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Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í. El sitio web oficial de la Fe Bahá’í es Bahai.org y el sitio web oficial de los bahá’ís de los Estados Unidos es Bahai.us.
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Cómo respondieron los bahá’ís tras la muerte de George Floyd

Anne Gordon Perry | Abr 14, 2021

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Anne Gordon Perry | Abr 14, 2021

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

El 25 de mayo de 2020, vi las noticias con horror. Había vuelto a ocurrir: Otra persona negra en Estados Unidos había sido asesinada por la policía.

Era el Día de los Caídos, un día para llorar a los héroes caídos en las guerras libradas principalmente en el extranjero. Vivo en Dallas y, debido a la pandemia de COVID-19, en lugar de participar en las celebraciones públicas o asistir a una barbacoa con amigos, estaba en casa. Y como mucha gente, estaba viendo las insoportables imágenes de vídeo de George Floyd, de 46 años, esposado, inmovilizado en el suelo y asfixiado. Un agente blanco del Departamento de Policía de Minneapolis, Derek Chauvin, mantuvo su rodilla sobre el cuello de Floyd durante casi nueve minutos. Floyd pasó los últimos minutos de su vida asfixiándose con la súplica «no puedo respirar» e invocando a su difunta madre para que le ayudara desde el otro mundo.

Ahora nos enfrentamos a otro tipo de luto: un reconocimiento de las profundas e insidiosas cicatrices del racismo que nunca hemos curado, dentro de un país que promete «libertad y justicia para todos».

La herida fue profunda e intensa, y sus efectos han sido dolorosos y duraderos. Mi amiga Nwandi Lawson, una bahá’í que vive en Atlanta (Georgia), me dijo que recuerda dónde estaba y qué estaba haciendo cuando se enteró del asesinato de Floyd.

«Estaba lavando los platos cuando me enteré de la noticia», dice Nwandi. «En mi casa no había nada fuera de lo normal. Habíamos cenado un salteado y habíamos planeado jugar algún juego de mesa después de terminar los deberes. Pero al escuchar los primeros detalles espantosos de la muerte de George Floyd, miré mis manos enjabonadas y me di cuenta de que mis propias lágrimas habían empezado a mezclarse con el agua del fregadero. Había sucedido una vez más.

«¿Cómo, en un día de primavera de 2020, en el parqueadero de un supermercado, otro hombre negro pudo haber sido asesinado por un oficial de policía? Más allá del llanto, ¿cómo podía responder en esta época en la que una pandemia mundial y la injusticia racial se arremolinaban juntas como el agua del fregadero al quitar el tapón? ¿Se estaba yendo la nación por el desagüe?».

Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la fe bahá’í, escribió en el siglo XIX que «El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inalcanzables, a menos que su unidad sea firmemente establecida».  También escribió «ante mi vista lo más amado de todas las cosas es la justicia».

Debido al juicio de Derek Chauvin, se está prestando una atención renovada a Minneapolis y mucha gente vuelve a preguntarse: ¿Qué podemos aprender de esta potente crisis de nuestro tiempo? ¿Cómo podemos actuar en nuestras propias localidades para ayudar a crear una sociedad basada en el respeto y la justicia?

Estas son las preguntas que yo también me he planteado. Tuve el privilegio de encontrar algunas respuestas gracias a mi participación en el equipo que produjo «Minneapolis: Playing our Humble Part», una serie de vídeos en cinco partes que sigue la historia de cómo los bahá’ís de Minneapolis respondieron a los acontecimientos que se produjeron en el barrio donde fue asesinado George Floyd.

Minneapolis: Playing Our Humble Part

Durante semanas, el video de Floyd, cautivo y agonizante, reapareció en las noticias o en las redes sociales. Parecía ser un punto de inflexión. El impacto de su muerte resonó en todo el mundo, generando murales, protestas, poesía, una mayor conciencia de la brutalidad policial, conversaciones sobre la necesidad de unidad y justicia racial y, a veces, acciones relacionadas con la transformación personal y la conectividad de la comunidad.

«Minneapolis: Playing our Humble Part» está diseñado para continuar estas conversaciones y suscitar la acción.

Cada vídeo corto presenta un aspecto de cómo la comunidad bahá’í emprendió y sigue emprendiendo acciones basadas en las necesidades y respuestas del barrio, convirtiéndose en humildes socios para unificar y curar a las personas que se enfrentan a la injusticia y la tragedia.

Tras el asesinato de George Floyd, más de 175 personas, bahá’ís y muchos otros de la zona, acudieron al barrio para ayudar en las tareas de cooperación. Dada la proximidad del centro bahá’í a lo que llegó a conocerse como la plaza George Floyd, este empezó a servir de centro para coordinar a los voluntarios de los puestos de desinfección, proporcionando orientación, mascarillas, desinfectante de manos y agua a los visitantes. Los bahá’ís participaron y siguen participando en las reuniones comunitarias dos veces al día, uniéndose a los residentes, propietarios de negocios y miembros de muchas comunidades religiosas y asociaciones vecinales diferentes.

