión general del consumo en los Estados Unidos y en el mundo, véase: Alcohol Facts and Statistics | National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA) (nih.gov).

Nuestras sociedades deben abordar los efectos devastadores del alcoholismo, una enfermedad que asola a la humanidad.  ¿Quién puede librarnos de esta enfermedad y aportar soluciones y una curación permanente?

Abdu’l-Bahá, el hijo de Bahá’u’lláh, el Profeta fundador de la fe bahá’í, escribió que los mensajeros de Dios para la humanidad actúan como «médicos competentes» que proporcionan un «remedio para el cuerpo enfermo del mundo»:

Toda Manifestación divina es la vida misma del mundo y el hábil médico de cada alma doliente. El mundo del hombre está enfermo y ese Médico competente conoce la curación, por cuanto aparece con las enseñanzas, los consejos y recomendaciones que constituyen el remedio para todo dolor, el bálsamo curativo para toda herida. Es indudable que el médico sabio puede diagnosticar las necesidades de su paciente en cualquier época y aplicar la terapia. Por consiguiente, relaciona tú las Enseñanzas de la Belleza de Abhá (Bahá’u’lláh) con las urgentes necesidades de este día, y verás que proveen un remedio instantáneo para el cuerpo doliente del mundo. En efecto, ellas son el elixir que brinda salud eterna.

Desde la perspectiva bahá’í, el advenimiento de Bahá’u’lláh representa la más reciente revelación de uno de esos hábiles médicos:

Bahá’u’lláh es el Médico verdadero. Ha diagnosticado las condiciones humanas e indicado el tratamiento necesario. Los principios esenciales de sus remedios curativos son el conocimiento y amor a Dios, el desprendimiento de todo salvo Él, volver nuestros rostros con sinceridad hacia el Reino de Dios, fe implícita, firmeza, y fidelidad, amorosa bondad hacia todas las criaturas y la adquisición de virtudes divinas indicadas para el mundo humano. Estos son los principios fundamentales del progreso, la civilización, la paz internacional y la unidad de la humanidad. Estos son los principios de las enseñanzas de Bahá’u’lláh, el secreto de la salud sempiterna, el remedio y curación del hombre.

Los bahá’ís creen que Bahá’u’lláh trajo lo necesario para resolver los problemas del mundo. Para ello, ha prohibido todo uso del alcohol, salvo por ciertas razones medicinales prescritas por un médico:

Cuidaos de no trocar el Vino de Dios por vuestro propio vino, pues entorpecerá vuestra mente y hará que vuestro rostro se aparte del Semblante de Dios, el Todoglorioso, el Incomparable, el Inaccesible. No os acerquéis a él, puesto que os ha sido prohibido por el mandato de Dios, el Exaltado, el Todopoderoso.

Abdu’l-Bahá explicó que la razón por la que se prohíbe el uso de bebidas alcohólicas es porque «el alcohol descarría la mente y produce el debilitamiento del cuerpo». Ahora sabemos, desde el punto de vista médico, que el alcohol mata las células del cerebro y causa muchas enfermedades agudas y crónicas.

Sin embargo, algunos podrían preguntarse: «Sí, no hay duda de que el alcohol causa graves problemas a muchas personas, pero ¿no es una prohibición total ir demasiado lejos? ¿Qué pasa con el consumo moderado?». 

Hay varias respuestas a esa pregunta, y aquí hay solo dos de ellas. En primer lugar, ¿cómo podríamos resolver eficazmente los innumerables problemas asociados al uso y abuso del alcohol aconsejando a la gente que beba solo con moderación? ¿Quién define la moderación o la falta de ella?

El alcoholismo, según nos informa la ciencia, está causado por una combinación de factores genéticos, culturales y ambientales, y los individuos, el género e incluso los grupos étnicos varían ampliamente en cuanto a su susceptibilidad. Además, los asesores en materia de abuso de alcohol no dudan en contar historias de muchos de sus clientes que niegan tener un problema con la bebida, que son bebedores moderados y que podrían dejar de beber en cualquier momento, hasta el momento en que las cosas se desmoronan para ellos. Además, incluso en cantidades moderadas, el consumo de alcohol puede dar lugar a graves lesiones interpersonales y/o físicas debido a las cosas que se dicen o a las acciones que se llevan a cabo por falta de buen juicio debido incluso a un deterioro parcial. Por lo tanto, está claro que intentar resolver estos problemas fomentando la moderación está condenado al fracaso.

En segundo lugar, y lo que es más importante, para aquellos que aceptan la verdad de las enseñanzas y leyes del mensajero de Dios, las enseñanzas bahá’ís nos prometen un tipo de vida diferente: una vida llena de un sentido de propósito y de fe basada en la certeza de la verdad, de esfuerzo por estar al servicio de los demás, de contribución al avance de la sociedad y de nuestras comunidades, de saber que hay asistencia divina mientras afrontamos los retos de la vida, y de iluminación espiritual a partir de los escritos de la más reciente revelación de Dios.

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Ciertamente, al vivir una vida así, no hay necesidad de ningún intoxicante que reduzca el pleno potencial de nuestras mentes o cuerpos:

Quienes se sumerjan en el océano de Sus palabras deben mostrar en todo momento la máxima consideración por las ordenanzas y prohibiciones divinamente reveladas. De hecho, Sus ordenanzas constituyen la más poderosa fortaleza para la protección del mundo y la salvaguarda de sus pueblos…

Cuando una persona se esfuerza conscientemente por fusionar su voluntad con las leyes y enseñanzas de Bahá’u’lláh, obtiene grandes beneficios de un Señor misericordioso, perdonador y compasivo. En efecto, ¡uno se «eleva» en la riqueza y la belleza de la vida! En una de las oraciones de Bahá’u’lláh, recitamos: «Tu amor, oh mi Dios, me ha enriquecido…»

Como bahá’í, he aprendido lo absolutamente cierto que es ese verso.

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