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Espiritualidad

La palabra de Dios: para el acuerdo y la concordia

David Langness | Jul 19, 2017

PARTE 1 IN SERIES El poder y la potencia de la palabra

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David Langness | Jul 19, 2017

PARTE 1 IN SERIES El poder y la potencia de la palabra

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El objeto de las enseñanzas que Dios dirige al hombre es que éste se conozca para comprender la grandeza de Dios. La Palabra de Dios es para el acuerdo y la concordia. – ‘Abdu’l-Bahá, ‘Abdu’l-Bahá en Londres, pág. 29.

Lamentablemente, los humanos no siempre hemos utilizado la Palabra de Dios para «acuerdo y concordia», como lo definió ‘Abdu’l-Bahá.

En cambio, a lo largo de la historia los humanos han tomado esa Palabra y tergiversado su significado hasta que pudiéramos usarla para justificar todo tipo de odio y violencia. Este patrón disfuncional ha atormentado a las personas y comunidades religiosas desde hace mucho tiempo, ha dado mala reputación a la propia religión y ha creado un sufrimiento y dolor sin fin:

Los Profetas divinos han revelado y fundado la religión. Han establecido ciertas leyes y principios celestiales para la guía de la humanidad, han enseñado y promulgado el conocimiento de Dios, establecieron ideales éticos dignos de alabanza y han inculcado las más altas normas de virtudes en el mundo humano. Estas enseñanzas celestiales y fundamentos de la realidad gradualmente han sido obnubilados por interpretaciones humanas e imitaciones dogmáticas de creencias ancestrales. Las realidades esenciales que tanto trabajo les ha costado a los Profetas establecer en los corazones y mentes de los hombres mientras soportaban ordalías y sufrían torturas y persecución, en la actualidad casi han desaparecido. Algunos de estos Mensajeros celestiales fueron asesinados, otros encarcelados, todos ellos fueron despreciados y rechazados mientras proclamaban la realidad de la Divinidad. Poco después de Su partida de este mundo, la verdad esencial de Sus enseñanzas se perdió de vista y fue reemplazada por la adherencia a imitaciones dogmáticas.

Puesto que las interpretaciones humanas y las ciegas imitaciones difieren ampliamente, han surgido entre la humanidad la lucha y el desacuerdo religioso, la luz de la verdadera religión ha sido extinguida y destruida la unidad del mundo de la humanidad. Los Profetas de Dios proclamaron el espíritu de unidad y acuerdo. Han sido los Fundadores de la realidad divina. Por lo tanto, si las naciones del mundo desechan las imitaciones e investigan la realidad subyacente en la revelada Palabra de Dios, estarán de acuerdo y se reconciliarán. Porque la realidad es una y no múltiple.

Las naciones y las religiones impregnadas de ciegas y fanáticas imitaciones. Un hombre es judío porque su padre fue judío. El musulmán sigue implícitamente las huellas de sus ancestrales, en creencia y observancia. El budista es fiel a su herencia como budista. Es decir, profesan ciegamente la creencia religiosa sin investigación, haciendo imposible la unidad y el acuerdo. Es evidente, por lo tanto, que esta condición no será remediada sin la reforma del mundo de la religión. En otras palabras, la Realidad fundamental de las religiones divinas debe ser renovada, reformada y nuevamente proclamada a la humanidad – ‘Abdu’l- Bahá, La promulgación de la paz universal, pág. 152.

Ese sabio consejo, creen los bahá’ís, resume nuestra tarea como seres humanos en la era moderna: «investigar la realidad subyacente a la Palabra de Dios revelada». Si queremos reducir y finalmente eliminar el conflicto religioso y la guerra; si queremos detener el terrorismo fundamentalista; si queremos construir un mundo que valore, honre y respete la Palabra de Dios en todas las creencias, tenemos que informarnos sobre esas religiones. En lugar de profesar creencias religiosas, o abstenerse de ellas, «ciegamente y sin investigación», las enseñanzas bahá’ís dicen que nos debemos a nosotros mismos y al mundo en sí tomar decisiones informadas, inteligentes e independientes sobre lo que cada uno realmente cree.

Por supuesto, nadie puede tomar una decisión consciente sin primero informarse.

Eso significa leer la Palabra de Dios, en su forma original, haciendo un esfuerzo sincero y diligente de ir más allá de una interpretación literal y entender sus significados internos.

En su Libro Más Sagrado, Bahá’u’lláh nos pidió: «Recitad los versículos de Dios cada mañana y atardecer». En otras palabras, dos veces al día, podemos leer las Sagradas Escrituras y reflexionar sobre sus significados. Cuando se le preguntó sobre esa guía, respondió:

El propósito es todo cuanto se ha hecho descender desde el Cielo de la Divina Expresión. El primer requisito es el fervor y el amor de las almas santificadas ansiosas por leer la Palabra de Dios. Leer un solo versículo, o incluso una sola palabra, en espíritu de júbilo y alegría, es preferible a la lectura de muchos Libros. – págs. 130-131.

La primera línea – «todo cuanto se ha hecho descender desde el Cielo de la Divina Expresión» – se refiere a las Palabras de Dios de los fundadores de toda Fe. Bahá’u’lláh no separa ni divide las sagradas escrituras de las diversas tradiciones religiosas; en cambio, las unifica y las considera todas como originarias de la misma Fuente. En un contexto bahá’í, los libros sagrados no compiten entre sí, son uno solo. Luego, Bahá’u’lláh nos dice cómo leer la Palabra de Dios: con entusiasmo y amor, «en espíritu de júbilo y alegría». Concluye diciendo que leer un solo verso en espíritu de júbilo y alegría «es preferible a la lectura de muchos Libros».

Con esto en mente, la lectura de la Palabra de Dios no se convierte en una tarea onerosa: se convierte en una empresa entusiasta, iluminadora y alegre, llena de descubrimiento y deleite espiritual:

¡Oh pueblos de la Tierra! Dios, la Verdad Eterna, atestigua que mansas y frescas corrientes de agua han brotado de las rocas por la dulzura de las palabras pronunciadas por vuestro Señor, Aquel a quien Nada Obliga, y a pesar de ello seguís dormidos. Abandonad todo lo que poseéis y, con las alas del desprendimiento, remontaos más allá de todas las cosas creadas. Así os lo ordena el Señor de la creación, el movimiento de Cuya Pluma ha revolucionado el alma de la humanidad. – Bahá’u’lláh, La proclamación de Bahá’u’lláh, pág. 49.

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