Una de las personas que aparecen en «Minneapolis: Playing our Humble Part» es la residente de Minneapolis Eliza Wesley. Ella se sintió inspirada para unirse a los bahá’ís para ofrecer asistencia, oraciones y servicios necesarios en el barrio. Dado que las tiendas de víveres de la zona habían sido destruidas, a partir de finales de mayo de 2020, el Centro bahá’í de Minneapolis patrocinó una despensa de alimentos y suministros al aire libre (y más tarde en el interior), con donaciones que llegaban de diversas fuentes.

Esta fue solo una de las formas en que los bahá’ís trataron de hacer frente a las circunstancias locales mediante acciones inspiradas en una cita del órgano administrativo de la fe bahá’í elegido internacionalmente, la Casa Universal de Justicia:

«… Ustedes están aprovechando las oportunidades -ya sea las que les imponen las circunstancias actuales o las que se derivan de sus labores sistemáticas en la sociedad en general- para desempeñar su papel, aunque sea humilde, en el esfuerzo por remediar los males de su nación. Oramos fervientemente para que el pueblo estadounidense aproveche las posibilidades de este momento para crear una reforma consecuente del orden social que lo libere de los efectos perniciosos de los prejuicios raciales y acelere la consecución de una sociedad justa, diversa y unida que pueda manifestar cada vez más la unidad de la familia humana». [Traducción provisional por Oriana Vento]

Un imperativo moral para actuar

«Minneapolis: Playing our Humble Part» también muestra cómo la comunidad bahá’í y sus amigos se sintieron llamados a aliviar el sufrimiento humano y promover la unidad en su barrio, basándose en las enseñanzas bahá’ís de la unidad de la humanidad para comenzar a curar las lentas heridas causadas por el racismo.  Aunque algunos bahá’ís vivían cerca, muchos otros venían de otras zonas para unirse a las actividades. Durante 21 años, el centro bahá’í había servido como espacio para impartir clases a los niños, un programa de tutoría y empoderamiento espiritual para preadolescentes, jardinería comunitaria dirigida por jóvenes, proyectos artísticos comunitarios, ensayos de orquesta y actividades de divulgación comunitaria para crear conexiones entre los vecinos de esta zona tan diversa, pero nada comparado con la intensidad de los esfuerzos que ahora se estaban llevando a cabo.

Como escribió la Asamblea Espiritual Nacional de los bahá’ís de Estados Unidos en junio de 2020 «Crear una sociedad justa comienza con el reconocimiento de la verdad fundamental de que la humanidad es una. Pero no basta con creerlo en nuestros corazones. Crea el imperativo moral de actuar y de ver todos los aspectos de nuestra vida personal, social e institucional a través del lente de la justicia. Implica una reorganización de nuestra sociedad más profunda que cualquier cosa que hayamos logrado hasta ahora». [Traducción provisional por Oriana Vento].

Con el trabajo conjunto de individuos y vecinos, empezó a surgir una nueva visión de la comunidad, que une a la gente de formas nuevas y profundas.

Construyendo puentes a través de la amistad

Esta empresa fue una nueva experiencia para los bahá’ís de Minneapolis, y se forjaron nuevas relaciones dentro del barrio. Esto requirió una postura humilde de aprendizaje, aprovechando el conocimiento y la experiencia de los demás. A través de los aspectos humanitarios, espirituales y prácticos de estas relaciones, comenzó a crecer un sentido continuo de aprendizaje y conectividad.

La Casa Universal de Justicia escribió en julio de 2020 que el racismo «es una profunda desviación de la norma de la verdadera moralidad» y que no puede «ser desarraigado mediante la contienda y el conflicto». En su lugar, el barrio pretende construir «relaciones justas entre individuos, comunidades e instituciones de la sociedad que eleven a todos y no designen a nadie como ‘otro'». [Traducción provisional por Oriana Vento]. 

Hoy, los bahá’ís y sus amigos del barrio se han convertido en una familia. A través del servicio y la conversación, han construido relaciones de amor y confianza, y están empezando a planificar formas más sistemáticas de involucrar a los niños y jóvenes de la zona durante el verano.

Un ejemplo de acción social

Durante varios meses, el equipo encargado del vídeo escuchó cómo una acción inmediata y sostenida por parte de los bahá’ís locales y sus amigos se convirtió en parte de un esfuerzo asombroso para tender la mano y ayudar al barrio a recuperarse. Revisamos imágenes, escuchamos entrevistas y vimos cómo la historia tomaba forma en segmentos concretos, maravillados por este ejemplo de marco de acción social comunitaria.    

Esta serie de vídeos presenta un modelo para que todos podamos emprender una acción social en nuestras comunidades, mostrando entrevistas con personas que comparten cómo cambiaron las relaciones en el proceso de trabajo conjunto. Podemos verlo no solo como una documentación única de los esfuerzos específicos que una comunidad llevó a cabo, sino también como un sendero que muestra el camino para todos los que se preocupan por contribuir a un mundo mejor.

No tenemos que esperar a que se produzca un trauma o una catástrofe para empezar a forjar relaciones con nuestros vecinos, a construir comunidades que reflejen la unidad de la humanidad y a derribar las barreras del racismo y los prejuicios que nos han dividido durante tanto tiempo.

Solo podemos ganar si perseguimos tales cursos de acción, manteniendo en nuestros corazones la memoria de las víctimas caídas por los prejuicios raciales y esperando no solo el fin de tales atrocidades, sino la luz firme de la unidad real.

La serie de vídeos de cinco partes puede encontrarse aquí.

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