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Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í. El sitio web oficial de la Fe Bahá’í es Bahai.org y el sitio web oficial de los bahá’ís de los Estados Unidos es Bahai.us.
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Cómo apreciar el entusiasmo, tanto el tuyo como el de los demás

Greg Hodges | Dic 31, 2021

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Greg Hodges | Dic 31, 2021

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Hoy nos aferramos más a nuestras dudas que a nuestras certezas. Para desarrollar una visión positiva y entusiasta del futuro, debemos hacer algo más que criticar cínicamente los falsos dogmas de los demás.

Un dogma es una creencia establecida que no se cuestiona y que no está abierta a la reconsideración. En los ámbitos de la cultura, la religión y la política, la gente se instala en campos opuestos y se agrupa en torno a puntos de vista particulares. En las formas de pensar dogmáticas, una sola opinión se considera como la luz, mientras que todo lo demás se considera oscuridad.

Cuando vemos un conflicto ideológico en nuestras comunidades y en el mundo en general, solemos entenderlo como un choque de dogmas rivales. Percibimos una superabundancia de creencias, una aglomeración de opiniones y un exceso de ideas que compiten entre sí. Imaginamos una lucha interminable por las oportunidades de poner en práctica las teorías favoritas.

Pero quizás esta visión del mundo tenía más credibilidad en el pasado que ahora. Hoy, la desilusión ha penetrado más profundamente. Parece que tenemos menos teorías sobre cómo sería una buena sociedad y cómo llegar a ella. Nos aferramos más a nuestros resentimientos. Nos concentramos más en el sabotaje que en el cambio constructivo. Nos instalamos con más naturalidad en el escepticismo y la sospecha que en el idealismo o el fervor.

Tal vez sea porque los ídolos de los viejos dogmas han sido derribados. Pero a pesar de su caída, no nos hemos vuelto más agradables y unificados. Por el contrario, nuestras disputas se han restablecido sobre la negatividad. Los dogmas rivales han dado paso a formas rivales de desilusión: desacuerdos sobre qué instituciones y grupos son más dignos de desprecio. La luz en el centro del pensamiento dogmático se ha apagado, dejando solo la incierta oscuridad que siempre la rodeó.

Por el contrario, cuando estudio los viajes de Abdu’l-Bahá a Europa y América del Norte hace un siglo, me sorprende el gran entusiasmo que encontró. No era solo que los bahá’ís estuvieran realmente entusiasmados con las enseñanzas bahá’ís. Dondequiera que fuera, encontró gente apasionada por todo tipo de cosas: teosofía, paz internacional, sufragio femenino, metafísica, derechos civiles, esperanto, etc. Esas personas entusiastas tenían esperanzas muy elevadas sobre lo que esos ideales podrían lograr.

El gran éxito de Abdu’l-Bahá fue que habló con fuerza a las diversas convicciones de aquellos que conoció. En aquella época, el panorama ideológico de Europa y Norteamérica era un caleidoscopio de diversas teorías sobre la felicidad humana y el bienestar social, y su sabiduría y perspicacia tenían un atractivo magnético para los defensores de cada una de ellas.

Unos años más tarde, se refirió a este tema al hablar de cómo promover la paz universal:

Al estar combinadas las enseñanzas de Bahá’u’lláh con la paz universal, son como una mesa provista de toda clase de frescos y deliciosos manjares. En esa mesa de infinita munificencia toda alma puede encontrar cuanto desee. Si la cuestión se limita solamente a la paz universal, no se lograrán los extraordinarios resultados que se esperan y desean. El campo de acción de la paz universal debe ser tal que todas las comunidades y religiones hallen realizado en ella su más elevado deseo. Las enseñanzas de Bahá’u’lláh son tales que todas las comunidades del mundo, ya sean religiosas, políticas o éticas, antiguas o modernas, encuentran en ellas la expresión de su más elevado deseo. – Abdu’l-Bahá, Selección de los escritos de Abdu’l-Bahá.

El reto hoy en día no es solo mostrar que algo concuerda con el deseo más elevado de otra persona, sino también conseguir que reconozca cualquier tipo de deseo más elevado. Muchos de nosotros no tenemos experiencia en creer que una sociedad bella es siquiera posible. Pero esa sed entusiasta de belleza es esencial para apreciar las enseñanzas bahá’ís.

Por eso, cuando una persona muestra el más mínimo signo de entusiasmo genuino por algo, aunque no estemos de acuerdo con ello, es importante que lo respetemos y apreciemos su poder para refinar sus nobles inclinaciones. El mundo no está tan inundado de dogmas como antes. Cualquier luz que persiga la penumbra de la desesperación puede crecer y evolucionar hasta convertirse en una fuerza constructiva. Si todo lo que hacemos es pisotear los entusiasmos de los demás, no necesariamente pasarán a tener nuevas y mejores convicciones. Probablemente solo adoptarán un estado de ánimo de sospecha y desconfianza o pasarán a tener resentimientos y antipatías venenosas.

Bahá’u’lláh enseñó que nuestras acciones pueden dar esperanza a los demás. Pero también pueden derribar a otros:

¡Oh, bienamados del Señor! No cometáis aquello que ensucie la límpida corriente del amor o destruya la dulce fragancia de la amistad. ¡Por la rectitud del Señor! Habéis sido creados para mostrar amor unos por otros, y no perversidad y rencor. – Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh.

En otro pasaje, nos exhorta a comportarnos de tal manera que energicemos los corazones de los demás:

Sé como una arteria palpitante que late en el cuerpo de la creación entera, para que, por medio del calor generado por este movimiento, aparezca aquello que vivifique los corazones de los que dudan. – Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh.

Ese es el reto que nos plantea la fe bahá’í. No basta con demostrar contra qué estamos. Ya hay bastante de eso. Para dar un paso decisivo hacia un mundo mejor debemos mostrar a los demás lo que merece nuestro entusiasmo, y el suyo también.

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