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Despertamos de un sueño a otro sueño. – Ralph Waldo Emerson

¿Cómo se puede probar si en este momento no estamos durmiendo, y todos nuestros pensamientos son un sueño; o si estamos despiertos y hablando entre nosotros en estado de vigilia? – Platón

¿Recuerdas aquella vez que despertaste de un sueño que parecía tan real que temporalmente te desorientó, y te hizo sentir por un momento como si el mundo del sueño fuera tan real como el mundo “real”? Esto nos ha sucedido a todos.

En tanto han existido seres humanos, nuestros pensadores y filósofos han reflexionado sobre la naturaleza de la existencia teniendo en mente esa intersección universal sueño / realidad. Platón, Aristóteles y Descartes se preguntaron acerca de la realidad de nuestra existencia física al plantear el argumento del sueño. Aquí una sinopsis de este clásico enigma de un filósofo chino del siglo IV A.C. llamado Zhuangzi:

Érase una vez, yo, Zhuangzi, soñé que era una mariposa, revoloteando por aquí y por allá, para todos los efectos era una mariposa. Era consciente sólo de seguir mis fantasías como una mariposa, y era inconsciente de mi individualidad como una mariposa. De repente desperté, y me recosté nuevamente. Ahora no sé si era un hombre soñando que era una mariposa, o si ahora soy una mariposa soñando que soy un hombre.
Mientras los hombres están soñando, no perciben que es un sueño. Algunos incluso tienen un sueño en un sueño, y sólo cuando despiertan saben que todo fue un sueño… Y algún día habrá un gran despertar cuando sabremos que todo esto es un gran sueño…
Sin embargo, los estúpidos creen que están despiertos, asumiendo afanosa e intensamente que entienden las cosas, llamando a este hombre gobernante, a ese otro pastor – ¡qué denso! ¡Confucio y ustedes están soñando! Y cuando digo que están soñando, estoy soñando también. Palabras como estas serán etiquetadas como la Estafa suprema. Sin embargo, después de diez mil generaciones, podría aparecer un gran sabio que sabrá su significado, y será como si apareciera con asombrosa velocidad.

Zhuangzi

Zhuangzi

El hallazgo de Zhuangzi, y la famosa alegoría de la cueva de Platón, se puede reducir a una pregunta: ¿cómo sabemos realmente qué es real?

El argumento del sueño básicamente sugiere que el acto de soñar en sí mismo, que puede parecer tan real, demuestra que realmente no podemos confiar en nuestros cinco sentidos y en las percepciones comunes de nuestras mentes. Platón reafirmó esa idea al escribir su analogía de la cueva, sugiriendo que nosotros sólo percibimos las sombras de lo verdaderamente real, y no su realidad.

De la misma manera, mucho del pensamiento budista, hindú y sufí considera este mundo material literalmente irreal. De hecho, muchas tradiciones religiosas, incluyendo la Fe Bahá’í, tienen enseñanzas que comparan el mundo espiritual con el material y llegan a la conclusión de que este mundo material no es duradero; mientras que el mundo espiritual es eterno:

El mundo no es más que una apariencia, vana y vacía, una mera nada con semejanza de realidad. No pongáis vuestros afectos en él. No rompáis el vínculo que os une con vuestro Creador y no seáis de aquellos que han errado y se han desviado de Sus caminos. Ciertamente digo: El mundo es como el vapor en un desierto; el sediento sueña que es agua y lucha por alcanzarlo con todas sus fuerzas, hasta que cuando llega a él, encuentra que es sólo una mera ilusión. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, páginas 368 y 369

¡Oh hijo del Ser! 
Si pones tu corazón en este dominio eterno e imperecedero, y en esta vida antigua y perdurable, renuncia a esa soberanía mortal y pasajera. – Bahá’u’lláh, Palabras ocultas, página 44.

Estas ideas viven en el corazón mismo de la religión, que siempre nos llama a lo inmortal más que a lo mortal; a lo duradero más que a lo temporal; a lo eterno en lugar de lo efímero. Toda enseñanza mística da testimonio de esta verdad. Ese es el único objetivo común de todas las grandes religiones: conducirnos nuevamente a lo divino, que ya reside dentro de nosotros. Cada una de esas creencias nos asegura que podemos descubrir lo profundo, la dicha y lo trascendente en nuestros propios corazones y almas; y en nuestros sueños.

De acuerdo a las enseñanzas bahá’ís, los sueños demuestran que tenemos alma. Los bahá’ís creen que nuestros sueños nos muestran todas las noches la prueba de la existencia y la inmortalidad de nuestras almas:

En el mundo de los sueños el cuerpo se vuelve absolutamente pasivo, pero el espíritu sigue funcionando activamente y posee todas las sensibilidades. Esto nos conduce a la conclusión de que la vida del espíritu no está condicionada ni depende de la vida del cuerpo. Lo más que se puede decir es que le cuerpo es una mera vestidura del espíritu. Si la vestidura se destruyera, el que la usa no sufriría daño alguno, ya que siempre está protegido.  – ‘Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz universal, p. 269

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