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Espiritualidad

Apreciando nuestros dones divinos

Ken McNamara | Mar 11, 2021

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Ken McNamara | Mar 11, 2021

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Nuestro Dios misericordioso, compasivo y amoroso continuamente colma a la humanidad de dones – y el conocimiento de estos dones es necesario para vivir nuestras vidas al máximo, traer la iluminación espiritual y acercarnos a Dios en este mundo y en todos los mundos de Dios.

Sólo conociendo estos dones conseguimos una verdadera apreciación del poder y el amor de Dios, y nuestro amor por Él crecerá, del mismo modo que amaríamos y nos acercaríamos a alguien que nos mostrara amor y nos trajera dones emocionales, materiales y espirituales. Así pues, podríamos preguntarnos, ¿cuáles son algunos de estos dones de Dios y cómo podemos abrirnos para ser más conscientes de ellos?

Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la fe bahá’í, escribió: “Sabe que, de acuerdo con lo que tu Señor, el Señor de todos los hombres, ha prescrito en su libro, los favores conferidos por Él a la humanidad han sido y siempre serán ilimitados en su alcance”.

Luego Él enumera, en un bello lenguaje, cuáles son algunos de estos favores. Entre ellos se incluye una mente que nos da la capacidad de comprender la realidad del entorno físico y del universo en el que vivimos. Los descubrimientos de algunas de estas realidades a través de la ciencia y otros medios han conducido a un sinfín de beneficios para la humanidad en materia de salud, comunicaciones, transporte, genética, agricultura, etc. Por supuesto, nos queda un largo camino por recorrer -especialmente en nuestras relaciones nacionales, religiosas, raciales, de género y culturales-, pero ha habido un progreso asombroso en todos los campos del quehacer humano, especialmente en los últimos 200 años.

Seguidamente, Bahá’u’lláh describe cómo los sentidos físicos apoyan a nuestras mentes, los cuales utilizamos para comprender todo de forma más completa. Estos incluyen la visión, el oído, el corazón y el sentido del tacto. Todos son “una muestra indudable de la majestad, el poder, el ascendiente, el conocimiento que todo lo abarca del Dios único y verdadero”.

Aunque es importante que apreciemos el don de la comprensión para nuestro bienestar físico y el entorno en el que vivimos, la razón más importante por la que Dios nos ha dado este don de la comprensión, es para que nos demos cuenta del propósito mismo de nuestras vidas. Es decir, para “reconocer a su Creador y alcanzar su Presencia”.

Es una afirmación muy profunda. La cuestión del sentido de la vida ha dejado perplejos a científicos, filósofos y pensadores de todo tipo a lo largo de los tiempos. La creencia bahá’í es clara en este punto – que Dios es el Creador, y Él ha dotado a los seres humanos con todo tipo de dones de entendimiento superior por una razón principal: usar ese poder cerebral para llegar a conocer a Dios. De ello se deduce que Dios nos da lo que necesitamos para llegar a ese conocimiento. Es impensable, por ejemplo, que una persona se matricule en una facultad de medicina con el objetivo de convertirse en médico, y que la facultad no le proporcione los libros, los laboratorios o los profesores necesarios para educar a ese estudiante. Del mismo modo, es impensable que Dios espere que lleguemos al conocimiento de Él sin darnos los medios para utilizar nuestros dones de entendimiento para aprender de Dios y su propósito de crearnos y del mundo que nos rodea.

¡Esto nos lleva al mayor regalo de todos! Como escribió Bahá’u’lláh: “Aquel que predomina sobre todos los demás dones, que es incorruptible en su naturaleza y que pertenece sólo a Dios mismo, es el don de la Revelación Divina. Toda dádiva conferida al hombre por el Creador, ya sea material o espiritual, está subordinada a ésta. En su esencia es, y siempre será, el Pan que desciende del cielo. Es el supremo testimonio de Dios, la más clara demostración de su verdad, el signo de su plena generosidad, la señal de su misericordia que todo lo abarca, la prueba de su muy amorosa providencia, el símbolo de su perfecta gracia”.

