Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Fui sorprendida por una grave enfermedad mental (trastorno bipolar de ciclo rápido, tipo I) a la edad de 51 años.

La mayoría de las personas con bipolaridad, que solía llamársele depresión maníaca, muestran sus primeros síntomas durante la adolescencia o como adultos jóvenes, y deben intentar mantenerla bajo control durante toda su vida. En los diez años transcurridos desde que se produjo mi enfermedad mental, he aprendido una o dos cosas sobre mí, sobre la enfermedad mental en general y su impacto espiritual en mí.

Afortunadamente ahora estoy en recuperación, pero el trastorno bipolar interrumpió de forma brusca todos los aspectos de mi vida. Ya no podía funcionar dentro de mi familia, en el trabajo, entre amigos o cumplir con mis compromisos de voluntaria. Tampoco podría funcionar como un ser espiritual. ¿Oraciones? No tenía ningún deseo. ¿Meditación? No podía comenzar a concentrarme. ¿Asistir a reuniones espirituales? De ninguna manera; me sentía demasiado maníaca para sentarme quieta o demasiado deprimida para salir de casa.

Una perspectiva bahá’í sobre la espiritualidad y la salud mental

Aunque esta cita de las enseñanzas bahá’ís no se refiere a los cambios de humor extremos que caracterizan el trastorno bipolar y la depresión aguda, aborda el impacto de nuestros estados de ánimo fluctuantes en nuestro funcionamiento diario:

¡La alegría nos da alas! Cuando estamos contentos nuestra fuerza es más vital, nuestra inteligencia más aguda y nuestro entendimiento menos nublado Nos sentimos más capacitados para enfrentarnos con el mundo y para encontrar nuestra esfera de utilidad. Pero cuando la tristeza nos visita nos debilitamos, nuestro vigor nos abandona, nuestro entendimiento se nubla y nuestra inteligencia se vela. Las realidades de la vida parecen eludir nuestra comprensión, los ojos de nuestro espíritu no aciertan a descubrir los misterios sagrados, y nos convertimos en seres casi muertos. – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 144.

Mi desorden pronto me hizo sentir más y más alienada, no solo de mis amigos y miembros de la comunidad bahá’í, sino también de mis creencias espirituales profundamente arraigadas. La fuerte y constante luz espiritual que ardía en mi alma se marchitó a un débil parpadeo chisporroteante, y luego pareció virtualmente extinguida por algún tiempo. Estaba perdida y abrumada por la pesadilla neuronal que la bipolaridad había causado en mi cerebro. Ciertamente sentí que había caído en un débil estado espiritual.

Pero incluso con todo lo que le estaba pasando a mi cerebro en ese momento, ¿cuál era el estado real de mi alma? Afortunadamente, a pesar de mis sentimientos subjetivos de alienación espiritual, al parecer mi alma estaba protegida durante todo ese periodo:

Sabe que el alma del hombre, es exaltada sobre todas las enfermedades de cuerpo y mente y es independiente de ellas. Que una persona enferma muestre signos de debilidad, se debe a los obstáculos que se interponen entre su alma y su cuerpo, porque el alma misma no es afectada por ninguna dolencia del cuerpo… Considera además el sol cuando está completamente oculto tras las nubes. Aunque la tierra está todavía iluminada con su luz, la medida de luz que recibe se ha reducido considerablemente. Hasta que las nubes no se hayan dispersado, el sol no brillará en la plenitud de su gloria. Ni la presencia ni la ausencia de la nube pueden, en forma alguna, afectar el esplendor inherente al sol. El alma del hombre es el sol que ilumina su cuerpo y del cual deriva su sustento y debe considerarse así. – Bahá’u’lláh, Pasajes de Los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 81.

En otras palabras, aunque yo misma no pude apreciar el estado intrínsecamente sano de mi alma en ese momento, esta no se vio afectada en absoluto por mi enfermedad mental y por mi incapacidad para nutrirla de la manera que normalmente lo haría a través de la oración, la meditación, los actos de servicio, trabajando en espíritu de adoración, y así sucesivamente.

¡Qué alivio!

La garantía más reciente sobre la diferencia entre enfermedad mental y debilidad espiritual proviene de la Casa Universal de Justicia , el órgano rector internacional de la Fe Bahá’í :

… la enfermedad mental no es espiritual, aunque sus efectos pueden en verdad obstaculizar y ser una carga en el esfuerzo hacia el progreso espiritual. – De una carta escrita a un bahá’í individual, el 15 de junio de 1982.

Cómo reconciliar la espiritualidad y la salud mental.

Amigos, si alguno de ustedes que lee esto actualmente lucha con un problema de salud mental, o si un ser querido lo hace, tenga la seguridad de que la enfermedad mental no significa de ninguna manera debilidad espiritual. Al igual que cualquier enfermedad corporal, la enfermedad mental significa simplemente lidiar con una adversidad, o en algunos casos con una verdadera calamidad, que nos pondrá a prueba a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

Solo recuerda ese sol detrás de las nubes: siempre está brillando y seguramente reaparecerá. Hasta que lo haga, intentemos aplicar esta receta espiritual:

Si el sufrimiento y la adversidad nos visitan, dirijamos nuestros rostros hacia el Reino, y el consuelo celestial nos será otorgado.

Si estamos enfermos o en desgracia, imploremos la curación de Dios, y Él responderá a nuestra súplica.

¡Cuando nuestros pensamientos estén ocupados con las amarguras de este mundo, dirijamos nuestra mirada hacia la dulzura de la compasión de Dios, y Él nos concederá calma celestial! ¡Si estamos encarcelados en el mundo material, nuestro espíritu podrá ascender a los Cielos, y seremos verdaderamente libres! – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 146.

 

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