Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Es la guerra inevitable, ya que ha existido desde siempre? ¿Es parte de la naturaleza humana? Los escritos bahá’ís dicen que no, y que la igualdad de género abolirá la guerra para siempre.

Los escritos bahá’ís reconocen que la guerra es parte de nuestra naturaleza humana – pero es parte de nuestra naturaleza humana inferior. El libro “La promulgación de la paz universal“, escrito por Abdu’l-Bahá, hijo de Bahá’u’lláh, fundador y profeta de la fe bahá’í, describe cómo el dar rienda suelta a nuestra naturaleza inferior ha perjudicado al mundo: “Durante miles de años los hombres y las naciones han ido al campo de la batalla para arreglar sus diferencias; las causas de ello han sido la ignorancia y la degradación”.

Abdu’l-Bahá explicó que nuestra naturaleza superior posee el poder de conquistar a nuestra naturaleza inferior, y acabar con la guerra para siempre. Él escribió que “En este siglo radiante las mentes se han desarrollado, las precepciones se han vuelto más agudas, los ojos están iluminados y los oídos atentos. Por tanto, será imposible que la guerra continúe”.

La tragedia que trae consigo la guerra está ligada a muchos otros problemas existentes, como la corrupción, los prejuicios, la desigualdad económica y el sexismo. La solución está naturalmente ligada a la resolución de esos problemas. Los escritos bahá’ís proponen que a medida que erradiquemos el sexismo y las mujeres asuman papeles prominentes en las estructuras de la sociedad, la guerra decrecerá. Abdu’l-Bahá escribió:

“La igualdad entre el hombre y la mujer conduce a la abolición de la guerra debido a que la mujer jamás estará dispuesta a aprobarla. Las madres no entregarán a sus hijos como sacrifico en los campos de batalla después de veinte años de ansiedad y amorosa devoción para criarlos desde la infancia, no importa qué causa estén llamados a defender. No cabe duda de que cuando la mujer obtenga la igualdad de derechos, la guerra entre la humanidad cesará por completo”.

Uno podría leer este pasaje y pensar, si las mujeres y los hombres son iguales, entonces ¿por qué este pasaje afirma que las mujeres gobernarían de forma diferente? Uno podría percibir que esto insinúa que las mujeres son emocionalmente más débiles que los hombres.

Pero cuando leo este pasaje, lo veo como un tributo a la fuerza, la sabiduría y la sensatez que la feminidad puede aportar. Por supuesto, todas las mujeres tienen sus propias cualidades diferentes y únicas, pero las mujeres han sido históricamente apartadas de las instituciones sociales importantes porque eran valoradas únicamente por su capacidad de criar hijos. Las empresarias, políticas y científicas exitosas tienen que luchar constantemente por su derecho a equilibrar el trabajo y la vida familiar. A menudo se cuestiona su capacidad de tener éxito en su carrera y ser madre, algo que los hombres de éxito que también son padres rara vez experimentan.

Los escritos bahá’ís incentivan a hacer más espacio para las mujeres en posiciones de poder. Necesitamos que las personas en nuestras instituciones valoren la vida humana ya que ellos toman decisiones que nos afectan a todos. Que las decisiones políticas se vean afectadas por el amor puede ser percibido como una debilidad emocional hoy en día, pero este equilibrio es en realidad una ventaja.

¿Qué sucede cuando se ignora este equilibrio? Solo basta mirar nuestras circunstancias actuales y los siglos de guerra para ver el sufrimiento que eso crea.

Además de los cambios estructurales que deben ocurrir, el empoderamiento y la educación adecuada deben extenderse a todos, independientemente del género. Los escritos bahá’ís dicen que podemos construir este equilibrio animando a las niñas, creyendo en su capacidad, compensando el desaliento que han sufrido. Abdu’l-Bahá escribió que “debemos declarar que su capacidad es igual, incluso mayor que la del hombre. Esto inspirará en ella esperanza y ambición, y sus sensibilidades para el progreso se incrementarán. No se le debe decir ni enseñar que ella es más débil e inferior en capacidad y calificación. Si a un alumno se le dice que su inteligencia es inferior a la de su compañero, ello será un gravísimo impedimento y desventaja para su progreso”.

Una educación que permita la socialización adecuada de todas las personas, independientemente de su género, tiene que abordar la raíz de la desigualdad y demostrar el valor de todas las aptitudes, incluidas las cualidades emocionales y espirituales. Al aprovechar las fortalezas de cada uno, podemos pasar la antorcha a una nueva generación de personas que sean conscientes de los crímenes de las generaciones pasadas y eviten repetir una historia de guerra.

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