¿Recuerdas al estudiante de medicina que necesita libros, laboratorios y profesores? Dios nos ha proporcionado los libros de aprendizaje, es decir, todos los textos de las religiones del mundo. La Biblia, el Corán, el Bhagavad Gita, los vastos escritos de la fe bahá’í, además de muchos otros, los cuales están llenos de instrucciones, admoniciones, oraciones y el conocimiento de la naturaleza de Dios y de nosotros mismos para ayudarnos a vivir vidas satisfactorias y con sentido. El laboratorio es la propia tierra física, las familias en las que nacemos, las cosas que encontramos en la vida que nos enseñan, nos ponen a prueba y nos premian y castigan, a medida que nos convertimos en el tipo de persona que elegimos ser. Y los maestros son los propios mensajeros de Dios, los fundadores de las religiones del mundo, las manifestaciones de Dios que han instruido a la humanidad a lo largo de la historia a todos los pueblos de todas las tierras. Textos sagrados, todas las realidades físicas y los mensajeros perfectos; esta es la Revelación de Dios a la humanidad. Hoy en día, esa revelación se centra en Bahá’u’lláh y en los escritos sagrados de la fe bahá’í.

Un componente importante de la revelación de Dios es lo que nosotros mismos debemos hacer para ayudarnos a encontrar nuestro camino hacia Dios. Por ejemplo, los escritos bahá’ís nos dicen:

El Llamado de Dios ha sido proclamado y la Luz de su semblante se ha levantado sobre los hombres. Incumbe a todos borrar de la tablilla de su corazón la huella de toda palabra vana y contemplar con mente abierta e imparcial los signos de su Revelación, las pruebas de su Misión y las señales de su Gloria.

Este pasaje implica ciertamente que debemos poner nuestro don de entendimiento a trabajar para estudiar las palabras, la historia y las acciones actuales de la revelación bahá’í, libres de muchas de nuestras ideas preconcebidas, para determinar si es realmente la verdad.

Son numerosas las oraciones y exhortaciones que se encuentran en los escritos sagrados que piden a Dios que nos ayude en nuestra búsqueda para conocer la verdad sobre Dios, acercarnos a Él y conformar nuestras vidas a Su voluntad. He aquí dos citas de este tipo que se encuentran en las oraciones escritas por Bahá’u’lláh:

Te imploro que me ayudes y me asistas en todo momento y en toda condición, y anhelo Tu antiguo favor del cielo de Tu gracia.

También,

Te pido, por Tu Más Grande Nombre, oh Deseo del mundo y Bienamado de la humanidad, que concedas que la brisa de Tu inspiración sostenga mi alma, que Tu voz maravillosa llegue a mi oído, que mis ojos contemplen Tus señales y Tu luz, reveladas en las manifestaciones de Tus nombres y atributos.

Y finalmente, cuando usamos los dones que Dios nos ha dado para buscar la verdad respecto a Dios y Su Revelación, Bahá’u’lláh prometió que Dios nos guiará. Él escribió en una de Sus oraciones reveladas para nosotros:

Tú no decepcionas a nadie que Te haya buscado, ni apartas a quien Te haya deseado. Ordena para mí lo que corresponda al cielo de Tu generosidad y al océano de Tu munificencia.

Dios nos ha dado un flujo interminable y continuo de dones:

  • La necesidad de conocerle y adorarle;
  • Todos los medios para utilizar estos dones de la mejor manera posible en nuestra búsqueda de la verdad espiritual con respecto a Dios y su precioso don de la revelación;
  • El entorno físico, los escritos sagrados y los maestros infalibles;
  • Oraciones para pedir ayuda y guía;
  • Promesas de que si somos sinceros en nuestra búsqueda, no hay nada que pueda detenernos.

Los regalos materiales son muy bonitos, pero comparados con los regalos de Dios, no son comparables.

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